A Contrapelo T1x01: El poema de Gilgamesh

gilgamesh y enkidu

Guion del episodio

En el episodio de A Contrapelo de esta semana hablaré del poema de Gilgamesh. Posiblemente, el relato más antiguo del mundo. Analizaré sus orígenes, tanto su creación en tiempos inmemoriales, como su posterior recuperación en el siglo XIX, así como los aspectos que puedan sernos interesantes, para nosotros, lectores y lectoras contemporáneos.

En el segundo segmento del episodio, hablaré de un concepto asociado a esta obra: el monomito. Desarrollado por Joseph Campbell en su ensayo de 1949 “El héroe de las mil caras”, nos ayudará a entender una de las dimensiones del poema.

Y como cierre del podcast, una serie de recomendaciones literarias, en caso de que queráis profundizar en algunas de las ideas expuestas durante el episodio.

Sin más que añadir, este es el primer episodio de A Contrapelo. Y el que habla, Bill Jiménez.

¿Por qué el poema de Gilgamesh?

Antes de ponerme a grabar episodios, hice una lista de posibles obras candidatas a inaugurar el podcast. Salió una lista bastante completa, es lo que tiene trabajar con una tradición de milenios. La cuestión es que, a la hora de decidirme por una de ellas, todas me remitieron a la misma pregunta: ¿Por qué esta obra y no otra?

Finalmente, me decidí por el poema de Gilgamesh. Fue la única que respondió a la pregunta. En parte, porque puede decirse que no existe otra manifestación literaria previa. Al elegir el Gilgamesh, también dejé claro que A Contrapelo es un podcast de literatura, no solo de grandes novelas. Por eso, en próximos capítulos, pueden caer otros poemas, obras teatrales y alguna que otra pieza experimental, que también las ha habido claves en la historia de las letras.

La cuestión es que el Gilgamesh es la primera obra literaria escrita. En escritura cuneiforme, para ser más exacto. Pero incluso teniendo claro que protagonizaría el primer episodio de A Contrapelo, el poema de Gilgamesh también me dio guerra en el acercamiento. ¿Por dónde empiezo? No existe una casilla de salida evidente en esta historia. Sí, claro que la hay, está el momento en que se decidió poner por escrito el poema oral, pero llama la atención que, hasta nuestra recepción, trascurrieran varios milenios, ya que hasta el siglo XIX no tuvimos noticias de la composición.

Por eso, y aun a riesgo de confundir a una parte de los oyentes, empezaré por cómo ha llegado hasta nuestros días. El episodio comenzará por 1845, en el momento en que el explorador británico Austen Henry Layard descubrió los restos de la ciudad de Nínive. La encontró en las proximidades de Mosul, en Irak, siendo el descubrimiento uno de los más importantes de la arqueología del siglo XIX.

Layard recuperó muchas maravillas. Todas ellas para el Imperio Británico. Entre ellas, una buena parte de las tablillas de la biblioteca de Nínive. Hacen 25.000 tablillas, documentos entre los que se encontraba el poema de Gilgamesh.

No fue un descubrimiento inmediato. Las tablillas necesitaron traducción y ordenación, aunque de esta parte hablaré más adelante porque el descubrimiento fue importante, pero también lo es la forma en que lo hemos recibido. Puede decirse que aún la estamos recibiendo, porque hace relativamente poco se descubrió un nuevo fragmento que ofrece más información sobre uno de los personajes de la obra.

La cuestión es que, como os decía, el poema de Gilgamesh es el relato más antiguo del mundo. No existe discusión. Tampoco vayamos a confundirlo con otras manifestaciones escritas, ya que de la época también conservamos documentos administrativos en escritura cuneiforme y numerosa correspondencia.

Pues eso, que el poema de Gilgamesh nació en Mesopotamia, en una de las cunas de la civilización, y su riqueza no solo estriba en la energía con la que expone su argumento. También vale la pena destacar la simbología tras la obra. Multitud de significados que, a día de hoy, siguen vigentes en nuestra cultura, en la mayoría de casos, sin que nos demos cuenta.

Reconstrucción ‘work in progress’

El poema de GILGAMESH narra las aventuras de un rey guerrero de la ciudad de Uruk, en el antiguo territorio de Sumer. Por aquel entonces, Uruk era la ciudad más poblada de la región y se estima que Gilgamesh gobernó en la zona hacia el siglo 27 aC. Casi nada. Desde entonces, aquellos que estudian su leyenda se debaten entre si realmente fue una figura histórica o el producto de una tradición oral. No es la primera vez que ocurre. Pasó con los patriarcas bíblicos y en casos que nos quedan relativamente más cerca como el del Rey Arturo. En cualquier caso, esta cuestión no influye a la hora de disfrutar la obra como pieza literaria.

Puede decirse que la reconstrucción del GILGAMESH es un work in progress. Las tablillas con fragmentos del poema han seguido apareciendo hasta hace poco. Creo que fue en 2015 cuando apareció la última. Contenía veinte líneas más. Aunque parezcan pocas, amplían uno de los pasajes del poema, en concreto, el episodio en el bosque de los Cedros, donde Gilgamesh y su compañero Enkidu combaten al monstruo Humbaba. Esas líneas añaden matices al comportamiento del monstruo, llegando incluso a humanizarlo, por lo que todo el pasaje podría entenderse, más que de forma distinta, de una forma más amplia.

Que aparezcan nuevas tablillas tiene un punto curioso aunque cuenta con todo el sentido del mundo. La arcilla es un material que soporta mejor las inclemencias del tiempo. Sin duda más que el papel, o el papiro o las pieles de animales. De ahí que, por ejemplo, dispongamos de más escritos sumerios que griegos, y eso que existe una importante diferencia de siglos entre ambas civilizaciones.

La importancia de Asurbanipal

Como os decía, el poema de Gilgamesh nace dentro de una tradición oral, al igual que la Ilíada y las narraciones bíblicas, y tendrán que pasar unos cuantos siglos, muchos siglos, la verdad, antes de que las narraciones del héroe sumerio se pongan por escrito. Ocurre durante el reinado del rey Asurbanipal, el último gran rey de Asiria. La traducción se realizaría en la biblioteca de Nínive, la que, posteriormente, desenterró Layard en el 19.

De este esfuerzo profesional saldrían los cinco relatos que componen la historia que conocemos. Y si hablo de un esfuerzo profesional es porque en los tiempos de Asurbanipal eran conscientes de que la narración oral perdía eficacia con el paso de los siglos. Fueron él y sus escribanos quienes fijaron el poema antes de que el boca oreja lo desvirtuara o, directamente, la narración cayera en el olvido. Asurbanipal fue un rey comprometido con las letras. Es conocido por ser uno de los pocos reyes de la antigüedad que sabía leer y escribir.

Como decía, el poema de Gilgamesh está compuesto de cinco partes. No es una narración completa con su inicio, nudo y desenlace, más bien cinco narraciones cortas. Y tampoco podría decirse que sea un poema. Solemos interpretarlo como tal por su estructura, no por la fonética, ya que la desconocemos.

Resumen de la obra (contiene spoilers)

En cuanto al argumento del poema, como os podéis imaginar, gira en torno a la figura de Gilgamesh. A diferencia de héroes posteriores, en especial los épicos, con sus altos valores y sus dramas personales, Gilgamesh comienza la narración siendo, desde nuestros actual punto de vista, un completo cretino. Esto es discutible, claro, pero para que os hagáis una idea, os explico: Como rey hace y deshace a su antojo, en especial con la población femenina, a la que trae loca. Gilgamesh es uno de esos regentes que se sobrepasa con sus súbditas, ni maridos ni familias pueden oponerse a sus apetitos. Si además tenemos en cuenta que es un tío lleno de energía, casi inagotable, fuente de un origen semidivino, os podéis imaginar cómo estaban los ánimos en Uruk. En pocas palabras, hasta el gorro.

A su manera, los dioses también le pillan ojeriza al bueno de Gilgamesh. Alguien tiene que poner orden en este desequilibrio, así que crean para Gilgamesh un adversario que esté a su altura. Aquí nace Enkidu, coprotagonista de la obra.

Enkidu es opuesto a Gilgamesh en todos los sentidos. Es un tipo rural, más emparentado con las bestias que con las personas. Tiene el cuerpo cubierto de bello y corretea por las llanuras melena al aire, haciendo buenas migas con los animales salvajes. Y como suele ocurrir, nunca llueve a gusto de todos. Los cazadores no tardan en quejarse de que Enkidu les chafa la caza, que desbarata sus trampas y todo eso. También hay que tomar medidas con él.

La figura que encarrilará a Enkidu es una mujer. Su nombre es Shamhat y u oficio es el de prostituta. Algunos dicen que sagrada, concepto que no casa con nuestros cerebros modernos. Y, al parecer, tampoco para los antiguos, ya que existen teorías que defienden la prostitución sagrada y otras tantas que niegan que haya existido una profesión semejante. Los defensores dicen que la prostitución sagrada tuvo un punto institucional. Solían ser prácticas remuneradas (o no), que estaban relacionadas con diferentes ritos de fertilidad. Existen registros en el entorno fenicio y babilónico, también en Mesoamérica y Sudamérica, incluso en Japón. Los detractores de esta teoría aseguran que jamás existió en el mundo antiguo, que es una invención de historiadores como Heródoto a la que los antropólogos del siglo XIX dieron excesivo crédito.

La cuestión es que Shamhat yació con Enkidu y, tras una semana de dale que te pego, el salvajismo de él se apaciguó. Incluso sus prioridades cambiaron, ya que de corretear por los campos con las bestias, se interesó en formalizar la relación con Shamhat. Donde si no, en Uruk.

Enkidu, nada más poner un pie en Uruk, entiende que su destino es plantarle cara a Gilgamesh o aplicará sus derechos reales sobre Shamhat, así que el primer encuentro entre ellos acaba como el rosario de la aurora, en una brutal pelea entre machos alfa. Al finalizar la lucha, si bien se confirma que Gilgamesh es superior a Enkidu, por poco, pero superior, el regente se queda más tranquilo y concentrará sus energías en menesteres más heroicos. Además, tras el choque de titanes, surgirá una fuerte amistad entre ellos. Una amistad pura y sensible, como la de dos chiquillos. En algunos pasajes hasta van de la mano.

En este punto, diré que los spoilers son necesarios para entender alguno de los puntos que quiero tratar.

Gilgamesh y Enkidu, aparte de hacerse amigos, se plantearán nuevas metas. No es que estén de acuerdo al 100%, porque Enkidu es el más prudente de los dos, pero cree tanto a su colega que por él se meterá en auténticos líos.

El primero de ellos es enfrentarse a Humbaba, el guardián del bosque de los Cedros, cuya función es proteger este bosquecillo de la presencia humana. Humbaba es una bestia parda, con el que hay que ir con mucho cuidado, aunque a Gilgamesh todo esto le da un poco igual porque está algo subidito y el cuerpo le pide desafíos.

Humbaba caerá ante la pareja de héroes tras una batalla épica. Pero la aventura les saldrá cara, porque pondrá a Gilgamesh en el punto de mira de la diosa Ishtar, que tratará de seducirlo sin éxito. Es más, el pique de esta será tan grande que pedirá ayuda a sus compañeros divinos para que le lean la cartilla al héroe.

Esto derivará en la segunda heroicidad de Gilgamesh y Enkidu. Ishtar recurrirá al toro celeste para castigar a los héroes, una bestia aún más parda si cabe que Humbaba, pero no por ello menos inmune al equipazo que forman Gilgamesh y Enkidu.

A partir de esta segunda victoria, se masca la tragedia, en parte porque los dioses se toman a mal las sucesivas victorias de Gilgamesh. En consecuencia: Enkidu enferma por designio divino y se precipita lentamente en el Inframundo; Gilgamesh quedará dolido al ver a su amigo en tal estado, pero no por ello perderá la iniciativa.

Aquí entra en juego uno de los aspectos que llamaron la atención en el siglo XIX, cuando se descubrieron las tablillas con el poema. Si las reminiscencias heroicas que hemos visto hasta el momento no fueran suficientes para detectar similitudes con otras obras, aparecen personajes y lugares comunes, como Utnapishtim, superviviente del Diluvio. El equivalente sumerio al Noé bíblico.

La narración del Diluvio mesopotámico es similar a la que aparece en la Biblia, incluida la salvación de especies animales y la construcción de un barco. Más allá de esta similitud, Utnapishtim aparece en el poema de Gilgamesh como un sabio que conoce el secreto de la inmortalidad, necesaria por otra parte para revivir a Enkidu.

En la búsqueda de Gilgamesh también aparecerán masas acuáticas vinculadas al mundo de los muertos, como la laguna Estigia de la mitología griega, e incluso barqueros que las transitan, al estilo de Caronte.

El mitema

Técnicamente, estos rasgos comunes entre mitologías reciben el nombre de mitemas. Son las porciones más irreducibles de un mito, la constante que se repite en diferentes historias. Mitos como los de Adonis y Osiris, de rasgos comunes, invitan a pensar que las fuentes de ambos son las mismas.

Los mitemas suelen relacionarse con otros para construir narraciones complejas, como pasados míticos, leyendas y cualquiera de las ficciones que disfrutamos en la actualidad.

Más adelante volveré a ellos. Por el momento, lo importante es el hecho de que los mitemas desvelan un marco cronológico internacional. También que Mesopotamia y el mundo grecolatino estaban más conectados de lo que imaginamos. Por ejemplo, a nivel arqueológico, se ha descubierto correspondencia entre naciones. Los temas de estos envíos son diversos, ya sean administrativos, comerciales o declaraciones de guerra.

Estos descubrimientos resultan interesantes por muchas cosas, pero me quedaré con la idea de que los pueblos de la antigüedad no eran islas separadas por grandes distancias y las relaciones entre ellos eran constantes.

Valores del poema de Gilgamesh

Así, una vez repasados el argumento y sus principales personajes, ¿en qué nos puede beneficiar la lectura del poema de GILGAMESH? Entiendo que nuestro paladar, acostumbrado a novelas contemporáneas y best-sellers, puede encontrar poco gustosos los versos de este poema.

Pues nos puede beneficiar en muchos aspectos, más allá de los estéticos. El poema en sí es una lectura agradable, no especialmente extensa y con sus buenas dosis de emoción, ya no solo en la parte en que los protas se enfrentan a los monstruos. El segmento sentimental es también importante, desde la transición que hace Gilgamesh de líder despótico a héroe a la amistad sincera que compartirá con Enkidu. No nos olvidemos de la búsqueda de la inmortalidad, la trascendencia tras la muerte, que flota por la obra como tema principal.

Si qué es cierto que, depende de la edición, el poema se deja leer con mayor o menor dificultad. Algunas de las versiones, divididas en versos, resaltan las lagunas presentes en el poema; otras, para facilitar la lectura, ofrecen el relato en prosa, como también se acostumbra a hacer con la épica homérica y narraciones de la época. En cualquier caso, mi consejo es que adquiráis ediciones con introducción, ya que os facilitará la inmersión en la obra. Penguin tiene una que está bastante bien y que compensa la escasez de ensayos específicos sobre el tema.

Pero volviendo a los atractivos de Gilgamesh, para empezar, partamos de su título original: “El que ha visto lo profundo”.

Al ser una obra que arrastra una sabiduría de siglos, el poema de Gilgamesh trabaja con diversas “profundidades”. Así, vemos que podemos entrar en la obra desde una perspectiva simbólica, psicológica o sociológica. Esta última se hace evidente en las diferencias entre Enkidu y Gilgamesh. Uno representa a la naturaleza y el otro a la ciudad. El progreso viene en el momento en que ambas colaboran.

En general, la obra trabaja mucho por la unión y la posterior desunión de un todo social. Al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia humana, el poema avanza los conflictos de la ciudad con sus líderes. Aprovechando nuestra problemática del cambio climático, en Gilgamesh también advertimos cierta consciencia de lo importante que resulta congraciarse con la naturaleza, ya que la ruptura de este “orden” trae desgracia y lágrimas.

Además de la carga sociológica, también podemos explorar la psicológica, trasladando esa totalidad a nuestra psique. Gilgamesh es potencialidad, es altamente productivo, infatigable, siempre con los ojos puestos en una nueva meta; Enkidu, en cambio, es cauto, se aferra a lo que funciona desde que el mundo es mundo. Ambos héroes trabajan como hemisferios de un mismo cerebro.

El poema de Gilgamesh es, además de una de las narraciones más antiguas de la humanidad, una de las primeras ocasiones en las que nos preguntamos sobre el sentido de la vida, la necesidad de la muerte y la búsqueda de la trascendencia. Estos tres ejes acompañan a Gilgamesh en su cruzada que, quieras que no, también es la nuestra.

El monomito de Joseph Campbell

En este segundo segmento del episodio de hoy, quisiera profundizar sobre un término relacionado con los mitemas que os mencioné antes. En el poema de Gilgameh aparece un concepto que surge de la mitología comparada. Recibe el nombre de monomito o en su acepción más conocida: “el viaje del héroe”.

El viaje del héroe funciona como modelo narrativo básico. En el poema de Gilgamesh su presencia es marcada y, a partir de él, será una constante en la mayoría de narraciones épicas posteriores. No solo en tiempos antiguos, también en la actualidad. 

Aunque el concepto proviene de James Joyce, será el antropólogo y mitólogo Joseph Campbell quien se encargue de divulgarlo y convertirlo en el patrón que rige buena parte de nuestras historias.

Campbell identificó una serie de fases en diferentes mitos. Podían cumplirse con mayor o menor exactitud, pero siempre estaban ahí. En la mitología, se manifestaban en los periplos de los héroes, así como en las pruebas a las que son sometidos por el camino y los personajes con los que se cruzan.

El héroe se hace fuerte al superar todos estos obstáculos. Encarrila su destino por el mundo de lo extraordinario e incluso se puede permitir un retorno a casa con la lección aprendida. Las aventuras y desventuras de personajes mitológicos como Teseo u Odiseo son ejemplos de monomitos, aunque en ocasiones el monomito se manifiesta a un nivel tan simbólico que no hacen falta viajes reales para apreciar sus efectos.

A veces, el viaje es interior, y puede representar a bloqueos mentales o aprendizajes por completar, aspectos de nuestra vida que nos retienen en lo cotidiano cuando nuestra intención es pasar a otro nivel. De superar los obstáculos, entramos en el terreno de lo que Campbell llamaba “lo extraordinario”, que resulta ser un mundo nuevo lleno de posibilidades.

El monomito, por su condición de patrón minimalista, está emparentado con los arquetipos junguianos. Estos arquetipos son también patrones recurrentes, también están presentes en la mayoría de culturas y las ideas que simbolizan pueden identificarse fácilmente en nuestras relaciones sociales. Figuras como la de la madre, el padre, el héroe, la sombra… forman parte de la familia de arquetipos que conectan con nuestra personalidad.

Aun así, el monomito también cuenta con varias facetas criticables, ya que, para empezar, a Campbell se le achacó la acentuada perspectiva masculina de su teoría.

Es cierto que vivimos desde hace siglos, o más bien milenios, en una sociedad heteropatriarcal, así que cuesta encontrar ejemplos de heroínas cuyos periplos se ciñan al monomito. Aunque, hecha la ley, hecha la trampa, ya que si las heroínas escasean es porque existe un interés en relegarlas a papeles secundarios.

La literatura ha tratado este tema en ocasiones. Me refiero al hecho de dar voz a los grupos silenciados. Ahora mismo recuerdo el ejemplo de “Circe”, la novela de Madeline Miller que narra la vida de la hechicera que sedujo a Odiseo. Esta novela es un buen ejemplo de este cambio de ángulo.

Otra de las críticas a Campbell surge  de lo bien que le sienta al monomito las tradiciones grecolatinas y judeocristianas. Digamos que tiene un olorcillo a eurocentrismo.

En cualquier caso, las teorías de Campbell fueron lo bastante sólidas como para popularizarse. Se convirtieron en un fenómeno para industrias como la cinematográfica, aunque podría extenderse al entretenimiento en sí, ya que los videojuegos también han abusado de este concepto.

Pero si insisto en Hollywood es porque su caso es flagrante, ya que no dudaron en sistematizar el monomito en beneficio de la producción de guiones.

Os explico: durante décadas, Hollywood ha generado películas y más películas con el viaje del héroe como estructura. En el fondo, un gesto que sorprende poco, ya que vivimos en una sociedad capitalista, que para bien o para mal, esto es subjetivo, en ella domina la producción por encima de los valores artísticos.

La cuestión es que, si antaño el monomito era un patrón oculto en nuestras narraciones, capaz por sí mismo de hermanar culturas, ahora industrias como la cinematográfica y la literaria lo han convertido en una máquina de hacer dinero. El caso más fresco es la saga Star Wars, que bebió de la idea en un comienzo y que sigue trabajándola aunque los fans hayan dejado claro que ciertas tramas han sido superadas.

Lecturas relacionadas

En este segmento final de A Contrapelo, me gustaría recomendaros algunos libros relacionados con el tema del episodio:

De las ediciones de Gilgamesh disponibles en el mercado, todas tienen algo que destacar. Como os decía respecto a la edición de Penguin, algunas son más fieles a los materiales originales (Mejor dicho, a las traducciones originales), mientras que otras son más prosaicas, como la de Stephen Mitchell. Más allá del poema, os recomiendo cualquier libro sobre el periodo histórico. Entre ellos, un volumen de Trotta titulado Gilgames, Rey de Uruk, de Joaquín Sanmartín, que incluye numerosos materiales relacionados con la epopeya.

Sobre el monomito, os remitiré directamente a la famosa obra de Joseph Campbell El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. Editado por el Fondo de Cultura Económica. Es fácil de encontrar. En cuanto al resto de la producción de Campbell, la editorial Atalanta ha reeditado hace relativamente poco la gran mayoría de sus ensayos. Abunda en ellos la mitología comparada, aunque en ocasiones peca de un exceso de lírica y de una falta de exhaustividad en las fuentes. A mi parecer, Campbell tuvo más de divulgador que de académico.

Otro ensayo importante dentro de la bibliografía de este mitólogo es El poder del mito. Podéis haceros con un ejemplar o buscar en YouTube el documental en el que está basado. Consiste en seis conversaciones entre Campbell y el periodista Bill Moyers. En ellas se confirma la alianza de la mitología con la cultura de masas. Muy recomendable, la verdad.

Sobre Carl Gustav Jung y sus arquetipos no pienso extenderme. La psicología no es el terreno de este podcast aunque de tanto en tanto haya que recurrir a ella para explicar ciertos fenómenos. Eso sí, recomendaré Arquetipos e inconsciente colectivos, el libro editado por Paidós que desarrolla buena parte de sus teorías.

Cierre

Y así, sin más, finaliza el primer episodio de A Contrapelo. En la próxima entrega saltaremos al siglo XVIII, a los tiempos de la Ilustración. Lo haremos con un cuento filosófico tan cargado de humor como de crítica hacia la sociedad de su momento. ¿Sabéis de qué obra hablo?

Ah, y una cosita más. Ya sé que es demasiado pronto, pero podéis dejarme comentarios sobre el podcast. La mayoría de las plataformas desde la que se puede escuchar “A contrapelo” disponen de estrellitas y otros sistemas de review. El resto de comentarios me los podéis hacer llegar al Twitter @billjimenez