¡Ahí tienes tu fockin’ Pullitzer, Óscar Wao!

the_brief_wondrous_life_of_oscar_wao_largeEl Pullitzer es uno de esos premios que, de solo mentarlos, invocan automáticamente al prestigio periodístico, a valientes defensores de la verdad y las distintas realidades sociales de un país que, defectos al margen, siempre ha destacado por su habilidad para generar brillo. El Pullitzer se adhiere a la gran paradoja estadounidense, un premio de orígenes solemnes, las más nobles intenciones y un trasfondo de dudoso esplendor, el mismo que diferencia a las bombillas de veinte de las de cien kilovatios y arroja dudas sobre la imparcialidad de los ganadores y su predilección por aquellos que defienden causas liberales. Un premio que a lo largo de los años ha sufrido modificaciones en sus categorías y que, ya en 1918, al segundo año de vida, decidió que una de ellas sería estrictamente literaria.

Desde entonces, el Pullitzer a la mejor novela, posteriormente categoría de ficción, ha recaído en letras de distinta naturaleza como las de Faulkner, Harper Lee o, más cercanos a la actualidad, Cormac McCarthy y Michael Chabon.  Años y años de buena literatura que, en 2008, premiaron los esfuerzos de un escritor de origen dominicano llamado Junot Díaz.

“La maravillosa vida breve de Óscar Wao” es un título efectivo a la hora de narrar las desventuras, por no decir miserias, de un individuo con trazas de imposible, un hijo indirecto de la globalización cuya mayor, enorme, peculiaridad es haberse desarrollado nerd en un entorno alérgico a las subculturas. Óscar Wao es tan dominicano como Junot Díaz, menos agraciado, incapaz de sobrellevar sus defectos hasta el punto de dejarse esclavizar por ellos, condicionando así su vida familiar, estudiantil y sentimental. Óscar Wao es un potencial fracasado y su historia un drama pese a la habilidad de Díaz para dirigirnos hacia la sonrisa en más ocasiones de las que merece una tragedia.

Que Óscar Wao sea un nerd de manual y su desarrollo como personaje desate el terror de lo predecible dispara las dudas acerca de si esta obra merece o no los reconocimientos recibidos durante 2007 y 2008. No solo del Pullitzer vive “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, hasta seis premios más se sumaron al órdago, seis galardones que conducen a un examen detallado en busca de los porqués y cómos que justifiquen un éxito tan rotundo.

Los cómos dirigen a la técnica, a la impecable narrativa de Díaz, capaz de saltarse cualquier convencionalismo con su narración ágil, de diálogos implementados en la poética del conjunto, incluido ese pecado formal representado por el argot de los narradores, un recurso de resultados impredecibles y mal vistos por su peligrosidad. Junot Díaz juega con un hermano del clásico spanglish y sale victorioso, confirmando la primera sospecha que nace tras la lectura: sin los fockin y el abundante léxico dominicano estaríamos ante otra novela, una menos atractiva.

Los porqués atañen a la estructura, a sus capítulos, a los brincos de género y generación, destacando el tratamiento de sus figuras femeninas, un análisis de la mujer dominicana, independiente y emigrante, que si bien no era (ni es) una novedad dentro de la bibliografía de Junot Díaz, en este caso, englobando tres periodos históricos, deviene una muestra de ambición y conocimiento de causa, más de lo que podemos decir nosotros, desde nuestra perspectiva premeditadamente distante, tan europea, de la evolución de la Republica Dominicana y sus gentes durante la Era de Trujillo.

Rafael Leónidas Trujillo, esa fuente de todo mal omnipresente a lo largo de la novela a través de menciones directas o consecuencias indirectas, podría ser el fukú al que se elude constantemente, un mal fario de los que adoptan distintas formas y nombres dependiendo del pueblo que lo sufre, un mal tan generalizado como las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. Así, esta “maravillosa vida breve” adquiere tintes de novela histórica, una historia ajena y terrorífica por encima de clases sociales.

El tercer elemento de la tríada recurrente en la producción de Junot Díaz, más allá de la mujer y la herencia cultural, es la inmigración, y en especial, el círculo de trazo trémulo que se establece con los Estados Unidos, bajo el que flotan finas conexiones, casi todas políticas, en ocasiones económicas, pero siempre tras densas sombras. La relación de la República Dominicana con los USA, en un atrevido resumen, no dista mucho de la de otras naciones de Centro y Sudamérica, basada en deudas y potenciales intereses ejecutados por la CIA. Tejemanejes que desembocan en unas políticas económicas que han alimentado un flujo migratorio de décadas, como demuestran las cifras recogidas por nuestro país a inicios de este milenio. Una inmigración que se suma a las muchas angustias flotantes sobre Óscar Wao y su familia.

En cualquier caso, “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” tiene mucho de ejercicio literario tradicional, de fuerzas tentaculares tirando de un protagonista que ni alcanza el estatus de antihéroe, y cuya única defensa, una de las genialidades de la novela, es el mundo nerd que le alimenta: acertadas, divertidas y elegantes referencias que hablan de la (casi) total integración de una serie de periferias literarias (el rol, el cómic, la literatura de ciencia ficción y fantasía) en la megalópolis de la cultura popular, un pop industrializado en los ochenta y que, en manos de Junot, retorna gratamente a la orfebrería.