A Contrapelo T1x03: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

joseph conrad

En el podcast de esta semana viajamos a las profundidades del Congo belga en busca de un hombre llamado Kurtz. Analizaremos El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, una historia que retrata el vergonzoso colonialismo europeo y sus terribles consecuencias. A partir de este tema, retrocederemos unos siglos en el tiempo para recuperar “Los caníbales”, el famoso ensayo de Michel de Montaigne que, a su manera, también denuncia las políticas colonizadoras de su momento. Y, naturalmente, cerraremos nuestro el episodio con unas cuantas recomendaciones literarias basadas en las obras analizadas.

Bienvenidos y bienvenidas al tercer episodio de “A contrapelo”, un podcast creado y narrado por, el que os habla, Bill Jiménez.

Introducción a El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblas es una novela compleja.

Perdón, rectifico. Es un relato complejo.

Porque su definición concreta es la de relato. Uno denso, de gran intensidad, uno que genera extraños fenómenos en el lector, ya que la mayoría de personas que lo han leído, acostumbran a recordarlo más largo de lo que realmente es.

joseph conrad el corazón de las tinieblas

Pero volviendo a su complejidad, esta no solo es técnica; también es un relato complejo a nivel de contenidos, ya que renuncia a la forma en que se describió el colonialismo durante siglos. Tampoco quiero decir que sea una obra rupturista, no diré de ella eso tan manido de que representa un antes y un después, ya que en su contenido también se asoman ciertos vicios propios de la época, como esa tendencia a mostrar cierto heroísmo en la exploración de territorios distantes, siempre desde una posición parcialidad que en ningún momento otorga voz a los oprimidos, y si la otorga, es anecdótica. El corazón de las tinieblas también tiene algo de todas esas historias de exploradores, de exóticos viajes y más atractivos parajes.

La cuestión es que el relato de Conrad es una aportación relevante a la crítica del colonialismo. Aún tendrán que pasar muchas décadas para desterrar la imagen del indígena que decoraba las ficciones de comienzos del siglo XX. Recuerdo en estos momentos el tratamiento que se hacía de África y sus habitantes en las novelas de Tarzán y, por extensión, en las adaptaciones hollywoodienses de este héroe pulp. Vistas con perspectiva y bastante crítica, dejan mucho que desear ideológicamente, pero también hay que entender que así funcionaban las cosas en su momento.

En Conrad actúan sentimientos parecidos, el exotismo está presente, aunque su caso ya advertimos un tremendo desencanto. Fue testigo de comportamientos vergonzosos, tanto individuales como colectivos. No en un sentido actual, inmediato, en el que automáticamente saltamos cuando advertimos una injusticia (o deberíamos saltar), sino en un sentido en el que prácticas como el colonialismo se toleran porque sostienen las economías de imperios cuya historia, de no ser por tal explotación, habría sido muy distinta. Así, el que más o el que menos, cae en eso tan feo del “mal menor”, el mirar en otra dirección. Naturalmente, Conrad denuncia, ya con la novela se está “mojando”, aunque en ningún momento se posiciona a favor o en contra de tales prácticas. Prefiere el rol de testigo y asumir que toda acción tiene sus consecuencias.

Joseph Conrad y el Congo

Para entender la relación de Conrad con el Congo, hay que echar mano de su biografía. Jospeph Conrad fue marino mercante durante 20 años. Luego, progresivamente, se pasó a las letras. Con ciertas dificultades, ya que Conrad, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, su nombre completo, fue un autor de origen polaco y, por lo tanto, el inglés no fue su lengua materna. Pero para ser una lengua adoptiva su dominio no estaba nada mal. El asunto es que Conrad conocía los mares, conocía el oficio de marino y conocía el Congo tras un viaje del que volvió enfermo y asqueado de la experiencia. Cualquier romanticismo que los viajes despertaran antes de ese viaje se convirtió en un sentimiento crítico.

joseph conrad
Joseph Conrad

Así, contado tal cual, nos podemos imaginar a Conrad como un marinero escritor. Error. Es más bien al contrario. A medida que avanzaba su carrera como novelista, a medida que le llegaba la fama, quiso renegar del trasfondo marítimo. Solo un poquito, claro, porque en el fondo sabía que, sin esa experiencia, su camino como escritor no habría sido el mismo.

Lo que es indudable es que muchas de sus novelas y relatos discurren en los mares o los tienen como telón de fondo. El África colonial también se hace un hueco en ellos, en este caso, el Congo Belga, aunque sorprende que en ningún pasaje de la novela se mencione explícitamente a este país. En el fondo, tampoco es necesario, porque las pistas son numerosas y, como os podéis imaginar, la cosa no va de ser fiel a la realidad. Escenarios y personajes son llevados a límites que nos hacen dudar de su verosimilitud.

Si la historia del reparto de África por parte de las naciones europeas es un episodio bochornoso (recordad que se trazaron líneas sobre un mapa), más terrible fue la administración que los belgas hicieron de la región del Congo. El régimen de Leopoldo II se caracterizó por una explotación brutal de la población, con cifras terribles, como la pérdida de la mitad de sus habitantes entre 1880 y 1926. Básicamente, lo que la historia llama un “holocausto” aunque vendido como un ejercicio civilizador y de prosperidad. Hasta verano de 1960 no veríamos nacer la República Democrática del Congo, una nueva nación libre, y hasta cierto punto, de esta influencia nefasta. Pero, como se suele decir, el mal ya está hecho. Estamos hablando de ochenta años de dominio belga sobre unas gentes a las que doblegaron física y mentalmente. Vergüenza pura.

Como decía, la posición de Conrad respecto a este drama ha sido vista como ambigua. Aunque, en general, se considera El corazón de las tinieblas un relato anticolonialista, posteriores lecturas consideran la obra tan partícipe de la barbarie como aquellos que la llevaron a cabo. En parte, por el retrato que se hace de la población, que sin llegar a ser ridículo como en las novelas de aventuras, sí es periférico y dice bien poco de las gentes del país. Para una parte de la crítica, El corazón de las tinieblas cae en el viejo dicho de “si no aportas soluciones, eres parte del problema”.

Análisis de El corazón de las tinieblas

El argumento de El corazón de las tinieblas, aunque lo que voy a decir a continuación puede sonar a trabalenguas, narra la narración de un marinero llamado Charlie Marlow. Es uno de los atractivos de la novela: la presencia de dos niveles de narración. Por lo general, este gesto se entiende como la voluntad del propio Conrad de compartir su experiencia. Marlow hace alusiones a sus viajes por el Congo y describe la travesía que realizó dos años atrás por un río congoleño. Seguía la pista a un tal Kurtz, traficante de marfil en paradero desconocido que, a medida que avanza la misión, adquiere carácter mítico. El propio Conrad dirá en su correspondencia, en cartas posteriores a la publicación de la obra, que temía haber descrito a  Kurtz muy simbólicamente. Luego, en declaraciones posteriores se supo que el “desliz” tampoco lo fue tanto, así que no queda claro si todo fue accidental o premeditado, o si fue accidental y, viendo el interés de la crítica en el personaje, se subió al carro de los que tienen todos los cabos bien atados. En cualquier caso, las ambigüedades favorecen a la obra, que al analizarla nos ha propiciado multitud de lecturas. Y eso, tanto a críticos como académicos, nos encanta.

En sí, todo el relato mantiene este juego. El de la ambigüedad. Conrad recorre una línea bien fina en la que, por un lado, la realidad pierde claridad y cede terreno a la fantasmagoría. Por el otro, en cambio, los eventos y los personajes se ven con otra luz, los intereses se explicitan, se confirma si Marlow es un producto de la experiencia del autor.

Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola
Apocalypse Now (1979). Francis Ford Coppola

Lo primero que interesa saber sobre Marlow es que es un marinero. Conrad también fue un marinero. Y además conoció a muchos marineros mercantes, con sus virtudes y vicios, claro está. Ya que no es lo mismo un marinero mercante que, por ejemplo, un ballenero. Son dos experiencias distintas y, por lo tanto, generan respuestas ante la vida igual de distintas. En concreto, los marineros mercantes se acogen a una tipología de personaje que el propio Marlow elude. Marlow es uno de ellos, pero a la vez, rehúye el estereotipo. Porque si por algo destaca, por encima del oficio y el carácter, es por su moral, unos valores que recorren toda la obra y que le permiten sobrevivir a la oscuridad que reside en el interior de la jungla.

Con su narración de una narración, Conrad puede reconstruir a través de un personaje acontecimientos que ha vivido en persona. La vivencia gana en autenticidad. El resultado no habría sido el mismo si Conrad/Marlow hubieran descrito hechos vividos por terceros o, directamente, la narración se basara en habladurías, en todo aquello que se decía de las colonias en Europa. Como os podéis imaginar, estas fuentes estaban adulteradas por el interés político y religioso.

Otro detalle que dota de naturalidad a Marlow, que lo diferencia del arquetipo del navegante, es la duda. Marlow duda, se interrumpe cuando las emociones del relato escapan a su control. A su manera, rompe la tensión con sus comentarios, hace de la narración una conversación natural que refuerza los hechos. Me atrevería a decir que la técnica de Conrad es tan precisa que nos podría contar milongas y creérnoslas a pies juntillas, al menos hasta que un historiador las tirara por tierra, que no fue el caso.

En mi opinión Marlow es tan buen personaje como excelente recurso técnico. Si tras leer El corazón de las tinieblas queréis saber más de él, podéis leer otros relatos y novelas de Conrad, como Juventud, Lord Jim y Azar, donde también está presente.

Marlow, como personaje, es una de las claves del relato, aunque tampoco puede decirse que sea el protagonista absoluto de la obra. Lo es en buena parte, hasta que comenzamos a diseccionar la obra y advertimos que el concepto de viaje tiene un peso igual de grande en la historia. Lo mismo ocurre con la selva, ya que sin ella y los efectos que genera en los personajes, experimentaríamos otra realidad.

Lo sencillo sería creer que el corazón de esa tiniebla que titula el libro es la selva africana con su carácter opresivo e implacable. Yendo más allá, pero tampoco no muy lejos, podemos interpretarla como la oscuridad del alma humana, o de la propia humanidad, siendo la selva el lugar donde un individuo se encuentra con ella en un estado salvaje.

El influjo de la selva

La cuestión es que un escenario de tales características obliga a posicionarse. Puedes resistir como Marlow o sucumbir como Kurtz. El primero esgrime fuertes valores para contrarrestar a la oscuridad que le envuelve, no participa de los intereses que mueven al resto de personajes. Kurtz, a su manera, tampoco; está al margen de intercambios comerciales, al menos, ya no le interesan como en sus primeros días en el Congo. Sus valores son más débiles, insuficientes para luchar contra la naturaleza de la que os hablaba. Por eso sucumbe a ella, al lado primitivo presente en todos los seres humanos. Sin una sociedad que le diga lo que está bien o lo que está mal, su naturaleza esencial responderá por él. Para que quede más claro, Marlow se adentra en la selva mientras que Kurtz ya reside permanentemente en ella. Igualmente, Marlow puede sumergirse en la oscuridad porque tiene sus valores como salvoconducto, en el estilo de Dante en su Divina Comedia. Kurtz, en cambio, ha echado raíces y, por hacer un símil con las plantas, es imposible “arrancarlo” de la tierra sin que pierda sus nutrientes.

Resulta curioso que Kurtz sea un personaje tan presente cuando su aparición no se da hasta el final del relato. Eso no quiere decir que sea menos protagonista en otros personajes, ya que su nombre se menciona progresivamente a lo largo de la obra, convirtiéndose en una presencia que flota por encima de todos, como una deidad que se esconde en la selva. Su aparición es una explosión de elocuencia, un derroche de carisma, Conrad consigue que esté a la altura de las expectativas que los lectores hemos puesto en él.

Alrededor de este duelo de voluntades encontramos un elenco de personajes que pueden tomarse como alegorías de diferentes instituciones de la época. Una vez más, el código moral de Marlow es el que determinará las relaciones con ellos. Así, se las verá con individuos vacíos, ambiciosos e incluso pasivos. El caso más llamativo es un esperpéntico personaje vestido de arlequín, que simboliza a la comunidad internacional. El tipo se deja impresionar por los éxitos colonizadores pero, en el fondo, vive ajeno a la barbarie que asola el lugar.

Podría decirse que las relaciones de los personajes con el individuo moderno no han cambiado en exceso. Sustituye a las víctimas de la colonización por la actual crisis de los refugiados y, fácilmente podríamos extrapolar a los personajes de El corazón de las tinieblas con cualquiera de las naciones que participan en este juego.

Lo meritorio de Conrad es que consigue que esta atmósfera de impotencia y angustia nos afecte durante todo el relato.

Aspectos técnicos de El corazón de las tinieblas

Conrad fue un maestro de la novela moderna. Este recurso, el de iniciar la historia con un narrador que entrega el testigo a un personaje de la propia historia ya de por sí es un gesto atrevido si tenemos en cuenta que venimos de la novela realista decimonónica, que si bien cuenta con excepciones formidables, es más estricta con sus narradores. Esta técnica recibe el nombre de narración enmarcada, en el estilo de Sherezade en “Las mil y una noches”. El gesto puede verse como la intención de Conrad de no verse identificado con el narrador principal y exponer así sus sentimientos hacia la brutal experiencia que le rodea.  Sin juicios a su trabajo. Ahorrándose por segunda vez la experiencia alienadora.

Conrad también trabaja con numerosos subtextos, un contenido que no se anuncia directamente en la obra pero que de tan implícito que está, es ineludible. En el caso de esta novela, lo identificamos en la progresiva sustitución de las descripciones detalladas por una ambigüedad cada vez mayor. Vendría a ser el equivalente a un viaje monótono en carretera, donde al comienzo tratas de mantenerte atento a los detalles pero poco a poco estos se diluyen y solo quedan los motivos por los que iniciaste el viaje. También advertimos reflejos, como las comparaciones que hace del Londres del presente con la Londinium fundada por los romanos casi 20 siglos atrás y, como no, la posterior relación de ambas ciudades con el Congo que páginas más tarde aparecerá en su relato.

Que estamos ante una obra con numerosos niveles de lectura es indudable. Ya os lo decía al principio. Que todos estos niveles entren en un relato, conociendo las limitaciones del género, también es meritorio. Lo único que se le puede achacar a Conrad es que no es un escritor sencillo. Decían de él que escribía inglés mejor de lo que lo hablaba, y esa habilidad queda reflejada en el barroquismo de sus descripciones, en la densidad de cada frase, en la necesidad de que cada línea nos trasporte a la opresión de la selva.

Conrad construye con su narración una realidad que, en ocasiones, tiene mucho de pesadilla. Las sensaciones de Marlow nos condicionan, naturalmente. Ocurre siempre que entregamos nuestra confianza a un narrador. En su caso, reina la violencia, aunque no una violencia explícita, la que adopta una bofetada o un puntapié, sino la violencia que acompaña a las injusticias reiteradas y la imposibilidad como lectores de hacer algo al respecto. El corazón de las tinieblas es una obra dolorosa cuando la analizamos en la distancia. Si nos la tomamos literalmente, es un episodio oscuro dentro de la vida de Marlow, que mide la experiencia en meses. Para nosotros, lectores contemporáneos que conocemos (o podemos saber más) sobre los horrores vividos en el Congo, también sabemos que esa realidad terrorífica (y sobre todo, arbitraria) se prolongó durante décadas y afectó a millones de almas.

Y si digo arbitraria, es por la brutalidad con la que África fue repartida por las principales potencias europeas. Como dije antes, se hizo con líneas trazadas con regla, sobre un mapa. A efectos territoriales, destruyeron y enemistaron a comunidades, pusieron fin a culturas y tradiciones milenarias y esquilmaron a un continente entero.

Sobre los caníbales, de Michel de Montaigne

En el segundo segmento de este episodio, vamos a darle cancha a un par de ensayos que, a mi parecer, anticipan y resuelven muchas de las problemáticas que aparecen en El corazón de las tinieblas. El primero pertenece a Michel Montaigne y a uno de sus celebrados ensayos. Recibe el título “Sobre los caníbales” y comienza con el encuentro entre Montaigne y una delegación de indígenas brasileños, de visita en la Francia del siglo XVI. En el texto, Montaigne describe las impresiones que extrajo del encuentro, repasa las costumbres de los visitantes, desde su organización social en construcciones comunitarias a los ritos bélicos en los que el derrotado acaba, no solo muerto, sino también devorado por los vencedores. A diferencia de lo que podríamos esperar de un erudito del siglo XVI, Montaigne concluye que tales costumbres, en su opinión, son menos bárbaras que, por ejemplo, las políticas francesas de la época, enfrascadas en guerras internas y externas de dudosa moralidad.

Michel de Montaigne
Michel de Montaigne

Sin duda, un acercamiento humanista a un problema que ya se entrevé moralmente inaceptable. El texto es brillante. También me gusta que Montaigne, filósofo de formación clásica, lamente que figuras como Platón no hayan tenido la oportunidad de conocer a estos indígenas, ya que sus opiniones serían valiosas y edificantes. Montaigne tiene claro quiénes son sus referentes y los defiende a ultranza. Apuesta por el conocimiento como herramienta de progreso.

Sobre los caníbales traza una línea que va de la sospecha a la denuncia. Identifica una constante manipulación ideológica con la que el grueso de naciones europeas justificó sus abusos hacia pueblos recién descubiertos. Todo en el nombre del progreso, o de la religión.

Orientalismo, de Edward Said

Esta misma línea realiza diversas paradas a lo largo de la historia. La más significativa es otro ensayo. Firmado por Edward Said, Orientalismo, establece un antes y un después en los estudios sobre oriente. Ahora sí puedo decirlo. Orientalismo es un libro polémico, capaz de dividir a la población académica con sus conclusiones. Entre las más importantes, identificar los falsos discursos con los que las naciones europeas han descrito y establecido diálogos con oriente. Said identifica dos polaridades. El discurso que romantiza oriente y el que lo rechaza por medio de fenómenos como la islamización. Nos hacen creer que Oriente es el hogar de gente intolerante, enemiga de Europa, y en resumen, una amenaza. Por desgracia, es muy fácil encontrar a personas que gastan estas ideas. Sobre todo, en redes sociales. Son personas convencidas con la visión del mundo árabe que exportan países como los Estados Unidos, que, como os podéis imaginar, esconde todo tipo de intereses. Y eso que este ensayo fue escrito antes del 11S.

Orientalismo, por Edward Said

Si sois europeos, haced un poco de memoria y reflexionad sobre la visión que tenéis del mundo oriental. Tarde o temprano aparece el exotismo de ciudades como Bagdad, rutas comerciales en las que se trafica con incienso y especias, encantadores de serpientes, y así, un inagotable imaginario que, en el fondo, no es tal, porque Oriente es un lugar “real”, no un reino imaginario salido de la Tierra Media de Tolkien. Igualmente, acordaos del cine de acción de los ochenta y los noventa, con sus terroristas de Oriente Medio, o chinos, o nipones, dependiendo de cómo estuvieran las relaciones internacionales de los Estados Unidos en ese momento.

Gracias a Said advertimos que el problema no está en las definiciones que hacemos de Oriente. Más bien en lo que Europa quiere decir de ella a partir de estas descripciones. Como lo diría… Algo así como señalar los fallos del vecino para resaltar nuestras virtudes. Pues imaginad este gesto instrumentalizado al máximo, calando hondo en el colectivo y generando prejuicios sin ton ni son.

Orientalismo trata de eso y de muchísimo más, ya que, como habéis visto en Montaigne o en el análisis de El corazón de las tinieblas, la cosa viene de lejos. Said, por así decirlo, hizo mucha pupita en la comunidad académica. Buena parte de ella recibió el libro como un bofetón, en parte, por las verdades que hay en él.

Ediciones y lecturas paralelas

Para el tercer segmento de A Contrapelo he reunido las, a mi parecer, mejores ediciones de El corazón de las tinieblas. Al menos, las que conozco, ya que esta novela se ha publicado regularmente en diferentes formatos, con introducción, con comentarios y hasta con ilustraciones. Si veis que me he dejado alguna que valga la pena destacar, hablamos vía redes sociales y le echo un ojo.

De momento, me concentraré en aquellas que me han ayudado a componer el episodio de hoy, como la edición que hizo Edaf, con prólogo de Miguel Temprano García; o la de Alianza Editorial, con prólogo de Isabel Sánchez Araujo. Sexto Piso, por su parte, cuenta en su catálogo con una edición con ilustraciones de Abraham Cruzvillegas. El volumen acerca el texto original al arte conceptual de nuestro siglo. Un buen experimento.

Por otra parte, aunque se salga de la temática del podcast, no puedo resistirme, os pediré que le deis una oportunidad, si aún no la habéis visto, a Apocalypse Now, el film dirigido por Francis Ford Coppola, basado, como no, en El corazón de las tinieblas. Ya no por interés cinéfilo, que estaremos de acuerdo en que es enorme, sino por el trabajo de adaptación y traslación de la novela a la guerra de Vietnam, otro terrible evento con un imaginario que pone en entredicho eso de que la historia la escriben los vencedores.

Naturalmente, también recomiendo la lectura de Sobre los caníbales y Orientalismo. El primero, podéis encontrarlo online en cervantesvirtual.com. Es el capítulo trigésimo del primer libro de los Ensayos. Para los lectores y las lectoras que prefieran el formato físico, sin duda, recomiendo la edición de Acantilado, basada en la edición de 1595 de Marie de Gournay. Más de 1700 páginas sin desperdicio que volveré a recomendar en un futuro, cuando le dedique más tiempo a esta obra. Ya no solo por contener un pensamiento fresco y vigente en la actualidad, también por ser la iniciadora de un género fundamental, el de los ensayos.

Los ensayos, de Michel de Montaigne. Editados por Acantilado.

De orientalismo poco añadiré a lo ya comentado. Las ediciones disponibles en el mercado son asequibles, hasta disponibles en formato bolsillo. Sinceramente, os recomiendo su lectura para entender su repercusión.

Y, como prometí en la introducción de este podcast, también os recomendaré un par de lecturas paralelas. La primera es Viaje al fin de la Noche, de Louis Ferdinand Céline. Pensándolo bien, al igual que decía de Montaigne, este libro podría protagonizar un episodio de este podcast, pero por el momento, más que a cantar sus excelencias, me limitaré a resaltar sus similitudes con El corazón de las tinieblas. En esta obra también hay una crítica al colonialismo, en concreto, al francés de comienzos del siglo XX. Hilarante, absurda y violenta, identificamos en ella el sinsentido del sistema opresor que ha encumbrado a las grandes naciones de nuestro tiempo.

Cambiando de tercio, me pareció interesante hablaros de “El mundo sumergido”, una novela de ciencia ficción escrita por James Graham Ballard en 1962. Es una de sus primeras obras. Es la historia de un cambio climático que inunda el planeta. Los supervivientes del desastre se enfrentan a la dicotomía entre mantenerse firmes a sus valores, a la civilización, o involucionar para hacerse un hueco en un nuevo hábitat selvático. Aunque parezca un poco descabellado comparar “El corazón de las tinieblas” con esta novela, me pareció ver ciertas similitudes entre sus protagonistas y la involución que sufre Kurtz en el Congo.