Secundarios de lujo o el atrezzo ultrarrealista

Un ejercicio muy de talleres de novela es el de combinar personajes cuando la coralidad se te escapa de las manos.

Habrá gente que esté de acuerdo, ya que si el personaje en cuestión proporcionaba algo que otros ya hacían, a no ser que la redundancia sea clave en la novela, puedes eliminarlo.

secundarios de lujo

Otros dirán que el mundo hay tantas voces como personas, y que el hecho de que todos los personajes que pasan por el foco del narrador tengan voz y voto es síntoma de realismo.

Ambas posturas son correctas. El drama, una vez más, está en los hábitos de los lectores; en el hecho de si toleran que un personaje descrito al detalle, rico en diálogo, pero presente en un párrafo dentro de una novela de quinientas páginas, merece tantas cortesías.

De este brete solo nos saca el narrador, que se verá en la obligación de justificar el protagonismo de esos secundarios de lujo. De no hacerlo, al lector le surgen preguntas que la trama tampoco responde. Al sumarse los huecos, surge ese gesto reflejo de haber sobrevivido al tropezón y mirar el agujero mientras camina, con el peligro de tropezar con un nuevo bache. Hablo del lector y la sensación agridulce que le nace con los errores, o las decisiones que parecen errores. A la que se suman unos cuantos, por muy bien que esté concebida la novela, no se llegará a la sensación de redondez que se espera.

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