A Contrapelo T1x06: En el camino de Jack Kerouac

Para el sexto episodio de A Contrapelo, tenemos una buena dosis de contracultura. La protagonista, una novela de 1957 protagonizada por una generación de jóvenes inquietos, de enorme sensibilidad artística e idénticos excesos. Una novela llamada “En el camino”, escrita por Jack Kerouac y convertida por méritos propios en un puntal de la generación beat. Sin más demora, arrancamos el coche, dejamos que el jazz suene en la radio y comenzamos un viaje de millas y millas a lo largo de los Estados Unidos de América. Al volante, Bill Jiménez, el que os habla.

El manuscrito de Jack Kerouac

“En el camino” o “On the road” en su título original, que a mi parecer, es algo muy distinto, tiene tantos puntos para ser un clásico como para quedarse a medio camino del título. Es canónica por la influencia que tuvo (y tiene) desde su publicación. También por los temas que toca, universales ligados a la cultura estadounidense y a la rebeldía de las generaciones más jóvenes. “En el camino” brilla gracias a su contexto, una América alternativa al discurso general; por su ritmo, emparentado con la música jazz; y por el tratamiento de ciertos temas, las drogas, en especial, que siempre resultan controvertidos.

Sobre este tema, se dice que fue escrita en un flash de inspiración de Kerouac, en tan solo tres semanas, y bajo los efectos de la bezedrina. Es posible, no lo negaré, aunque el campo académico, y el propio Kerouac en entrevistas, desmintió parte de ese mito. Las tres semanas iniciales se convirtieron en varios años de intentos fallidos. Kerouac no daba con la forma de expresar la historia, aunque, eso sí, disponía de valiosas anotaciones en libretas que le acompañaron en todos esos intentos. Jack Kerouac fue un escritor de la vieja escuela, de los que van por la vida con un bloc y anota todo aquello que pueda valerle a su arte. Localizaciones, detalles, descripciones… una barbaridad de información que culminaron en el que sería el borrador definitivo de “En el camino”. En este sentido, Kerouac tiene mucho en común con el concepto de flaneur. El término flaneur viene del francés. Significa paseante, y también callejero. En un sentido artístico, el flaneur es un paseante que vaga sin rumbo definido por la ciudad, eso sí, más que atento a lo que ocurre en ella, y, por lo tanto, muy capacitado para extraer conclusiones de las costumbres y modos de sus vecinos. A su manera, Kerouac se emparenta con autores como Baudelaire y Edgard Allan Poe.

Volviendo al manuscrito, para mayor repercusión, Kerouac empleó un rollo de papel continuo. Mide 120 pies de longitud. En Internet podéis encontrar imágenes de alguna exposición. Es, sin duda, uno de los manuscritos más originales de la historia de la literatura. Al menos la moderna, ya que el gesto de Kerouac recuerda a los pergaminos egipcios y persas. Le da mil vueltas a toda novela que se haya escrito en servilletas.

Un vistazo a “En el camino”

“En el camino” es una novela de ficción autobiográfica. No aspira a convertirse en una reproducción fidedigna de los viajes de Jack Kerouac y sus amigos. Es más, en la mayoría de sus ediciones, ni tan siquiera se puede decir que parta de la experiencia de Kerouac. “En el camino” es una roman è clef, término francés que vendría a significar “novela en clave”. En este tipo de obras, personajes y eventos representan a personas y situaciones reales, más o menos enmascaradas, eso sí. De este modo, los escritores podían ser críticos sin difamar, o realizar sátiras de tercero. El caso de Kerouac es meramente autobiográfico. Además, este estilo narrativo alienta al autor a ser honesto al tiempo que se permite el colorido y la profundidad que concede la ficción.

¿Y qué personas reales esconden los protagonistas de “En el camino”? Principalmente, amigos del propio Kerouac. Y no unos amigos cualquiera. Entre ellos figuran los principales exponentes de la Generación Beat, como Allen Ginsberg, William S. Burroughs, Herbert Huncke o Neal Cassady. Este último, con un peso enorme a lo largo de la obra. Podría decirse que “En el camino”, además de la experiencia de Kerouac, seguimos de cerca las evoluciones de Cassady, que aparece en la obra como Dean Moriarty, el frenético, también inspirado, amigo de Sal Paradise, alter ego de Kerouac. Moriarty es el instigador de muchos de los viajes que se describen en la novela, también y aparece y desaparece de la narración en diferentes ocasiones, así es de volátil su carácter, pero su impronta es constante, tanto entre sus amigos como en aquellos que acaban hartos de su carácter.

Jack Kerouac y Neal Cassady

Decía Kerouac de Cassady que “me enseñó todo lo que ahora creo sobre cualquier cosa que pueda pensarse sobre la divinidad”. Moriarty, el personaje, es una fuente de visión espiritual, y también una inspiración literaria, ya que fue “muso” de varios miembros de la generación beat. Tanto Kerouac como Ginsberg representan a Cassady como un hombre mitológico que ha venido a redimir una cultura americana espiritualmente estancada. En la novela, Moriarty sirve de contrapunto a Sal Paradise. El primero es un hombre de acción, mientras que el otro es el escriba reflexivo. Las idas y venidas de la pareja, sus subidas y bajadas, así como sus interacciones con otros personajes me recuerdan a otra pareja literaria, la que establecieron Dante y Virgilio en su descenso al Infierno. En el caso de “En el camino”, la América que transitan Paradise y Moriarty tiene más de purgatorio, de una tierra de nadie que, a su vez, representa a la esencia de su país.

Aspectos formales de En el camino

Como os decía, “En el camino” es más una obra influyente que una obra maestra. Técnicamente presenta carencias para ganarse el Olimpo. La crítica le achaca que tiene poco o ningún argumento, cosa secundaria, a mi gusto. Pero sí que es cierto que un argumento, el clásico desarrollo, nudo y desenlace, se asocia mucho con la ficción imaginativa, así que algunas personas pueden llegar a cansarse de tanto viaje sin objetivo aparente. También se le ha criticado que la voz autorial, el discurso de Paradise, sea ingenuo. Tiende a celebrar casi todos los acontecimientos y conductas que aparecen en su camino. La prosa tampoco es excelsa, al menos, para una novela que ocupa un lugar tan destacado en las letras estadounidenses.

Eso sí, uno de sus méritos es emplear una prosa espontanea muy digerible, inspirada en el jazz. La prosa de Kerouac es mucho más asequible que los monólogos interiores de autores previos como Joyce y Faulkner.

Entonces, ¿qué factores la hacen tan importante? ¿Por qué no deja de reeditarse? ¿Por qué ejerce una poderosa influencia entre los jóvenes? Quizá porque enfatiza el sentimiento por encima de la racionalidad; celebra la espontaneidad; y siempre gira en torno a una sensación de libertad, ya sea haciendo kilómetros con un coche o bailando desenfrenadamente en una fiesta. Oyendo estas descripciones, podríamos pensar que “En el camino” narra los excesos de un grupo de jóvenes. Podría ser, pero la novela también contiene un fondo de reflexión sobre la espiritualidad y una crítica indirecta a una sociedad capaz de dejar de lado a una buena parte de su población.

La América “triste”

La novela de Kerouac destaca por sus representaciones de bohemios y otras alteridades culturales, pero también hace hueco a la América profunda, una América ignorada durante décadas, la América “triste” que incluye a trabajadores explotados, músicos negros, muchos de ellos drogadictos, vagabundos, criminales de mayor o menor peligrosidad, mujeres poco convencionales, pueblerinos, inmigrantes mexicanos y un sinfín de estratos sociales que nunca aparecen en las imágenes que nos han llegado de la América del momento.

Porque los Estados Unidos de Kerouac son los de la Guerra Fría, las familias ideales con sus casas coloristas, nadando en la abundancia, un bienestar que se vendría abajo en los sesenta con la contracultura. Más tarde dedicaré unos minutos a la cuestión de la familia, en relación con los personajes de “En el camino”.

Kerouac y la generación beat se adelantan a este cambio de paradigma. Sus héroes no son los hombres que salen a trabajar cada mañana en un flamante coche y regresan a la tarde para sentirse arropados por sus esposas, atrapadas en las dinámicas de sus hogares. Los suyos son existencialistas, corriente, la del existencialismo, que entró en los Estados Unidos en los años cincuenta. La vivencia cobra importancia en el imaginario colectivo. Kerouac refleja esa actitud antisistema en las referencias musicales de la novela. La presencia del jazz es indiscutible. También se planteó impregnar tal ritmo de este estilo a su narrativa. Pero el jazz de “En el camino”, no son las composiciones de Glen Miller, lo que podríamos llamar el mainstream. Para Kerouac, el auténtico jazz es el Bop, el género que nos dio a genios como Charlie Parker, el saxofonista de vida turbulenta.

Los Estados Unidos de los cincuenta confrontó a una sociedad que buscaba seguridad y conformidad, una civilización artificiosa, de manifestaciones culturales anodinas que se enfrentaba a los paisajes liminales de los réprobos, las minorías y los artistas fuera de los circuitos comerciales.

La Generación Beat

Ya he mencionado en varias ocasiones la adhesión e importancia de Jack Kerouac para la Generación Beat. Sin duda, una etiqueta difícil de definir. Incluso los miembros del movimiento le vieron distintas interpretaciones.

La palabra beat nace en la comunidad afroamericana. Su sentido próximo es el de “cansado”, “agotado”, “abatido”. El propio Kerouac, al ver que el concepto se popularizaba, quiso derivarlo hacia la “beatitud”, pero tampoco es que el consenso fuera definitivo. ¿Y por qué beatitud? Porque, según Kerouac y los hábitos de los propios beats, al movimiento sentía una fuerte predilección por el pensamiento oriental, la meditación y prácticas parecidas. “En el camino” no hace excesiva apología al respecto, pero si contiene metáforas y reflexiones por parte de Sal Paradise que demuestran conocimiento e interés en el imaginario espiritual de Oriente.

El movimiento Beat reunió a numerosos novelistas y poetas, tanto hombres como mujeres. Si por lo general recibieron fuertes críticas por los temas que trataron, imaginad la situación de ellas, las escritoras, y el impacto social que tiene un discurso transgresor de una mujer dentro de una sociedad conservadora. Aun así, el impacto de los beat fue grande, ya que la cultura de masas se apropió tanto de su  estética como de sus ideas. Hacia finales de los cincuenta y principios de los sesenta, la ideología beat ya había calado hondo entre la clase media. Digamos que fue una primera etapa en el recorrido que finalizó en las revoluciones contraculturales de los años sesenta. Obras como “En el camino” se convirtieron en referentes para los jóvenes del momento. Las libertades que promueve para las mujeres, los afroamericanos y otros sectores impactaron en la cultura y las artes de los sesenta.

Está claro que la gente joven que adoptó las ideas de “En el camino” buscaba  algo diferente. Al menos, diferente a lo que ofrecían la cultura popular del momento.

Efectos de la Generación Beat

Para cerrar este apartado, recupero el sumario de los efectos esenciales de la Generación Beat publicado por Allen Ginsberg en 1982.

  • Liberación espiritual con énfasis en la liberación gay, de las mujeres, de los negros, etc.
  • Liberar al mundo de la censura.
  • Demistificación y/o descriminalización del cannabis y otras drogas.
  • La evolución del rhythm and blues al rock and roll como una forma de arte elevado, como lo demuestran The Beatles, Bob Dylan, Janis Joplin y otros músicos populares influenciados a finales de los cincuenta y sesenta por las obras de los poetas y escritores de la generación Beat.
  • La difusión de la conciencia ecológica, enfatizada al principio por Gary Snyder y Michael McClure. La noción de un “planeta fresco”.
  • Oposición a la civilización industrial militar, como se enfatiza en los escritos de Burroughs, Huncke, Ginsberg y Kerouac.
  • Atención a lo que Kerouac llamó (después de Spengler) una “segunda religiosidad” que se desarrolla dentro de una civilización avanzada.
  • Volver a la apreciación de la idiosincrasia frente a la reglamentación estatal.
  • Respeto por la tierra y los pueblos y criaturas indígenas, como proclama Kerouac en su lema de On the Road: “La Tierra es una cosa de los indios”.

Como podéis ver, muchos de estos frentes siguen abiertos. En algunos ha habido avances, pero en otros seguimos tan estancados como en los años cincuenta. Diría que, en lo que concierne a la conciencia ecológica, hemos ido a peor. La cuestión es que la influencia de los beats es innegable, y vale la pena poner a este movimiento en el lugar que se merece, ya que en la creencia popular parece que todas las revoluciones se dieron en la década de los sesenta.

El concepto “familia” en En el camino

Decía antes que la familia también es un concepto importante en el argumento de “En el camino”. Lo advertimos en las relaciones de los protagonistas con las mujeres. Su masculinidad también es atípica, ya que tienden a codiciarlas hasta el extremo de parecer depredadores sexuales para luego, cuando las relaciones se asientan, alejarse de ellas aunque hayan matrimonios de por medio.

La familia estadounidense y la esfera doméstica fueron un foco de grandes ansiedades durante la Guerra Fría. Entran en juego factores importantes como la cercana Guerra Mundial, donde las mujeres tomaron el control de los hogares mientras sus parejas luchaban por las libertades de la nación. Durante la Guerra Fría ocurrió algo parecido. En la lucha contra el comunismo la familia era considerada un aparato estatal. No solo era una unidad social bajo amenaza, en sí misma, también era una estructura protectora. Aquí el conflicto surge de que, si como país queremos resultar amenazadores, nuestros hombres, los estadounidenses, debían mostrar una estética de masculinidad militarizada. Sin embargo, ese ethos no se adaptaba a las expectativas de una ética familiar, de cabeza de familia, que obligaba a los hombres jóvenes a contraer matrimonio y centrarse en proveer para el hogar, como ya os había dicho, una esfera de influencia claramente femenina. Y cuando digo proveer, me refiero a consumir, a conseguir lo mejor para los tuyos: la casa, el coche, la nevera, etc.

De ahí que Sal Paradise tenga problemas para afianzar relaciones y Dean Moriarty, literalmente, sea un bígamo a la carrera. Ambos tienen un serio problema para asentar la cabeza, pero tampoco se puede decir de ellos que sean unos irresponsables, que el viaje sea una huida. El viaje es el objetivo. El viaje constante, digo. De ahí que las metas sean temporales y rápidamente se establezcan nuevas. “En el camino” podría considerarse un rito de paso. El problema es que los héroes de la novela nunca cruzan al otro lado, nunca completan su iniciación. Ambos se resisten a dejar fuera su lado juvenil, impulsivo, para nada comprometido con la sociedad.

Las influencias de Jack Kerouac

En este segundo segmento del episodio, quiero repasar la tradición literaria que conduce hasta “En el camino”. La mayoría de críticos recuperan nombres como Thoreau, Emerson y los filósofos llamados trascendentalistas. El Transcendentalismo es un movimiento filosófico (aunque con ramificaciones en la literatura y la política) que surgió a mediados del siglo XIX en Estados Unidos. Promovía una vía intuitiva basada en la capacidad de la conciencia individual. Al margen quedaban los milagros, las jerarquías religiosas y otro tipo de mediaciones. Además, el Transcendentalismo comparte con el movimiento Beat su interés por las doctrinas hinduistas, si bien en este caso se mezcla otras filosofías europeas, como el racionalismo y romanticismo alemán.

Pero, sin duda, una de las mayores influencias de Kerouac es Walt Whitman, asociado a la filosofía trascendentalista. Padre del verso libre, Whitman compuso Hojas de hierba, una composición esencial para entender la poesía moderna, y a su vez, una épica americana con temas que Kerouac recuperará para su “En el camino”. A su manera, “En el camino” es una carta de amor hacia América y su diversidad de gentes, a modo de visión panorámica aunque también particular.

En cuanto a los motivos, la obra de Kerouac presenta similitudes con el trabajo de Jack London. Popularmente, a London se lo recuerda por su novela “Colmillo blanco”, aunque también dispone de numerosos escritos políticos de carácter socialista y relatos de su vida como vagabundo. London firmó “El camino”, una serie de relatos en el estilo de la ficción autobiográfica en los que narra, entre otras aventuras, sus vicisitudes para mendigar comida o las dificultades para eludir a la vigilancia de los trenes en los que se colaba. Como en Kerouac, encontramos divisiones sociales y estratos de la sociedad estadounidense que no encajan con sus mitologías nacionalistas.

Lo que sí encaja en ellas es el motivo de la carretera, muy ligado a Estados Unidos desde los tiempos de los pioneros. Kerouac y “En el camino” trabajaron por mitificación de esa idea, una idea, por otra parte, exportable, como refleja el interés que despiertan rutas como la 66, a medio camino entre el símbolo nacional y el espectáculo turístico.

Ediciones recomendadas

A la hora de adquirir un ejemplar de esta novela, hay poca pérdida. Acudid a la edición de Anagrama. Si deseáis ahondar en las ideas y carácter de Kerouac, Anagrama también edita sus “Cartas” con Allen Ginsberg. Por su parte, Caja Negra editó hace ya unos años “Viajero Solitario”. En este libro se reúnen artículos firmados por Kerouac que, aunque toquen variedad de temas, tienen el viaje en común. De Caja Negra también es “La filosofía de la Generación Beat y otros escritos”, una serie de artículos firmados por Kerouac en los que advertimos una actitud programática, la necesidad de definir y aclarar conceptos de su prosa y de la ideología beat.

Sobre los beat, resulta sencillo encontrar libros que hablen al respecto. Entre todos ellos, me quedo con Beat Attitude, una antología centrada en las mujeres de poetas de la generación beat. Relegadas a un plano secundario por la tradición, en este volumen quiere reconocer su talento y la dificultad de su trabajo.

Para los lectores y las lectoras a los que fascine la figura de Dean Moriarty (o sea, Dean Cassady), Anagrama editó “El primer tercio”, que viene a ser la primera novela de Cassady. Es una autobiografía y nos ayuda a entender un poco más a esta carismática figura, así como su influencia dentro de la cultura beat.

Al margen de las recomendaciones ligadas a “En el camino”, quisiera destacar dos libros más. El primero es la descomunal obra de Roberto Bolaño “Los detectives salvajes”. A mi parecer, existen numerosos paralelismos de concepto. La cercanía con la roman à clef, los viajes, el mundo poético de los protagonistas, así como escenarios comunes, como las carreteras mexicanas. “Los detectives salvajes” merecen un episodio enterito de este podcast, pero eso será más adelante.

Por otra parte, y cambiando drásticamente de tercio, os recomendaré “La carretera”, de Cormac McCarthy. Una novela premiada, pero muy dura, que narra el viaje de un padre y un hijo por una carretera y unos Estados Unidos destruidos en una catástrofe indeterminada. En esta obra, McCarthy pervierte el imaginario de autores como Kerouac, lo lleva a un extremo monstruoso y desesperanzador. A un nivel muy sutil, ambas obras están más relacionadas de lo que parece.

Conclusión

Y aquí acaba el sexto episodio de A Contrapelo. Seis episodios ya, ¿quién me lo iba a decir? Como siempre, os recuerdo que podéis comentar la jugada por Twitter, a mi cuenta @billjimenez. Procuraré responder a vuestras dudas, y las que requieran de una explicación más larga que un tuit, las dejaré para el final de la temporada, a ver si hay suerte y dan para un episodio especial.