¿Qué es la autoedición?

La autoedición es una modalidad editorial en la que el autor o autora de una obra literaria adquiere las responsabilidades correspondientes a la figura del editor. Por lo tanto, el autor se hace cargo de corregir el manuscrito, maquetarlo en formato impreso o digital y comercializarlo a través de diferentes canales.

El autor o autora asume en parte o por completo los costes económicos de esta producción, de ahí que las autoediciones funcionen bien con tiradas cortas o con formatos digitales.

¿A qué se debe el auge de la autoedición?

La autoedición existe desde hace siglos. Tal y como la conocemos es un fenómeno reciente. Ya en la antigüedad, los autores eran una parte activa en la edición de sus obras. Es más, en muchos casos, los manuscritos (o su equivalente según la época) pasaban directamente del autor al lector sin intermediarios. Sólo en autores puntuales encontramos figuras externas que “editan” estas creaciones, aunque por general esté fenómeno ocurre cuando el autor ya ha fallecido o la obra se difunde más allá de sus esferas de influencia.

autoedición de libros

En la actualidad, la autoedición es una práctica en auge, en parte, por la relación que durante el siglo XX se estableció entre la sociedad y la literatura. En ningún otro siglo, salvo el actual, encontramos índices de alfabetización más elevados ni una difusión de las obras literarias más amplio. Digamos que las obras literarias trascienden a las élites que las consumían y proliferan entre variados estratos de la población.

Como segundo factor, encontramos la aceleración tecnológica que experimentamos durante décadas. Esta aceleración incluye un abaratamiento de las tecnologías implicadas en la edición de libros y una democratización de esas mismas tecnologías, que dejan de ser exclusivas de los impresores y pueden emplearse gratuitamente desde un ordenador casero.

¿Por qué las personas se autoeditan?

La facilidad de acceso antes mentado a las tecnologías de edición se suma al romanticismo que la escritura como oficio ha arrastrado desde el siglo XX. El escritor y escritora del siglo XX abandonó la esfera burguesa para adentrarse en la cultura de masas. De esta posición surgen figuras como la del intelectual, que cobró fuerza a lo largo del siglo y que representa a una figura políticamente comprometida y autorizada para hablar en nombre de una masa que se siente representada por el intelectual. Así, el autor y la autora se identifican con una comprensión clara y lúcida del mundo que merece atención y que, por otra parte, ayuda a entender los sinsentidos de la existencia humana.

Más allá de la moral, la autopublicación se vincula a un segundo romanticismo, el que arrastran las artes del siglo XX donde, tras siglos de mecenazgos o vida en la miseria, los artistas alcanzan independencia económica e incluso riqueza con sus obras.

Ambas dimensiones son relevantes para entender el fenómeno de la autoedición, si bien no la explican en su totalidad. La cuestión es que flotan dos ideas peligrosas que trataré de desmontar en esta serie de artículos. La primera, que la escritura, más que técnica en un sentido aristotélico, es un estatus respetable que conecta con una serie de virtudes de corte humanista; y la segunda, que la escritura (más concretamente, la escritura de ficción), es un trabajo remunerable por la propia industria que lo genera.