Sobre la cubierta de «El hambre exegética»

El proceso de edición de El hambre exegética ha finalizado. Tras varias pruebas y consultas, la cubierta que adjunto será la definitiva en la novela que veréis en septiembre. Llegar a esta ella no ha sido sencillo; se han descartado diseños con mayor concepto, aunque, eso sí, ha prevalecido la elegancia y sensibilidad que me interesó desde un comienzo.

el hambre exegética

Conceptos de la cubierta

La cubierta de El hambre exegética trabaja sobre una ilustración obtenida en rawpixel y la tipografía Avantgarde. El contraste entre ambas se vincula a los dos escenarios que aparecen en la novela: las junglas colombianas y la ciudad de Barcelona.

La cubierta también refleja el romanticismo y la mitificación con la que describo a la industria editorial, en la que también se asoma una mención al mítico templo de Nemi de la diosa Diana, conocido por su santuario y las violentas sucesiones de sus sacerdotes.

La contraportada emplea parte de la ilustración y muestra la sinopsis acompañada de un guiño metaliterario: una cita de la revista Elocuencia. Elocuencia es el magazine cultural que sirve de escenario a Varón de multiforme ingenio, mi anterior novela.

Ediciones Astrágalo es un segundo juego metaliterario, el sello a través del que edito mis proyectos. Aparece también en El hambre exegética; es la editorial independiente en la que trabaja Claudia, la protagonista.

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La ficción como contenedor de una auténtica crítica literaria

Mantener un frente lector de más de diez novelas simultáneas implica, de tanto en tanto, alguna que otra grata casualidad.

Hablo de la reciente lectura de la novela de Chris Kraus I love Dick, un artefacto literario que trabaja a distintos niveles, siendo a su vez ficción clásica, obra feminista, novela epistolar y confesión en la línea agustiniana.

Por otra parte, también estoy enfrascado en la lectura de A contrapelo de Joris-Karl Huysmans, una novela caracterizada por los nulos giros de su trama, así como la larga exposición de los gustos estéticos de su protagonista.

crítica literaria en A Contrapelo de Huysmans
Huysmans – Foto por André Taponier

Aquí es donde confluyen ambas lecturas, en la descripción crítica de la obra de terceros, que en el caso de Chris Kraus reúne las opiniones de la autora sobre artistas coetáneos, ya sean en su relación con el feminismo o la cultura judía. Por su parte, Huysmans repasa la historia creativa del mundo desde tiempos clásicos para finalizar en aquellos artistas de su tiempo que mejor reflejan el espíritu finisecular del XIX.

A contrapelo es una obra clave, un eslabón entre la literatura naturalista y el simbolismo. Tiene algo de trampilla, ya que invita a las convenciones realistas y naturalistas de la época a que se sometan a una voluntad cansada de una fórmula obsoleta. Y así, una a una, estas van cayendo sin interés por recuperarlas en un desenlace que cierre los discursos abiertos.

El ejercicio crítico que Huysmans realiza con autores como Baudelaire y pintores como Odilon Redon resulta interesante desde un punto de vista actual. ¿Hasta qué punto es factible una formato similar en la ficción contemporánea?

Chris Kraus
Chris Kraus

Si tenemos en cuenta que, a nivel crítico, el país está es unas horas que, o bien se pueden considerar bajas o consecuencia natural de políticas heredadas, quizá sea el momento en el que la ficción ofrezca refugio al arte, al igual que el best seller lleva años albergando a la divulgación histórica y otras manifestaciones culturales que suelen dar color a sus tramas.

Trasladado a la sociedad de consumo, y en un fantaseo de corte utopista, este mismo gesto podría trasladarse a la televisión, con segundos –pienso que minutos serían inviables– en los que los protagonistas departen sobre sus obras favoritas, ya no solo ensalzándolas por los sentimientos estéticos que generan en sus personas, también evaluándolas críticamente.

En las pocas ocasiones que se realiza, vemos que los personajes de ficción apuntan sus opiniones a obras de autores dentro de la misma ficción, por lo que «todo queda en casa» y el ejercicio se diluye.

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El balancín de la verosimilitud: lo cotidiano vs lo extraordinario

A partir de la serie de HBO Barry (2018-) surgen varias líneas de diálogo con la tradición, tanto cinematográfica como literaria. Recordemos que Barry sigue el viraje laboral de un asesino a sueldo; una epifanía radical que le empuja a apartarse de la violencia metódica en beneficio de otra metodología: la interpretativa. Principalmente, la serie gira en torno a esta dicotomía, pero también se advierte una recuperación del género criminal humorístico, que tuvo en los años noventa episodios de esplendor literario como las novelas de Elmore Leonard.

hbo barry

El mérito de Barry es disponer un mosaico de personajes tipo que ganan en verosimilitud por medio de factores externos, como una reacción radicalmente cotidiana al entorno y el desmantele de las convenciones del género, al modo tarantiniano. De fondo, un mínimo juego metacinematográfico donde se expone la excepcionalidad de personajes –asesinos, mafiosos, militares– y situaciones –cualquier evento que finalice en una muerte violenta–. Así, el espectador bascula entre lo evidentemente ficcional y la mímesis cotidiana, en un equilibrio que resulta ameno y dinámico.

Este balancín de estilos rememora el teatro plautino, tanto por sus estereotipos de la vida romana del siglo I a.C. –con su equivalente actual– como por los diversos registros de lenguaje que aparecen en cada episodio, por lo general, asociados a un personaje específico.

Imagen basada en La cortesana, de Plauto

La oposición de un discurso artificiosamente criminal con uno cotidiano tiene en el lenguaje teatral un eje intermedio que, no solo permite al protagonista entender el mundo del que viene y al que quiere integrarse, también le lleva de una catarsis a otra, con un punto culminante en la primera temporada, con la lectura de Macbeth, donde Barry ve en la locura del rey escocés la propia crisis que experimenta al matar en nombre de la ambición de terceros.

A Harold Bloom le parecería bien inocente el recurso. No sería la primera vez que un guion emplea giros o psicologías shakesperianas –consciente o, en la mayoría de casos, inconscientemente–. Lo importante para este artículo es que conecta con la búsqueda de verosimilitud en la ficción a partir de lo cotidiano. En Macbeth trabaja un mundo de pulsiones muy reales que sostiene sin pestañear un trasfondo de folklore mágico. En Barry, la referencia a redes sociales o el uso de emoticonos es ancla robusta frente a la desconexión de un exceso de armas y su uso indiscriminado.

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Exposiciones ficticias

Yo no sé si está inventado, pero creo que sería una buena idea/experiencia crear un blog de arte con exposiciones falsas y debatir sesudamente sobre obras que no existen y sobre artistas ficticios. El único problema nacería de las imágenes, que tendrían que crearse y, por lo tanto, el proyecto dejaría de ser ficción.

Otra opción es que los textos aparecieran desnudos y las descripciones tuvieran tanto éxito que animaran a diferentes artistas a crear las piezas. Entonces, una vez creadas, podría elaborarse un segundo blog basado en las reviews de esas obras. De este modo, también se generaría un diálogo entre la obra real y la ficticia, si bien no quedaría del todo claro cuál es réplica u original. Naturalmente, un tercer blog debatiría al respecto de esta paradoja mimética.

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Autoeditarme o no autoeditarme: esa no es la cuestión

Si la autoedición ya de por sí despierta demasiados prejuicios externos, peores son los internos, los que el autor asume como ciertos hasta el punto de retornar sus manuscritos al cajón donde, románticamente, los escritores guardamos nuestras obras no publicadas.

Si bien es cierto que los prejuicios internos presentan una base exterior –la idea ha surgido de algún sitio–, al integrarlos se convierten en miedos que solo tú podrás combatir.

Autoeditarme me cerrará las puertas de las editoriales

Es falso. Las puertas de las editoriales están cerradas a todo el mundo. Solo pueden abrirlas aquellas personas directamente vinculadas a la editorial o las que, debido a una serie de causalidades (amistad, recomendación, etc.), reciben la invitación a pasar.

Las editoriales, al menos las que ya tienen ambos pies en este milenio, despliegan otros mecanismos para llegar a los autores. Los grandes grupos cuentan con empleados que realizan este trabajo o confían en las agencias, que representan a la externalización de tales funciones.

Por su parte, las pequeñas editoriales, incluso las que se consideran independientes, trabajan con unos calendarios de publicación medidos al milímetro. Son gente que ha realizado una importante inversión y trabajan sobre seguro –con la hipotética seguridad que ofrece el sector–, no esperan sentados a que les lleguen los manuscritos que les harán millonarios. Sería un suicidio económico.

La autoedición me resta seriedad como escritor/a

Mala cosa. Si piensas que la autoedición será dañina para tu “carrera”, entonces ni lo intentes.

La autoedición lleva siglos en funcionamiento, con mayor o menor visibilidad según la época, aunque es cierto que en los últimos siglos, en directa relación con el asentamiento del capitalismo y sus mercados, se ha vuelto un ejercicio minoritario y hasta cierto punto underground.

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El poeta William Blake autopublicó algunos de sus principales trabajos. Desde la escritura a la impresión, pasando por las ilustraciones y el posterior coloreado.

Aunque la edición de libros convencional emplee sujetos, recuerda que esos sujetos y sus obras son productos, así que, en caso de convertirte en el próximo bombazo literario de la década, tu bagaje autodidacta te beneficiará. Serás un caso de éxito que otras tantas personas tendrán en cuenta a la hora de dar a conocer sus propios proyectos.

Olvida la imagen del autor de sanctasanctórum, el intelectual que cuando habla sube el pan. O pertenecen a otra época o a ambientes académicos que nada tienen que ver con la industria del entretenimiento a la que se adhiere el grueso de la literatura actual.

Autoeditarme desperdiciará mi novela

Es probable, ya que una vez la edites y la difundas perderá todo su valor para las editoriales. Incluso aunque sea un hit y la reedición en un sello con más alcance fuera factible, es probable que ningún editor la quiera en su catálogo.

Cuando decidí autoeditarme, principalmente en el caso de Varón de multiforme ingenio, sabía que la novela jamás entraría en el circuito. Y bien que hice, porque mientras la mantuviera en el dichoso cajón, seguiría revisándola, cambiado comas y buscando sinónimos que, a modo de fórmula mágica, la hicieran más atractiva.

En el momento en que editas tu novela, adiós muy buenas, pasas a otros temas.

Se supone que te gusta escribir, que las ideas se acumulan en tu cabeza a la espera de plasmarlas sobre el papel. Si tu relación con el mundo editorial consiste en pegar el zambombazo y, ya animado, ponerte a escribir de nuevo, pasarán años y años hasta que se te presente la oportunidad.

Las historias de autores prestigiosos que sufrieron hasta cien rechazos de sus novelas son solo eso, anécdotas que alimentan blogs literarios.

n conclusión, al escritor no lo hacen sus libros publicados en las grandes editoriales, sino el grueso de su carrera, el discurso que plantea a lo largo de sus obras. Artes como el cine tienen esta realidad mejor integrada y todos aceptamos los cortos amateurs de un director como parte de su trayectoria. La autoedición es un ejercicio similar, radica en la necesidad de empezar a contar tus historias ya y encontrar a aquellas personas que serán tu público.

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Diseñar la cubierta de un libro autoeditado

El siguiente post de mi improvisada serie sobre autoedición gira en torno al diseño de la cubierta de tu libro. Dije en un artículo anterior que la maquetación del libro podía ser, hasta cierto punto, sencilla. La cubierta adquiere un cariz distinto.

Cómo diseñar la cubierta de un libro siendo un autodidacta

La clave para que tu cubierta luzca llamativa radica en la profesionalidad que pongas a la tarea. Entiendo que desconoces el oficio de diseñador pero que eres capaz de arremangarte y aprender ciertas nociones del Photoshop, InDesign o sus equivalentes gratuitos (que obtienen idénticos resultados).

Una vez invertido ese tiempo, ha llegado el momento de conceptualizar el trabajo. ¿Por dónde irán los tiros? ¿La cubierta reflejará el contenido del libro o el título, o no piensas darle al coco y simplemente quieres hacer de tu libro un objeto atractivo?

En ‘Follow this thread’, el diseño de Elena Giavaldi trabaja con el concepto de laberinto y el mito del hilo de Ariadna.

En todos los casos, tiene que existir coherencia. Si tu libro trata sobre relaciones familiares, recurre a elementos que evoquen familias. Si estas relaciones son agridulces, trabaja con colores fríos. Reduce a una mínima expresión los elementos que se pasearán por la cubierta y pronto tendrás dos o tres ideas fuertes con las que trabajar.

Eso sí, evita que sean más de dos o tres, pues un exceso de conceptos puede dañar el mensaje. Recuerda que eres un amateur. Deja la catedrales góticas a los profesionales.

Elementos que automáticamente harán tu cubierta más atractiva

Si por mucho que lees sobre teoría del diseño o del color, el resultado sigue apestando, apuesta por las imágenes.

Las fotografías nunca fallan. La industria literaria tira de ellas constantemente. Sí que es cierto que trabajan mucho sobre el collage de fotos, pero no debería preocuparte; con una foto vistosa y unas tipografías bien integradas, será suficiente.

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Ejemplo de fotografía e integración de la tipografía. Diseño de Rob Grom.

Rebusca por webs como Unsplash y otras tantas que trabajan con fotografías naturales y procesadas (los filtros cálidos que otorgan a las imágenes ese aire vintage que no pasa de moda). Además, la mayoría de estas fotos ya incluyen cierta narrativa que podrás explotar. Selecciónalas por temáticas y, una vez más, ten en consideración título y contenido.

El segundo elemento clave son las tipografías. Evita las que habitualmente empleas e invierte otra hora en seleccionar unas cuantas de repositorios como Dafont, Google Fonts, etc. El segundo es muy útil aunque incluya numerosas tipografías orientadas al diseño web (más que el editorial). No te olvides de escoger aquellas que incorporan acentos, por si quisieras emplearlas en notas de prensa o en tu página web de autor.

La parte de la integración de estos dos elementos es la más complicada de todas. Antes de enrollarme más, considera lo siguiente a la hora de diseñar la cubierta de un libro:

  • Escoge fotografías con marcados contrastes. Podrás aprovechar las zonas oscuras para ubicar tu nombre y el título de la obra.
  • Evita que el título parezca enganchado a la imagen con cambios de opacidad en las letras o la aplicación sutil de texturas que hermanen ambos niveles.
  • Ten en cuenta la temática del libro a la hora de seleccionar las tipografías. Algunas aluden inconscientemente a ciertos géneros.
diseñar la cubierta de un libro
La imagen que escojas puede hacer llorar de emoción o de miedo.

Y no tendrías que preocuparte de mucho más, salvo de aplicar el estilo que has decidido al lomo y a la contracubierta. Si la fotografía era apaisada, aprovéchala y que cubra por completo el libro. Eso sí, cuidado con el lomo; te interesa que el título esté bien visible.

En mi experiencia, abogo por un lomo de color blanco o un color claro en relación con los colores empleados en la cubierta. Evita el fondo negro, a no ser que la tipografía sea lo bastante llamativa como para contrastarlo. Tampoco trabajes con colores puros. En el caso del citado negro, bájale sutilmente el tono para que no cante tras la impresión.


Portada:  freddie marriage
Imágenes interiores: Mike Scheid y Tom Roberts en Unsplash

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Consejos previos a una autoedición exitosa

Estaremos de acuerdo que el principal objetivo tras la autoedición de un libro es el placer de contemplar la obra en un formato sólido, tradicional y vendible.

Los cántaros de la lechera llegan después, cuando especulas con el éxito de la novela, ensayo, poemario, etc. y sientes el cosquilleo de la fama y la riqueza en el cogote.

Como abogado del diablo, rol en el que me siento cómodo, ya te puedo asegurar que la mayoría de esas pretensiones son carencias afectivas. En la actualidad, que yo sepa, el grupo de escribientes que se gana la vida con la producción de ficciones es mínimo. Casi siempre son figuras que pululan por realidades periféricas a la literatura, como la docencia (otro terreno donde tampoco llueven los millones) o el periodismo, donde agentes y editoriales reparten a sus protegidos por la prensa y otros canales. Y la verdad es que no tiene nada de malo, es una realidad. Una de muchas que, si las asumes, te permiten enfocar las fuerzas en direcciones más productivas.

Primer consejo: la autoedición cuesta dinero

Seguimos con las malas noticias. Si la edición de libros trabaja con márgenes pequeños, ¿de qué sirve invertir mis ahorros en ella?

Volvemos a la satisfacción personal, al gesto irónico, muy en la onda de Schlegel y sus compañeros románticos de ir a por los grandes abstractos a toda costa, aunque sepamos que es imposible aprehenderlos con nuestra limitada percepción del mundo. Con este ejercicio ocurre lo mismo, sabes que es una causa en la que vas a palmar pasta aunque, si te lo montas bien, probablemente la recuperarás con los ejemplares que vendas durante el lanzamiento y los ejemplares que coloques en plataformas de edición digital. Es un goteo, un proceso lento, no exento de agradables sorpresas.

Friedrich von Schlegel
Friedrich von Schlegel

Cuando digo que la edición cuesta dinero hablo de los costes que un producto bien finalizado implica. Sabrás escribir bien y puede que sea la quinta revisión de la obra que hagas, pero nunca estaría de más recurrir a un profesional que revise el resultado. Lo mismo puede decirse de la cubierta del libro y otros factores del proceso de producción en los que seas menos ducho.

Naturalmente, puedes encargarte tú misma de las diferentes fases de la edición. Todo dependerá del tiempo que emplees para formarte y, naturalmente, y volviendo al diseño de la cubierta, el talento que muestres para estas facetas que nunca te planteaste explorar.

Hasta los hombres orquesta tienen que comprar instrumentos, así que, por mucho que sepas de corrección, de diseño editorial o de marketing, se te pueden ir, como mínimo, unos 200-300 euros en la edición de cincuenta ejemplares. ¿U olvidaste que las novelas impresas requieren un ISBN?

Segundo consejo: la autoedición cuesta tiempo

Pero nunca será tanto como el que invertiste al escribir tu novela.

Maquetar un libro de ficción está entre las tareas más sencillas para un profesional del diseño. Repito: un profesional. En tu caso, que lo serás temporalmente y por necesidad, la cosa puede requerir unos días más.

Hablo de sencillez porque el libro de ficción tradicional no suele trabajar con imágenes interiores. Tampoco presenta múltiples estilos salvo los habituales y presentes en texto y títulos.

El mayor desafío lo plantean las herramientas que emplearás. Cualquier software, ya sea de pago o de licencia libre requiere de un aprendizaje. Olvídate de la empatía que mostramos hacia la tecnología. Hay gente con años de experiencia en el uso de InDesign, todo lo que consigas “trasteando” jamás estará a la altura de un resultado profesional.

Otra fuente de inversión de tiempo son las necesarias correcciones de la novela. El ir punto por punto, coma por coma, tras los gazapos. En caso de que cargues con la responsabilidad, ten en cuenta que revisas un texto que ha nacido de tu cabeza, tienes claro lo que quieres explicar, así que es sencillo pasar por alto un artículo o una coma que debería estar ahí. Otro factor en contra es la pérdida de atención que hemos experimentado tras años de consumo de textos en Internet, la famosa lectura en diagonal que puede que estés haciendo con este artículo.

Mi consejo es que trabajes con un calendario, que establezcas fechas y todo eso. No eres una editorial, autoeditar tu novela es algo secundario. Tienes familia, trabajo, incluso resacas a las que atender, así que, asúmelo, el toro te pillará a la que bajes la guardia. Otra cosa es que te lo tomes en plan “lo importante es el camino”.

Tercer consejo: la autoedición es un proceso de aprendizaje

Probablemente, tu primera obra editada no saldrá tan bien como esperas. Siempre aparecen sorpresas de última hora que, aunque irritan en su momento, a la larga se convierten en experiencia.

Con la segunda novela que publiques. Surgirán imprevistos que no contemplaste en la primera, así como dolores de cabeza nuevos y otros que dieron muchísima guerra anteriormente y que ahora pasan como gajes del oficio.

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La dignificación de las lenguas SEO

Hablar de posicionamiento en buscadores dentro del entorno literario deriva con facilidad en la diferenciación entre objetos y productos literarios. No entraré en ella, pues considero que las obras inscritas en ambas categorías responden a diferentes necesidades tanto iniciales como finales. Lo importante, en cualquier caso, es describir las consecuencias que la divulgación de esos trabajos y de sus autores tiene en la red, en especial, ese amplio grupo de escritores y escritoras que responden a la, en demasiadas ocasiones denostada, etiqueta de autores independientes.

¿Qué es un autor independiente?

A mi parecer, es todo aquel escritor fuera del circuito editorial. Lo contrario a la persona cuyo manuscrito es seleccionado por una editorial y, tras una serie de procesos de revisión y pulido de forma y contenido, resultan en la cara visible tras el libro que adquieres en tu librería favorita.

Los autores independientes, al igual que las editoriales calificadas con el mismo adjetivo, replican este modelo con medios limitados, modestos, incluso paupérrimos, de ahí que el resultado, en la mayoría de casos, brille con menos intensidad de la deseada y, por ello, el alcance de ese brillo sea también inferior.

Por suerte para todos los autores independientes, grupo en el que también me incluyo, Internet ha creado circuitos alternativos por los que esas obras circulan, en algunos casos, al mismo nivel que los más reputados best-sellers. Aun así, esos casos son contados y presentan una casuística rocambolesca, donde el autor sorprendido por el éxito sirve de referente a la hora de defender la viavilidad del sector al que representa.

El papel del SEO en la vida del escritor independiente

El SEO (Search engine optimization) es una de las herramientas cruciales para el autor independiente. Quizá esté en un tercer o cuarto puesto en crucialidad, por debajo de una fuerte presencia en redes sociales (estrechamente ligada al SEO) y, naturalmente, la calidad literaria de su novela o poemario.

El posicionamiento es necesario porque, de no cumplir con una serie de consignas estandarizadas, cualquier intento de hacerse visible en Internet puede caer en saco roto.

No entraré aquí en el posicionamiento dentro de marketplaces como Amazon, donde las leyes de Google cambian por completo. Me ceñiré a esta estrella entre los buscadores, un monstruo que reclama contenidos constantemente, por otra parte, algo que los escritores deberíamos saber hacer.

A grandes rasgos: a más y mejores contenidos, más alta la posición que nuestra web alcanzará en los resultados de búsqueda. Aunque aquí surge una pregunta: ¿Qué contenidos debo generar y a qué aspiro con ellos?

Las palabras clave

Las palabras clave definen los conceptos por los que nuestra web competirá en Internet. Para una marca es sencillo, ya que trabajan con productos. ¿Pero qué ocurre con los escritores? Fácil, pueden trabajar por su marca personal o por cualquiera de los títulos de sus novelas. El problema (porque no podía ser tan sencillo) es que nadie, salvo tus familiares y amigos (y tú mismo/a, no nos engañemos), te buscará por tu nombre o pseudónimo.

Los vicios de las palabras clave

Ocurre en todos los sectores: la búsqueda de palabras clave dentro de un nicho tiende a la afectación, a escoger para las entradas de nuestro blog o sección de noticias temas que, o no nos representan, o cuestan de integrar en un párrafo de texto. El drama se dispara cuando trabajamos con long tail keywords, combinaciones de palabras clave de gran extensión. Son las de más fácil reconocimiento, pues como toda palabra clave, aparece en títulos, primera línea del artículo y en cualquier subtítulo en el que se divida el texto.

La culpa de tal afectación recae en un plugin de WordPress (el CMS más utilizado a día de hoy) llamado Yoast SEO (o cualquier otra herramienta que realice la misma función).

Yoast SEO incluye en cada post una lista de acciones recomendadas. De seguirlas a pies juntillas, Google tratará mejor tu página web cuando ande a la caza de contenido relevante. Lamentablemente, y en muchas ocasiones, aplicar todos los consejos que proporciona la herramienta promociona la afectación.

Como el escritor independiente está por lo que está y tampoco es un experto en posicionamiento, los consejos de Yoast van a misa y no tarda en dar el cante ante sus lectores serios.

Por eso, el sector que más ahonda en el SEO dentro del sector literario es el didáctico: todos esos blogs que nos enseñan a escribir más y mejor, a construir diálogos creíbles y personajes inolvidables. En tales casos, las keywords tienen sentido pero esconden oscuros intereses.

El interés económico tras los blogs literarios

Cuando hablo de blogs literarios, me refiero a todos aquellos que tratan la literatura como un producto de consumo. Los blogs y magazines académicos y de crítica literaria (no reseña) quedan al margen, pues siguen reglas distintas. También los blogs de poetas o relatistas que ofrecen sus creaciones al margen de la tiranía del SEO (pero que también pueden desarrollarlo con menor intensidad).

Los blogs literarios saben que escriben textos de rápido consumo (o nulo consumo) que apunta a palabras clave con elevadas impresiones (las veces que el término aparece en las búsquedas) y que apuntan a las ilusiones de muchas personas por despuntar en su género o que, simplemente, buscan guía en sus primeros pasos por la escritura.

Cada vez que alguien realiza la búsqueda, por poner un ejemplo, “cómo vivir de la escritura” y hace clic en los primeros resultados que Google le ofrece, esa web hace dinero. Dinero en el momento en que visualizas un banner publicitario, más dinero cuando haces clic en el citado banner y, rizando el rizo, cuando contratas cualquiera de los servicios que ofrecen los profesionales tras estos consejos.

La responsabilidad de los escritores independientes

Al igual que ocurriera siglos atrás con la dignificación de las lenguas comunes, gesto iniciado por autores como Dante y, en nuestras tierras, por una cadena de poetas que desemboca en Góngora, la lengua del SEO merece especial pulimento.

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Dante Alighieri, más que autor independiente, genio independiente.

El concepto tras el que ando es la construcción de textos donde las palabras clave no canten de buenas a primeras. Si cantan, el texto fracasa; si fracasan tus textos, fracasa la credibilidad de tu página personal.

Llegados a este punto, podrías preguntarte por qué demonios tengo que posicionar mi web y, para más inri, a través de este método más propio del copywriting. La respuesta es por tu carrera profesional. Te las des de indie o andes en busca del brazo protector de una editorial, necesitas que la gente te lea y tu trabajo guste. En el primero de los casos, obtendrás la audencia que, en otras circunstancias, tendrías que currarte a golpe de talonario; en el segundo, se dice y se cuenta que los grandes grupos editoriales buscan gente que, aparte de escribir bien, lo pete socialmente. Si aún no te has dado cuenta, así funciona el mundo, al menos así funcionó 2018 y así funcionará con algunos matices 2019. Así que, por muy independiente que seas, aquí has encontrado tu primera dependencia.

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Lecturas superficiales sobre El Matriarcado de Bachofen

Los objetos literarios sufren distorsiones cuando la lectura es superficial. Lo descubrí este año al leer y, posteriormente, analizar la obra de Bertolt Brecht Madre Coraje y sus hijos. De ella deriva el concepto de la madre abnegada que hace cualquier cosa por su descendencia. Concepto errado, ya que la protagonista de la pieza resulta antagónica a tal principio, pues sus hijos, a lo largo del texto, sufren las consecuencias de su afán mercantilista, extraviándose a lo largo de un viaje vital que tiene por telón la guerra de los Cien Años.

Tal distorsión resulta conmovedora porque confirma cierta necesidad por parte de los seres humanos, humanos civilizados, por entender lo que nos conviene. En el caso de la Madre Coraje, transforma el egoísmo en altruismo, como demuestra la insistencia por parte de los medios, e incluso establecimientos, por mantener el cuño vivo.

Otro descubrimiento reciente parte de la lectura de El matriarcado, de Johann Jakob Bachofen. Sin ser un estudio atestiguado científica o históricamente, rompe una lanza a favor de esa mítica etapa de nuestro desarrollo de claro gobierno matriarcal.

el matriarcado de bachofen

Entre las tesis que Bachofen desarrolla gracias a, principalmente, la referencia mitológica, se encuentra el rol de las amazonas en las culturas de la antigüedad, consideradas por el antropólogo un fenómeno global, no el concreto que historiadores como Heródoto, Diodoro y otros tantos ubicaron a lo largo de la geografía mediterránea y asiática.

Sea cual sea su impreciso origen, así como el uso posterior por interlocutores tan opuestos como la teoría feminista o la industria hollywoodiense, Bachofen ubica a las amazonas en un estadio de transición entre la ginecocracia y el patriarcado, una respuesta a la degeneración de la primera a causa de la arribada del culto dionisíaco. Con más de sociedad terrorista que de oasis matriarcal, las amazonas se erigen el enésimo malentendido dentro de la evolución de las sociedades primitivas.

La falta de fundamentos históricos convierte las opiniones de Bachofen en una especulación que roza la esterilidad. Habitualmente, es el destino usual de las teorías históricas que parten del mito, aunque su ángulo resulta de interés por las mismas lecturas erróneas que el público hizo de la obra de Brecht. Lecturas erróneas que sobreviven gracias a la perpetuidad del error y que, sin ellas, o desaparecerían o quedarían relegadas al plano de influencia que les corresponde. En el caso de la Madre Coraje, a la esfera teatral; en el de las amazonas, al mitológico. Lo llamativo de todo esto es el interés que despiertan los lost in traslation en la cultura popular.

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Tragedia y modernidad, por Simon Critchley

tragedia y modernidad simon critchley

 Tragedia y modernidad es un in media res dentro del discurso filosófico de Simon Critchley. Un libro menudo dentro la de la colección Mínima Trotta que sirve de tránsito entre las ideas del filósofo británico. Y cuando digo menudo, es pequeño, con dos partes diferenciadas; una puramente ensayística y titulada Filosofía de la tragedia, tragedia de la filosofía y otra a modo de diálogo entre Critchley y Tood Kesselman en el que advertimos la transición realizada por el pensamiento del primero hacia la tragedia griega, previo paso (fructífero) por el humor. Obvio la completa presentación que hace Ramón del Castillo del autor y de su obra, que como guía resulta efectiva aunque, por su extensión, desajuste el protagonismo de Critchley que, como lectores, andamos buscando. Así, Tragedia y modernidad, es la historia de un germen que el propio filósofo anuncia que tendrá un eco de mayor volumen en el futuro.

Sobre el texto en sí, Simon Critchley vira su interés en el humor como herramienta para comprender y sobrevivir a la modernidad hacia la tragedia griega, con ejemplos en torno a la obra de Sófocles y de Eurípides. Así confirma su lucidez interpretativa, con aproximaciones al Edipo Rey y la relación del individuo clásico con la muerte. Una relación para la que existe una educación previa y que, como todo aprendizaje, desemboca en una comprensión concreta de la realidad. Critchley reflexiona sobre el desapego y el apego hacia el final de los finales desde el punto de vista actual. Si bien es cierto que hablar de modernidad en 2014, para los puristas, puede caer en el anacronismo, Crichtley se las ingenia para trasladarse en el tiempo sin levar el ancla en el presente. Para ello, no duda en invocar u opinar sobre narrativas trágicas modernas, como la televisiva The Wire que, por otra parte, lo merezca o no, se ha convertido en sello de autenticidad en diferentes escenarios críticos.

Fuera del marco representado por este ensayo, el interés de Crichtley por vincular inquietudes filosóficas separadas por milenios es lícito, y hasta lógico. Que la herramienta sea la literatura, también. Fue Erich Auerbach quien advirtió tales correlaciones entre los relatos bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento en su ensayo Figura (también disponible en Trotta). De ahí que, más allá de las diferencias entre el pensamiento clásico y el moderno, puedan trazarse líneas coherentes entre ambos. Iría más allá y diría que toda época es susceptible de empacar sus principios y viajar en el tiempo en un movimiento inverso al de la mujer del futuro de Neutrex. La soberbia evolutiva del ser humano fantasea con la idea de aleccionar a sus antecesores. Ya sea ofreciéndoles una botella de lejía revolucionaria o proyectando la ficción al futuro. Recordemos las teorías sobre los avistamientos de ovnis, posibles  visitas de una humanidad en tal estado de avance que disfruta contemplando el pasado tal y como nosotros visitamos la prehistoria gracias al programa El hormiguero.

Desentrañar los dramas del presente a partir de la literatura del pasado es una decisión. Como todo, el éxito depende de nuestra capacidad para traducir (o que nos traduzcan) heroísmo, tragedia, romanticismo o la ideología que mejor se ajuste a la época. La siguiente fase es la descubrir si lo que funciona para el individuo puede trasladarse al colectivo, muy posible, o si en la traducción la esencia se extravía o nos llega adulterada. Por fortuna, en este caso, Simon Critchley es lo bastante lúcido para erigirse intérprete o especulador en temas trágicos.

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El puño de la estrella del norte: summa violentiam en tiempos del pop

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Hokuto no Ken, de título El puño de la estrella del norte en nuestro país, forma parte de aquella primera hornada de mangas que llegaron a Europa a comienzos de los noventa y a raíz del éxito de films como Akira, de Katsuhiro Otomo, o el incombustible Dragon Ball de Akira Toriyama. Sus ecos al pop de los ochenta, así como la ultraviolencia que destiló erigieron a Kenshiro, su protagonista, en uno de los iconos de la revista Weekly Shonen Jump.

Hokuto no Ken es un manga creado por Buronson, pseudónimo de Yoshiyuki Okamura, con dibujos de Tetsuo Hara. La obra narra el viaje de Kenshiro, experto en artes marciales, a través de un mundo postapocalíptico directamente influenciado por la película Mad Max. En el trayecto, Kenshiro se enfrentará a otros artistas marciales, tanto de su escuela como de ajenas, todas ellas caracterizadas por unos estilos de lucha basados en el despiece o la implosión del rival. La premisa es sencilla, propio de los mangas de la época y la creciente industria del videojuego de los ochenta, con una jerarquía de villanos de ascendente poderío que el protagonista derrotará episódicamente.

Esta fórmula en apariencia simple bebe de la tradición marcial japonesa, del héroe solitario que establece vínculos tanto con el pistolero como el héroe caballeresco del Medievo. Protagonista de un viaje de virtud en el que la tentación acecha a cada paso y en el que, como mucho, puede contar con la ayuda de un elenco de secundarios estereotipados o el recuerdo de una amada perdida que insufla regularmente las energías que las batallas restan.

Más allá de estos trazos evidentes, Hokuto no Ken es una obra de narrativa parca, con un protagonista agresivo/pasivo que demuestra especial talento en ambas facetas. Kenshiro es personaje de pobre diálogo, que calla y otorga, y que solo pasa a la acción cuando alguien pone a prueba los valores que, por otra parte, le condujeron al drama en el que vive. Estoico es poco, alrededor de su figura se reúnen siglos de martirios que, inevitablemente, conectan con la figura de Jesucristo.

De ahí que Hokuto no Ken apunte más a la tradición judeocristiana que a la shintoista, budista o cualquier otro credo de las islas japonesas. El suyo es un discurso de herencia anglosajona, libre de prejuicios ya que, por otra parte, el Puño plagia conceptualmente al Max Rockatansky de George Miller. Un producto que, tan solo por su origen australiano, establece un discurso moral periférico que funciona a través de la violencia, ahorrándose cualquier valor de fondo o redenciones prematuras que eluden el conflicto. En Hokuto no Ken, la violencia engendra violencia y se resuelve con violencia. Si existen epifanías o anagnórisis, éstas se darán después de la masacre.

El minimalismo estilístico de la narrativa de El puño de la estrella del norte también es propia de la narración judeocristiana, como Auerbach describe en La sandalia de Ulises, capítulo dentro de su Mímesis en el que compara el estilo homérico con el de los narradores de la Biblia. Frente a la necesidad de las exposiciones retrospectivas para aclarar el detalle, propio del aedo, encontramos a lo largo del Antiguo Testamento una sobriedad que trabaja por la acción. Que en Hokuto no Ken cobren importancia el cuerpo y la sangre de los protagonistas logra que el producto final también se enmarque en una tradición escatológica cristiana.

El puño de la estrella del norte es la historia de un final, un más allá terrenal con aires de purgatorio, y como trayecto por realidades dominadas por polaridades como el bien y el mal, o la virtud y el pecado, entrevemos en el manga ecos dantescos y un carácter de summa que, si bien en Dante aglutinaba tradición intelectual, en Hokuto no Ken se sustituye por violencia. El Puño es una summa violentiam, pues no es extraño encontrarnos en sus entregas las muchas penitencias que han caracterizado a la historia de la humanidad, desde los castigos del Medievo a una estereotipada era arcaica donde los esclavos mueren durante el alzamiento de faraónicos proyectos. Estos sutiles brincos históricos apuntan también a un mito fundacional en el que, curiosamente, en lugar de que el héroe domine el caos potencial, éste se enfrenta a aquellos que establecen el orden en su cara extrema.

La lectura superficial de Hokuto no Ken aporta testosterona y superficialidad moral; la relectura en profundidad resulta aterradora por el catálogo de crueldades con el que la humanidad se ha autoflagelado a lo largo de la historia. Una locura con la que, por otra parte, también se puede establecer ficción de masas.

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Self-publishing hero: una conversación con Isaac Pachón

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café es, aparte de un excelente libro de relatos, un ejemplo de éxito autoeditorial en nuestro país. Su autor, Isaac Pachón, cruzó la línea que divide al escritor del editor con éxito, como atestigua la sexta edición de su antología y las numerosas menciones en prensa, tanto física como online, que el libro acumula desde su aparición en 2015. En 2017, Isaac sumaría a su proyecto editorial Buscando el lado frío de la almohada, otra compilación de relatos tan cuidada y bien recibida como la anterior. Un año después de este segundo lanzamiento, analizamos el balance de la aventura en una conversación que repasa sus éxitos y los principales obstáculos que surgieron durante el proceso.

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Isaac Pachón

El éxito comercial y de difusión de tus obras te convierte en uno de los pocos casos de estudio de la autoedición. ¿Qué lugar ocupa la autoedición en tu trayectoria? ¿Lo ves cómo una puerta de acceso a otros mercados o un terreno a defender por su potencial?

Me resulta curioso, a la par que halagador, ser un caso de estudio por mi trabajo con la autoedición. En mi trayectoria como escritor, autoeditar sin duda ha sido la clave para estar aquí haciendo esta entrevista, así como el haber tenido el privilegio de aparecer en otros medios. Siempre procuro ser sincero cuando hablo de mi propósito inicial cuando decidí editar mis propios libros y te diré que lo hice para poder llegar a una buena editorial. De momento estoy en el buen camino, aunque no hay nada conseguido todavía. En el caso de continuar por este terreno lo haría como hasta ahora, de una manera seria y profesional, y separando, cuando sea conveniente, al escritor del editor.

Entrevistando recientemente al poeta Jaume Muñoz, surgió la condescendencia que entre algunas personas existe hacia este tipo de publicaciones. Aunque no dejan de ser opiniones subjetivas, aún son numerosas. ¿Qué debería cambiar para que la gente pensara distinto y el libro autoeditado se equiparara al tradicional?

A mí me gusta llamarlo “estigma”. Suena muy feo, lo sé, pero es así. Una etiqueta ganada a pulso y que difícilmente conseguirá quitarse de encima el libro autopublicado. El problema es que este tipo de publicaciones son un reflejo de la persona que lo escribe, corrige, edita y distribuye. Hay que reunir muchas cualidades para conseguir un producto que pueda estar a la altura de libros publicados por editoriales, así como contar con los servicios de profesionales en el mundo de la edición para conseguir un resultado lo más óptimo y decente posible. He visto auténticas chapuzas autopublicadas y las seguirán habiendo, no hay filtro que lo evite salvo nuestro propio criterio. También las hay en publicaciones realizadas por editoriales convencionales, aunque los casos son menos habituales.

Otras etiquetas en las que se está poniendo énfasis son “autores indies” y “editoriales independientes”, como si esfuerzos como el tuyo fueran un asalto al sistema o similar. ¿Es un asunto comercial o en realidad los autores autoeditados podrían llegar a formar parte activa de la industria editora?

Hoy te diré que lo veo más bien un tema comercial, mañana quizá responda lo contrario (risas). Y lo pienso así porque la etiqueta “indie” da un toque moderno y genuino. Dentro de una película, disco o libro, como en este caso, firmado por un autor independiente esperas encontrar algo distinto a lo visto hasta el momento, con la libertad que da el no estar sometido a ningún tipo de política editorial. Creo que es bastante complicado que los libros autopublicados sean seria competencia para las grandes editoriales. Mientras tanto, las editoriales independientes hacen lo que buenamente pueden, apostando por la originalidad como clave de su éxito para abrirse un hueco en el mercado.

Hablando de este proceso, la autoedición te ha puesto en contacto con otras fases de la producción libresca, como la maquetación, el diseño de cubiertas o la distribución de las obras. ¿Alguna de ellas te ha sorprendido especialmente hasta el punto de disfrutarla al mismo nivel que la escritura?

Podría decirte que el diseño de cubiertas, por el sencillo motivo de que soy admirador de un gran número de ilustradores, mi vocación frustrada. En mis portadas he contado con el arte de Alfonso Casas y de Javier Rubín Grassa que han realizado grandes trabajos y disfruté mucho siguiendo todo el proceso. Pero nada me llena más que escribir. Editar tu propio libro es un camino bonito, pero en mi caso ha sido por fuerza mayor, aun así he intentado hacerlo de la manera más profesional posible. Por el contrario, la dificultad más grande que he encontrado ha sido la distribución y el trato con algunas librerías que no apuestan por este tipo de publicaciones. Aunque de todo hay que sacar el lado positivo, como haber conocido a muchos libreros con los que contaré seguro para futuros proyectos.

Llegar a las librerías no es sencillo. Llegar a muchas librerías, como en tu caso, más difícil aún. ¿Qué consejos das a los autores y autoras que venden sus novelas a puerta fría? ¿Qué han de cuidar para generar una buena impresión?

No me gusta dar consejos, porque no me creo con la verdad absoluta de nada. Pero explicaré como lo gestioné desde el primer día por si a alguien le sirve de ayuda. Lo primero que hice cuando publiqué “Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café” fue dejar a un lado a mi yo escritor y vestirme con la piel del editor que presenta un producto de una manera fría sin sentimientos de por medio. Las dos primeras librerías que visité me dieron una respuesta negativa a mi pregunta, que siempre era la misma: “Buenos días, mi nombre es Isaac Pachón y vengo a presentaros mi libro para ver si lo podéis tener aquí a la venta”. Sin vergüenza ni dar la sensación de estar mendigando un lugar para tu libro en sus estanterías, pero con educación. Educación y buenos modales al entrar, y educación y agradecimiento al salir, sea cual sea la respuesta, aunque ésta sea un no rotundo. Por otro lado, y por suerte, muchos libreros sí apuestan por este tipo de libros, convirtiéndose así en nuestros primeros padrinos literarios.

Tus libros también pueden encontrarse en Amazon, un terreno fértil para la autoedición. ¿Qué opinión tienes del mundo digital cuando comienzan a oírse voces de que a nivel ventas y difusión tampoco ha sido el revulsivo que la industria del libro esperaba?

Sin números ni estadísticas delante, puedo decirte que a día de hoy el libro digital no es más que otra variedad de lectura, que no es poca cosa. Pero no es competencia seria para el libro en papel, pueden vivir en estas plataformas de una manera paralela y ser fuente de beneficios de igual modo para los mismos sellos editoriales. Hay libros que pueden funcionar muy bien en formato digital y ser otra opción, evitando los costes de imprenta, para el lector. En cambio, hay libros como “Buscando el lado frío de la almohada” que van acompañados de ilustraciones y que son una verdadera pena editar en formato digital, ya que pierden toda su esencia. Este tipo de libros mejor publicarlos solamente en papel.

Y hablando de ebooks, ¿temes a la piratería?

Aunque el tema para las grandes editoriales es algo muy serio, para mí no lo es todavía. Me resulta curioso que alguien quiera descargarse gratis alguno de mis libros, que desde el minuto uno en el que está disponible en la plataforma de venta ya está en varias webs para descarga de libros de manera gratuita. No creo haber perdido muchos beneficios a causa de la piratería, y sí así fuera no me hago mala sangre y espero que los piratas hayan disfrutado de mis historias y que hagan el favor de comprar el próximo.

En la última pregunta quiero preguntarte por tus próximos proyectos. ¿Alguna novedad para este 2018 que me puedas adelantar?

Para este 2018 veo complicado tener publicación nueva, aunque no imposible. Espero en unos meses poder presentar un nuevo libro, una novela muy en la línea de los relatos y de ese juego entre realidad y ficción de mi primer libro. Si será autoeditada o publicada por una editorial tradicional dependerá de varios factores, entre ellos, de la fortuna y de la alineación de los astros. Deséame suerte.

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