A Contrapelo T1x05: Ilíada y Odisea de Homero

En el episodio de esta semana de A Contrapelo echamos la vista atrás. Muy atrás. Milenios atrás. En concreto, hasta una etapa remota y escasamente documentada de la cultura griega. Allí nos espera la figura mítica de Homero. Autor de dos poemas fundamentales, y fundacionales, dentro de la cultura grecolatina, hablaré largo y tendido sobre las polémicas en torno a su origen, así como las características de las principales obras que se le atribuyen: la Ilíada y la Odisea. Obras con similitudes y diferencias notables, así como el encanto de las primeras producciones literarias de la humanidad.

Bienvenidos y bienvenidas pues al quinto episodio de A Contrapelo, un podcast creado y narrado por el que os habla, Bill Jiménez.


Me quise resistir pero no pude. No he tardado en hablar de Homero. Y por partida doble, ya que no quiero hacer excesivas distinciones entre la Odisea y la Ilíada. Pero era normal. Estamos en un podcast de clásicos literarios y qué más clásico que Homero, cuyos personajes conocen hasta las personas que ni se interesan por la literatura. Homero es universal, si bien es más universal para la tradición grecolatina que para las literaturas de Oriente y África.

Decía que no haré distinción entre la Ilíada y la Odisea aunque ambas obras presenten notables diferencias. En esencia, el episodio trabajará con lo que simboliza el autor y sus poemas. También trataré de dar explicación a la pregunta de por qué su trabajo nunca caduca, por qué sus poemas siguen reeditándose o adaptándose en formatos tan diferentes como el cine, el cómic o los videojuegos.

Pero, antes de entrar en esas cuestiones, primero hay que preguntarse quién es Homero.

¿Quién es Homero?

De Homero se conservan siete vidas o biografías. Posiblemente, todas son legendarias, diferentes en contenido y escritas en distintas épocas. Entre las que más peso tienen se encuentra la teoría de que fue un aedo nacido en Quíos. El rasgo más llamativo y recurrente es su ceguera.

Sea cual sea su origen, Homero es el mayor exponente de una poesía con siglos de evolución. No es una poesía que el propio Homero inventara. Recoge acontecimientos supuestamente ocurridos 12 o más generaciones atrás, cuando Micenas, Tirinto y otras ciudades del pasado griego eran centros de poder. De esta época también datan los saqueos de Troya y Tebas.

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La apoteosis de Homero, por Jean-Auguste-Dominique Ingres (1827)

Esta edad heroica contiene un importante núcleo de realidad histórica. La arqueología ha demostrado la riqueza de este periodo, con la posibilidad de que Troya, o al menos una de sus encarnaciones, fuera arrasada en el siglo 13 a. C. En cualquier caso, que exista una base histórica no justifica la existencia de héroes como Héctor o Aquiles. Digamos que hay mucha distorsión en los materiales, así como transferencia de motivos, es decir, lo que vale para el héroe de una narración también es bueno para magnificar las aventuras de otro. También encontramos un fuerte hiperbolismo, que vendría a ser una estrategia que consiste en aumentar o disminuir lo que se dice, principalmente las descripciones, tal y como funcionan las hipérboles. El hiperbolismo es un recurso con una larga tradición. Ahora mismo recuerdo el Cantar de Roldán, donde el héroe franco abate a sus enemigos tan fácilmente como el que corta una maleza. El propio Quijote contiene episodios en los que sus protagonistas trasgreden las leyes físicas como si tal cosa.

¿Y cuál sería esa base histórica? Pues, principalmente, los datos geográficos y políticos y, sobre todo, las descripciones de armas y otros artilugios. Es curiosa la presencia de armas de bronce en la poesía homérica, cuando los griegos del siglo XI empleaban el hierro. Lo mismo ocurre con algunos términos que Homero utiliza. Suenan arcaicos, poco frecuentes. De ahí que veamos a Homero como un representante tardío de una tradición más larga, algo así como si en nuestros tiempos volvieran a ponerse de moda las películas mudas y en blanco y negro. Se arriesgarían a cierto anacronismo.

Aun así, aunque fuera de los últimos en llegar, su poesía descubre a un artista con un conocimiento profundo y poco habitual de la naturaleza humana.

Sobre los aedos y los rapsodas

Como os decía, Homero fue un aedo. La palabra viene del sustantivo “aoidós”, cantor, que a su vez viene del verbo “aeidoo”, cantar. Los aedos, en la Antigua Grecia, eran artistas que cantaban epopeyas acompañándose de un instrumento musical. El phorminx.

Al phorminx también lo conocemos por forminge o lira homérica. Fue uno de los instrumentos musicales de cuerda más antiguos de la Grecia Antigua. Estaba a medio camino de la lira y la cítara. Estaba formado por un número de cuerdas entre dos y siete, unos brazos ricamente adornados y una caja de resonancia en forma de medialuna. Se especula sobre su origen, que podría estar en Mesopotamia.

Y volviendo a los aedos, os explicaré las diferencias respecto a los rapsodas, un término que seguramente habéis escuchado más. Pues eso, que se distinguían de los rapsodas por tres cosas: una, los rapsodas son más tardíos; dos, los aedos componían sus propios poemas; y tres, los rapsodas no tañen la cítara ni ningún otro instrumento de cuerda. En su lugar, sostienen un bastón en la mano con el que marcan el ritmo del poema. Tampoco recitan cantando. Su estilo es más parecido a levantar la voz a intervalos.

También se dice de los aedos que eran profesionales que iban de pueblo en pueblo ofreciendo su arte. Su público principal fueron las familias pudientes del momento, de ahí que los protagonistas de sus obras sean nobles y caudillos militares. Los aedos querían y sabían contentar a su público.

Tanto en la Ilíada como en la Odisea, advertimos trazas de ese mundo. Por ejemplo, en la Odisea, durante la estancia de Odiseo entre los feacios, se realiza un banquete para agasajarlo. Interviene el aedo Demódoco, que ameniza la velada con un canto sobre la guerra de Troya. De estos fragmentos extraemos el modus operandi del aedo, que consistía en cantar ante una asamblea de aristócratas reunidos en un banquete. El aedo escogía el canto entre una serie de temas conocidos. Elegía un episodio concreto, aunque estaba abierto a las peticiones del público. En ocasiones, se incluían proemios, que eran cantos cortos que servían de preludio a la epopeya principal.

Características de la poesía homérica

A nivel técnico, la poesía homérica presenta unas características muy concretas. Emplea el hexámetro dactílico. No utiliza estrofas, así que el verso se repite sin pausas hasta la finalización del canto. Este verso también recibe el nombre de verso épico. El hexámetro dactílico es un tipo de verso que consta de seis pies, cinco dáctilos más un espondeo o troqueo. No entraré en detalles de cada verso, solo apuntaré que el dáctilo es una forma métrica compuesta por una sílaba larga seguida por dos breves.

Esta técnica, el verso épico, se repetirá tanto en la Ilíada como en la Odisea. Las diferencias entre ambas radicarán en los contenidos y la forma de exponerlos.

La poesía de tradición oral griega destaca porque utiliza un repertorio amplio de epítetos y fórmulas prestablecidas. Aunque el cantor crea su poema con un elevado componente de improvisación, nunca se basa en un texto fijo que se haya aprendido de memoria. Su repertorio viene de otros aedos, donde encontramos escenas que se repiten. “La revisión de las tropas”, “los honores hacia el héroe”, “la despedida del héroe antes del combate” son algunos ejemplos de este repertorio. El aedo los irá introduciendo en su narración, a voluntad, según sus predilecciones y la del público. Estos segmentos son comodines que mantienen la narración viva. Otra cosa buena que tienen es que, al poderse combinar de distintas formas, nunca salen dos actuaciones iguales.

Estas fórmulas y repeticiones a conveniencia suelen llamar la atención cuando lees por primera vez a Homero. Te preguntas por qué acompaña a Aquiles la frase “el de los pies ligeros”, idéntica o con pequeñas variaciones, una y otra vez. Lo mismo ocurre con otros personajes, desde dioses a héroes. La respuesta se encuentra en la propia oralidad de la obra. En los cantos aparecen numerosos personajes. Por suerte, como muchos de ellos pertenecen al mito, son de sobras conocidos por la audiencia. Pero el canto dura un buen rato y seguir el hilo tampoco es sencillo cuando la trama se complica, así que, con tales referencias, el aedo recupera constantemente la atención de su público.

Podréis pensar que estos segmentos interrumpen la acción, en especial, cuando el incidente que narran tiene nulo dramatismo. En Homero aparecen menciones a la aurora, las comidas, actividades del pueblo, etc. Como veis, temas anodinos dentro de una narración bélica. Pues aunque parezca lo contrario, no la interrumpen para mal. Más bien la regularizan, conceden a aedo y público la posibilidad de recapitular y reorganizar la información que disponen sin que, por así decirlo, les corten el rollo.

El ciclo troyano

En este punto, le dedicaré unos minutos al argumento de cada obra. Tengo sentimientos encontrados al respecto, ya que, el que más o el que menos, ha estado en contacto con ambas. Así que procuraré ir al grano.

La Ilíada narra el asedio de la ciudad de Troya a cargo de una confederación de pueblos griegos. El poema en sí narra las disensiones entre Agamenón, líder de este grupo, y Aquiles, su mayor héroe, de origen semidivino.

Por su parte, la Odisea narra acontecimientos posteriores a la caída de Troya. El protagonista es Odiseo, uno de los líderes vencedores. De vuelta a Ítaca, su hogar, incurre en la ira de Poseidón tras dar muerte al cíclope Polifemo, hijo del dios. A partir de ahí, vivirá numerosas aventuras (físicas y románticas) hasta llegar a casa y aniquilar a los pretendientes de su mujer, interesados en ocupar su lugar.

Como veis, existen llamativas diferencias de argumento entre ambas. Aunque estén conectadas y todo apunte a que son obra de la misma persona, también se ha discutido mucho la posibilidad de una autoría múltiple. Antes de hablaros de esta polémica, que trae cola y parece que nunca llegará a una conclusión definitiva, repasaré algunas de las similitudes y diferencias entre Odisea e Ilíada.

Para empezar, hay que reconocer que la Ilíada es la obra más grande de la poesía épica. Aunque esté ambientada en un fondo épico que ya da suficiente cancha a las batallas y las aventuras, también presenta una llamativa conmiseración hacia la guerra. Si bien trabaja por el patriotismo griego, Homero se pone de parte de aquellos predestinados fatalmente por el destino, sin importarle el bando en el que estos formen. Todos sufren, todos ansían la gloria, dos rasgos clave en los héroes trágicos. Y hablando de esta gloria, en el segundo segmento del episodio os proporcionaré más detalles al respecto.

Llama la atención que Homero se las apañe bien con tantos personajes. Insisto, hablamos de una narración oral, la memoria es fundamental para que todo el edificio se sostenga. Homero logra que la psicología de sus personajes se mantenga durante versos y que no caigan en excesivas contradicciones

Por otra parte, los escenarios y los acontecimientos también están perfectamente ligados. Homero emplea profecías, debates, y mandatos divinos para conectarlos.

Académicos como Kenneth Dover dicen de la Ilíada que es una obra gramatical y lexicalmente sencilla. Dentro de su contexto, claro está. La sintaxis y el orden de las palabras también, con metáforas escasas y bastante convencionales. Lo que más abunda es el símil prolongado, eso sí, de enorme calidad.

La Odisea, por su parte, es el triunfo de un hombre sobre la adversidad en un mundo gobernado por el folklore. Este hombre podría ser una figura histórica, aunque los acontecimientos que vive pertenecen más al mito que a la realidad. Incluso podríamos cambiar al protagonista por otro y lo que nos cuentan seguiría funcionando. Esta característica es la esencia del cuento popular. Además, si rastreamos las hazañas de Odiseo, descubrimos que algunas de estas vienen del folklore asiático y europeo, incluso no tienen relación con el mar, omnipresente en toda la Odisea.

A su manera, la Odisea es, técnicamente, más ambiciosa que la Ilíada. El texto escrito parece sometido a numerosas revisiones. Emplea la técnica del entrelazado, con una narración en primera persona por parte del propio Odiseo durante su estancia en el reino de los feacios.

Y para concluir, diré de la Odisea que presenta un fuerte interés por la gente sencilla, por sus hábitos y por sus sentimientos. A diferencia de la Ilíada, que gira alrededor de un conflicto de múltiples intereses y sus consecuencias, la Odisea se posiciona en la ancestral lucha entre el bien y el mal. El primero triunfa y el segundo es castigado.

La cuestión homérica

Estas diferencias entre ambas obras, desde las sutiles hasta las significativas, propiciaron la cuestión homérica. Básicamente, la cuestión homérica pasa por atribuir o no la Odisea a Homero. También se habla de múltiples autores, tanto masculinos como femeninos.

Esta duda ya viene de lejos. Los filólogos alejandrinos Jenón y Helánico dieron el pistoletazo de salida a la polémica. Las contradicciones y las diferencias entre ambas obras los convirtieron en los “corizones”, que significa “separadores”, para que veáis lo contracorriente de sus ideas, ya que nadie, por así decirlo, le tosía a Homero. Naturalmente, como buena polémica, salieron en su contra otros filólogos de la época, como Aristarco de Samotracia, Zenódoto de Éfeso y Aristófanes de Bizancio.

El debate no explotó nuevamente hasta el siglo XVIII. Friedrich August Wolff, seguidor de las teorías del abad François Hédelin d’Aubignac y de Giambattista Vico, cuestionó la unidad de los poemas homéricos en su Prolegomena ad Homerum, “Introducción a Homero”, (1795). Aseguró que ambas obras, no solo la Odisea, se habían formado a partir de poemas orales menores, compuestos en épocas diferentes, por distintos rapsodas y aedos y que fueron refundidos en un solo texto alrededor del siglo VI a.C., cuando el tirano Pisístrato designó una comisión de personas instruidas para reunir los poemas de Homero y fijar un texto único definido. Esta teoría se avenía bien con la creencia del Romanticismo en un volkgeist, “genio o espíritu del pueblo”, autor colectivo y anónimo de una poesía nacional. Resulta curioso también que otras obras importantes de la época, pasaran por un proceso parecido, como la compilación de libros del Antiguo Testamento o, como os conté en el primer episodio de A Contrapelo, la reconstrucción del poema de Gilgamesh gracias a Asurbanipal. Una vez más, aparece la necesidad de poner por escrito unas narraciones que la oralidad no puede poner a salvo del tiempo.

La polémica siguió a lo largo del siglo XVIII, XIX y XX. Surgieron dos posturas enfrentadas que aún perduran. Por un lado la de los analistas, que defienden la intervención de varias manos en la elaboración de cada poema homérico. Más o menos lo que aseguraba Wolff. Por el otro, los unitarios, que sostienen que cada uno de los poemas homéricos tiene una concepción global y una inspiración creativa que choca con la idea de múltiples autores.

En cualquier caso, la polémica no descarta que tanto la Ilíada como la Odisea tengan autores distintos. En contra de esta idea está un dato curioso. Los autores de la antigüedad no contemplaban el anonimato. La firma era pues obligatoria. Si la Odisea fue firmada por un Homero podría deberse a intereses narrativos. Así que no es defendible la unidad entre las dos obras. Para empezar, las civilizaciones que describen son distintas, ya sea por condiciones de vida como por concepciones morales. La Ilíada es más fatalista, trabaja sobre el honor de los personajes. En cambio, en la Odisea encontramos libre albedrío y trabajo cotidiano, más propio de los poemas de Hesíodo.

Épica y epopeya

En el segundo segmento de este episodio, analizaré alguno de los conceptos ligados tanto a la Ilíada como a la Odisea.

El primero es un matiz. A lo largo del episodio he hablado de épica. Incluso al hexámetro que emplea Homero se lo conoce por “verso épico”. Pero, ¿qué es la épica? ¿Un tipo de narración bajo unas condiciones técnicas?

En sí, la épica es un género narrativo. En él se presentan hechos legendarios o, directamente, ficticios, que están relacionados con las hazañas de uno o más héroes. Sus actos acostumbran a ser las luchas reales o imaginarias en las que estuvieron envueltos. La Ilíada y la Odisea se ciñen a este modelo.

El único problema que he visto es que mucha gente sigue metiendo en el saco de la épica a la epopeya. Es una palabra relacionada con un significado más amplio. La epopeya es un relato épico o narrativo, que puede estar escrito en prosa o en el mentado verso largo, el hexámetro. Consiste en la narración extensa de momentos trascendentales o dignos de perdurar en el tiempo para una cultura. En ellas, es fundamental la figura del héroe que contenga las virtudes que ese pueblo quiere defender ante el mundo.

El in media res

Matizada esta diferencia, paso al segundo concepto. Es el in media res. Esta locución latina significa “hacia la mitad de las cosas”. En la Ilíada salta a la vista, porque Homero inicia la acción en el noveno año de la guerra entre aqueos y troyanos. Elude los eventos anteriores, y si necesita recuperarlos, lo hará por medio de retrospecciones. Homero considera que el tema candente es el enfrentamiento entre Aquiles y Agamenón. En la Odisea, el efecto sube de nivel, ya que para completar la narración de los viajes de Odiseo, detiene la acción para que él mismo narre sus aventuras, o recurre a su hijo, Telémaco, que sale en su busca. Estas técnicas de entrelazamiento, aun siendo primitivas en comparación con la novela actual, resultan sofisticadas, efectivas y un mérito más para Homero.

Sobre el agón

El tercer concepto no es técnico, pero condiciona la obra. Es el agón, un rasgo muy representativo de la sociedad griega y de su democracia. Significa enfrentamiento, pero no en un sentido 100% físico, más bien en el de la disputa verbal propia de escenarios como el ágora.

Este tipo de combates enfrentaban principalmente a nobles, los “aristoi”, un rango que les viene de nacimiento. Ya por ello se consideraban superiores al griego medio. Pero como dirían, todo poder conlleva una gran responsabilidad. En el caso de los aristoi se les aplicaba el aristeuein, el deber de destacar en sus obligaciones, que pasaban por ser buenos guerreros y también buenos oradores. La clave aquí es conseguir la excelencia, lo que los griegos llamaban “areté”. De obtenerla, sus nombres jamás saldrían de la historia. A su manera, era una forma de inmortalidad.

Homero refleja esta moralidad en sus personajes, en especial, en los protagonistas de la Ilíada. Muchos de ellos mueren por esa excelencia, por mantenerse fieles a unos principios. Podría decirse que la intención de Homero es crítica, aunque por otra parte hay que tener en cuenta que estos aristoi eran, en el fondo, su mejor público.

Bibliografía y recomendaciones

En este tercer segmento de A Contrapelo, trataré de citar a todos los autores que conforman la bibliografía del episodio. La mayoría son eminencias de la filología clásica internacional, nombres que aparecen cada dos por tres cuando indagas en la poesía griega arcaica. Los libros que contienen esta información aún pueden adquirirse de segunda mano o consultarse en bibliotecas, pero la mayoría son ejemplares descatalogados. Entre los nombres a destacar están el ya mencionado Kenneth Dover, Quintino Cataudella, Maurice Bowra, Moses I. Finley y Juan Antonio López Férez. De este último, destacaré su Historia de la literatura griega, un volumen que se acerca a las 1300 páginas. Os imagináis lo exhaustivo que puede llegar a ser. Editado por Cátedra, es lo que diríamos una obra de referencia.

En la bibliografía también incluí a Moses I. Finley. El historiador aporta a esta sección su libro El mundo de Odiseo, que, como el propio autor describe, es “el retrato de una sociedad, fundamentado en la lectura minuciosa de la Ilíada y de la Odisea, apoyado por el estudio de otras sociedades para elucidar ciertos puntos oscuros de los poemas”. Estos puntos oscuros le costaron críticas, pero es un buen acercamiento. Este librillo es más difícil de conseguir. Lo editó en su momento, a comienzos de los sesentas, el Fondo de Cultura Económica.

De título similar, El mundo de Homero, de John Freely, ahonda más en los éxitos arqueológicos para reconstruir el mundo de la Odisea y la Ilíada. El libro funciona a modo de guía de viaje, siempre con un ojo en los versos originales. En este caso, edita Crítica.

Respecto a las ediciones de la Ilíada y la Odisea, no pienso mojarme. Existen tantas que prefiero que cada uno de vosotros decida la que quiere tener en su estantería. Las hay en prosa, al igual que ocurría con el poema de Gilgamesh. No son mis favoritas, pero entiendo que son de gran ayuda para aquellas personas que quieren evitarse una lectura en verso que, en la mayoría de traducciones, y como es comprensible, pierde su musicalidad. Pero la gracia es acercarse a estas obras en un formato lo más parecido al original. Así detectaréis los aspectos técnicos que he comentado en el episodio.

Cierre del episodio

Y aquí termina el quinto episodio de A Contrapelo. Espero que os haya sido de ayuda a la hora de comprender la importancia de la obra de Homero en nuestra cultura. Una influencia que actúa a todos los niveles, desde nuestra concepción del heroísmo a aspectos folklóricos como la expresión “talón de Aquiles”, que muchas veces usamos sin tener en cuenta su origen.

En el próximo episodio, hablaré de otra novela que, a su manera, también narra una aventura. Una aventura tocada por la velocidad, por los excesos, por las drogas. Gracias a ella entendemos mucho mejor un momento dentro de la historia de los Estados Unidos y, sobre todo, comprendemos la explosión de la contracultura en los años sesenta.

Hasta entonces, recordad que podéis dejarme comentarios y consultas en el Twitter @billjimenez. La idea es que, entre todos, A Contrapelo sea un podcast cada día más profesional y ambicioso.

Nos oímos.