Autoeditarme o no autoeditarme: esa no es la cuestión

Si la autoedición ya de por sí despierta demasiados prejuicios externos, peores son los internos, los que el autor asume como ciertos hasta el punto de retornar sus manuscritos al cajón donde, románticamente, los escritores guardamos nuestras obras no publicadas.

Si bien es cierto que los prejuicios internos presentan una base exterior –la idea ha surgido de algún sitio–, al integrarlos se convierten en miedos que solo tú podrás combatir.

Autoeditarme me cerrará las puertas de las editoriales

Es falso. Las puertas de las editoriales están cerradas a todo el mundo. Solo pueden abrirlas aquellas personas directamente vinculadas a la editorial o las que, debido a una serie de causalidades (amistad, recomendación, etc.), reciben la invitación a pasar.

Las editoriales, al menos las que ya tienen ambos pies en este milenio, despliegan otros mecanismos para llegar a los autores. Los grandes grupos cuentan con empleados que realizan este trabajo o confían en las agencias, que representan a la externalización de tales funciones.

Por su parte, las pequeñas editoriales, incluso las que se consideran independientes, trabajan con unos calendarios de publicación medidos al milímetro. Son gente que ha realizado una importante inversión y trabajan sobre seguro –con la hipotética seguridad que ofrece el sector–, no esperan sentados a que les lleguen los manuscritos que les harán millonarios. Sería un suicidio económico.

La autoedición me resta seriedad como escritor/a

Mala cosa. Si piensas que la autoedición será dañina para tu “carrera”, entonces ni lo intentes.

La autoedición lleva siglos en funcionamiento, con mayor o menor visibilidad según la época, aunque es cierto que en los últimos siglos, en directa relación con el asentamiento del capitalismo y sus mercados, se ha vuelto un ejercicio minoritario y hasta cierto punto underground.

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El poeta William Blake autopublicó algunos de sus principales trabajos. Desde la escritura a la impresión, pasando por las ilustraciones y el posterior coloreado.

Aunque la edición de libros convencional emplee sujetos, recuerda que esos sujetos y sus obras son productos, así que, en caso de convertirte en el próximo bombazo literario de la década, tu bagaje autodidacta te beneficiará. Serás un caso de éxito que otras tantas personas tendrán en cuenta a la hora de dar a conocer sus propios proyectos.

Olvida la imagen del autor de sanctasanctórum, el intelectual que cuando habla sube el pan. O pertenecen a otra época o a ambientes académicos que nada tienen que ver con la industria del entretenimiento a la que se adhiere el grueso de la literatura actual.

Autoeditarme desperdiciará mi novela

Es probable, ya que una vez la edites y la difundas perderá todo su valor para las editoriales. Incluso aunque sea un hit y la reedición en un sello con más alcance fuera factible, es probable que ningún editor la quiera en su catálogo.

Cuando decidí autoeditarme, principalmente en el caso de Varón de multiforme ingenio, sabía que la novela jamás entraría en el circuito. Y bien que hice, porque mientras la mantuviera en el dichoso cajón, seguiría revisándola, cambiado comas y buscando sinónimos que, a modo de fórmula mágica, la hicieran más atractiva.

En el momento en que editas tu novela, adiós muy buenas, pasas a otros temas.

Se supone que te gusta escribir, que las ideas se acumulan en tu cabeza a la espera de plasmarlas sobre el papel. Si tu relación con el mundo editorial consiste en pegar el zambombazo y, ya animado, ponerte a escribir de nuevo, pasarán años y años hasta que se te presente la oportunidad.

Las historias de autores prestigiosos que sufrieron hasta cien rechazos de sus novelas son solo eso, anécdotas que alimentan blogs literarios.

En conclusión, al escritor no lo hacen sus libros publicados en las grandes editoriales, sino el grueso de su carrera, el discurso que plantea a lo largo de sus obras. Artes como el cine tienen esta realidad mejor integrada y todos aceptamos los cortos amateurs de un director como parte de su trayectoria. La autoedición es un ejercicio similar, radica en la necesidad de empezar a contar tus historias ya y encontrar a aquellas personas que serán tu público.

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Diseñar la cubierta de un libro autoeditado

El siguiente post de mi improvisada serie sobre autoedición gira en torno al diseño de la cubierta de tu libro. Dije en un artículo anterior que la maquetación del libro podía ser, hasta cierto punto, sencilla. La cubierta adquiere un cariz distinto.

Cómo diseñar la cubierta de un libro siendo un autodidacta

La clave para que tu cubierta luzca llamativa radica en la profesionalidad que pongas a la tarea. Entiendo que desconoces el oficio de diseñador pero que eres capaz de arremangarte y aprender ciertas nociones del Photoshop, InDesign o sus equivalentes gratuitos (que obtienen idénticos resultados).

Una vez invertido ese tiempo, ha llegado el momento de conceptualizar el trabajo. ¿Por dónde irán los tiros? ¿La cubierta reflejará el contenido del libro o el título, o no piensas darle al coco y simplemente quieres hacer de tu libro un objeto atractivo?

En ‘Follow this thread’, el diseño de Elena Giavaldi trabaja con el concepto de laberinto y el mito del hilo de Ariadna.

En todos los casos, tiene que existir coherencia. Si tu libro trata sobre relaciones familiares, recurre a elementos que evoquen familias. Si estas relaciones son agridulces, trabaja con colores fríos. Reduce a una mínima expresión los elementos que se pasearán por la cubierta y pronto tendrás dos o tres ideas fuertes con las que trabajar.

Eso sí, evita que sean más de dos o tres, pues un exceso de conceptos puede dañar el mensaje. Recuerda que eres un amateur. Deja la catedrales góticas a los profesionales.

Elementos que automáticamente harán tu cubierta más atractiva

Si por mucho que lees sobre teoría del diseño o del color, el resultado sigue apestando, apuesta por las imágenes.

Las fotografías nunca fallan. La industria literaria tira de ellas constantemente. Sí que es cierto que trabajan mucho sobre el collage de fotos, pero no debería preocuparte; con una foto vistosa y unas tipografías bien integradas, será suficiente.

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Ejemplo de fotografía e integración de la tipografía. Diseño de Rob Grom.

Rebusca por webs como Unsplash y otras tantas que trabajan con fotografías naturales y procesadas (los filtros cálidos que otorgan a las imágenes ese aire vintage que no pasa de moda). Además, la mayoría de estas fotos ya incluyen cierta narrativa que podrás explotar. Selecciónalas por temáticas y, una vez más, ten en consideración título y contenido.

El segundo elemento clave son las tipografías. Evita las que habitualmente empleas e invierte otra hora en seleccionar unas cuantas de repositorios como Dafont, Google Fonts, etc. El segundo es muy útil aunque incluya numerosas tipografías orientadas al diseño web (más que el editorial). No te olvides de escoger aquellas que incorporan acentos, por si quisieras emplearlas en notas de prensa o en tu página web de autor.

La parte de la integración de estos dos elementos es la más complicada de todas. Antes de enrollarme más, considera lo siguiente a la hora de diseñar la cubierta de un libro:

  • Escoge fotografías con marcados contrastes. Podrás aprovechar las zonas oscuras para ubicar tu nombre y el título de la obra.
  • Evita que el título parezca enganchado a la imagen con cambios de opacidad en las letras o la aplicación sutil de texturas que hermanen ambos niveles.
  • Ten en cuenta la temática del libro a la hora de seleccionar las tipografías. Algunas aluden inconscientemente a ciertos géneros.
diseñar la cubierta de un libro

La imagen que escojas puede hacer llorar de emoción o de miedo.

Y no tendrías que preocuparte de mucho más, salvo de aplicar el estilo que has decidido al lomo y a la contracubierta. Si la fotografía era apaisada, aprovéchala y que cubra por completo el libro. Eso sí, cuidado con el lomo; te interesa que el título esté bien visible.

En mi experiencia, abogo por un lomo de color blanco o un color claro en relación con los colores empleados en la cubierta. Evita el fondo negro, a no ser que la tipografía sea lo bastante llamativa como para contrastarlo. Tampoco trabajes con colores puros. En el caso del citado negro, bájale sutilmente el tono para que no cante tras la impresión.


Portada:  freddie marriage
Imágenes interiores: Mike Scheid y Tom Roberts en Unsplash

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Consejos previos a una autoedición exitosa

Estaremos de acuerdo que el principal objetivo tras la autoedición de un libro es el placer de contemplar la obra en un formato sólido, tradicional y vendible.

Los cántaros de la lechera llegan después, cuando especulas con el éxito de la novela, ensayo, poemario, etc. y sientes el cosquilleo de la fama y la riqueza en el cogote.

Como abogado del diablo, rol en el que me siento cómodo, ya te puedo asegurar que la mayoría de esas pretensiones son carencias afectivas. En la actualidad, que yo sepa, el grupo de escribientes que se gana la vida con la producción de ficciones es mínimo. Casi siempre son figuras que pululan por realidades periféricas a la literatura, como la docencia (otro terreno donde tampoco llueven los millones) o el periodismo, donde agentes y editoriales reparten a sus protegidos por la prensa y otros canales. Y la verdad es que no tiene nada de malo, es una realidad. Una de muchas que, si las asumes, te permiten enfocar las fuerzas en direcciones más productivas.

Primer consejo: la autoedición cuesta dinero

Seguimos con las malas noticias. Si la edición de libros trabaja con márgenes pequeños, ¿de qué sirve invertir mis ahorros en ella?

Volvemos a la satisfacción personal, al gesto irónico, muy en la onda de Schlegel y sus compañeros románticos de ir a por los grandes abstractos a toda costa, aunque sepamos que es imposible aprehenderlos con nuestra limitada percepción del mundo. Con este ejercicio ocurre lo mismo, sabes que es una causa en la que vas a palmar pasta aunque, si te lo montas bien, probablemente la recuperarás con los ejemplares que vendas durante el lanzamiento y los ejemplares que coloques en plataformas de edición digital. Es un goteo, un proceso lento, no exento de agradables sorpresas.

Friedrich von Schlegel

Friedrich von Schlegel

Cuando digo que la edición cuesta dinero hablo de los costes que un producto bien finalizado implica. Sabrás escribir bien y puede que sea la quinta revisión de la obra que hagas, pero nunca estaría de más recurrir a un profesional que revise el resultado. Lo mismo puede decirse de la cubierta del libro y otros factores del proceso de producción en los que seas menos ducho.

Naturalmente, puedes encargarte tú misma de las diferentes fases de la edición. Todo dependerá del tiempo que emplees para formarte y, naturalmente, y volviendo al diseño de la cubierta, el talento que muestres para estas facetas que nunca te planteaste explorar.

Hasta los hombres orquesta tienen que comprar instrumentos, así que, por mucho que sepas de corrección, de diseño editorial o de marketing, se te pueden ir, como mínimo, unos 200-300 euros en la edición de cincuenta ejemplares. ¿U olvidaste que las novelas impresas requieren un ISBN?

Segundo consejo: la autoedición cuesta tiempo

Pero nunca será tanto como el que invertiste al escribir tu novela.

Maquetar un libro de ficción está entre las tareas más sencillas para un profesional del diseño. Repito: un profesional. En tu caso, que lo serás temporalmente y por necesidad, la cosa puede requerir unos días más.

Hablo de sencillez porque el libro de ficción tradicional no suele trabajar con imágenes interiores. Tampoco presenta múltiples estilos salvo los habituales y presentes en texto y títulos.

El mayor desafío lo plantean las herramientas que emplearás. Cualquier software, ya sea de pago o de licencia libre requiere de un aprendizaje. Olvídate de la empatía que mostramos hacia la tecnología. Hay gente con años de experiencia en el uso de InDesign, todo lo que consigas “trasteando” jamás estará a la altura de un resultado profesional.

Otra fuente de inversión de tiempo son las necesarias correcciones de la novela. El ir punto por punto, coma por coma, tras los gazapos. En caso de que cargues con la responsabilidad, ten en cuenta que revisas un texto que ha nacido de tu cabeza, tienes claro lo que quieres explicar, así que es sencillo pasar por alto un artículo o una coma que debería estar ahí. Otro factor en contra es la pérdida de atención que hemos experimentado tras años de consumo de textos en Internet, la famosa lectura en diagonal que puede que estés haciendo con este artículo.

Mi consejo es que trabajes con un calendario, que establezcas fechas y todo eso. No eres una editorial, autoeditar tu novela es algo secundario. Tienes familia, trabajo, incluso resacas a las que atender, así que, asúmelo, el toro te pillará a la que bajes la guardia. Otra cosa es que te lo tomes en plan “lo importante es el camino”.

Tercer consejo: la autoedición es un proceso de aprendizaje

Probablemente, tu primera obra editada no saldrá tan bien como esperas. Siempre aparecen sorpresas de última hora que, aunque irritan en su momento, a la larga se convierten en experiencia.

Con la segunda novela que publiques. Surgirán imprevistos que no contemplaste en la primera, así como dolores de cabeza nuevos y otros que dieron muchísima guerra anteriormente y que ahora pasan como gajes del oficio.

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La dignificación de las lenguas SEO

Hablar de posicionamiento en buscadores dentro del entorno literario deriva con facilidad en la diferenciación entre objetos y productos literarios. No entraré en ella, pues considero que las obras inscritas en ambas categorías responden a diferentes necesidades tanto iniciales como finales. Lo importante, en cualquier caso, es describir las consecuencias que la divulgación de esos trabajos y de sus autores tiene en la red, en especial, ese amplio grupo de escritores y escritoras que responden a la, en demasiadas ocasiones denostada, etiqueta de autores independientes.

¿Qué es un autor independiente?

A mi parecer, es todo aquel escritor fuera del circuito editorial. Lo contrario a la persona cuyo manuscrito es seleccionado por una editorial y, tras una serie de procesos de revisión y pulido de forma y contenido, resultan en la cara visible tras el libro que adquieres en tu librería favorita.

Los autores independientes, al igual que las editoriales calificadas con el mismo adjetivo, replican este modelo con medios limitados, modestos, incluso paupérrimos, de ahí que el resultado, en la mayoría de casos, brille con menos intensidad de la deseada y, por ello, el alcance de ese brillo sea también inferior.

Por suerte para todos los autores independientes, grupo en el que también me incluyo, Internet ha creado circuitos alternativos por los que esas obras circulan, en algunos casos, al mismo nivel que los más reputados best-sellers. Aun así, esos casos son contados y presentan una casuística rocambolesca, donde el autor sorprendido por el éxito sirve de referente a la hora de defender la viavilidad del sector al que representa.

El papel del SEO en la vida del escritor independiente

El SEO (Search engine optimization) es una de las herramientas cruciales para el autor independiente. Quizá esté en un tercer o cuarto puesto en crucialidad, por debajo de una fuerte presencia en redes sociales (estrechamente ligada al SEO) y, naturalmente, la calidad literaria de su novela o poemario.

El posicionamiento es necesario porque, de no cumplir con una serie de consignas estandarizadas, cualquier intento de hacerse visible en Internet puede caer en saco roto.

No entraré aquí en el posicionamiento dentro de marketplaces como Amazon, donde las leyes de Google cambian por completo. Me ceñiré a esta estrella entre los buscadores, un monstruo que reclama contenidos constantemente, por otra parte, algo que los escritores deberíamos saber hacer.

A grandes rasgos: a más y mejores contenidos, más alta la posición que nuestra web alcanzará en los resultados de búsqueda. Aunque aquí surge una pregunta: ¿Qué contenidos debo generar y a qué aspiro con ellos?

Las palabras clave

Las palabras clave definen los conceptos por los que nuestra web competirá en Internet. Para una marca es sencillo, ya que trabajan con productos. ¿Pero qué ocurre con los escritores? Fácil, pueden trabajar por su marca personal o por cualquiera de los títulos de sus novelas. El problema (porque no podía ser tan sencillo) es que nadie, salvo tus familiares y amigos (y tú mismo/a, no nos engañemos), te buscará por tu nombre o pseudónimo.

Los vicios de las palabras clave

Ocurre en todos los sectores: la búsqueda de palabras clave dentro de un nicho tiende a la afectación, a escoger para las entradas de nuestro blog o sección de noticias temas que, o no nos representan, o cuestan de integrar en un párrafo de texto. El drama se dispara cuando trabajamos con long tail keywords, combinaciones de palabras clave de gran extensión. Son las de más fácil reconocimiento, pues como toda palabra clave, aparece en títulos, primera línea del artículo y en cualquier subtítulo en el que se divida el texto.

La culpa de tal afectación recae en un plugin de WordPress (el CMS más utilizado a día de hoy) llamado Yoast SEO (o cualquier otra herramienta que realice la misma función).

Yoast SEO incluye en cada post una lista de acciones recomendadas. De seguirlas a pies juntillas, Google tratará mejor tu página web cuando ande a la caza de contenido relevante. Lamentablemente, y en muchas ocasiones, aplicar todos los consejos que proporciona la herramienta promociona la afectación.

Como el escritor independiente está por lo que está y tampoco es un experto en posicionamiento, los consejos de Yoast van a misa y no tarda en dar el cante ante sus lectores serios.

Por eso, el sector que más ahonda en el SEO dentro del sector literario es el didáctico: todos esos blogs que nos enseñan a escribir más y mejor, a construir diálogos creíbles y personajes inolvidables. En tales casos, las keywords tienen sentido pero esconden oscuros intereses.

El interés económico tras los blogs literarios

Cuando hablo de blogs literarios, me refiero a todos aquellos que tratan la literatura como un producto de consumo. Los blogs y magazines académicos y de crítica literaria (no reseña) quedan al margen, pues siguen reglas distintas. También los blogs de poetas o relatistas que ofrecen sus creaciones al margen de la tiranía del SEO (pero que también pueden desarrollarlo con menor intensidad).

Los blogs literarios saben que escriben textos de rápido consumo (o nulo consumo) que apunta a palabras clave con elevadas impresiones (las veces que el término aparece en las búsquedas) y que apuntan a las ilusiones de muchas personas por despuntar en su género o que, simplemente, buscan guía en sus primeros pasos por la escritura.

Cada vez que alguien realiza la búsqueda, por poner un ejemplo, “cómo vivir de la escritura” y hace clic en los primeros resultados que Google le ofrece, esa web hace dinero. Dinero en el momento en que visualizas un banner publicitario, más dinero cuando haces clic en el citado banner y, rizando el rizo, cuando contratas cualquiera de los servicios que ofrecen los profesionales tras estos consejos.

La responsabilidad de los escritores independientes

Al igual que ocurriera siglos atrás con la dignificación de las lenguas comunes, gesto iniciado por autores como Dante y, en nuestras tierras, por una cadena de poetas que desemboca en Góngora, la lengua del SEO merece especial pulimento.

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Dante Alighieri, más que autor independiente, genio independiente.

El concepto tras el que ando es la construcción de textos donde las palabras clave no canten de buenas a primeras. Si cantan, el texto fracasa; si fracasan tus textos, fracasa la credibilidad de tu página personal.

Llegados a este punto, podrías preguntarte por qué demonios tengo que posicionar mi web y, para más inri, a través de este método más propio del copywriting. La respuesta es por tu carrera profesional. Te las des de indie o andes en busca del brazo protector de una editorial, necesitas que la gente te lea y tu trabajo guste. En el primero de los casos, obtendrás la audencia que, en otras circunstancias, tendrías que currarte a golpe de talonario; en el segundo, se dice y se cuenta que los grandes grupos editoriales buscan gente que, aparte de escribir bien, lo pete socialmente. Si aún no te has dado cuenta, así funciona el mundo, al menos así funcionó 2018 y así funcionará con algunos matices 2019. Así que, por muy independiente que seas, aquí has encontrado tu primera dependencia.

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Lecturas superficiales sobre El Matriarcado de Bachofen

Los objetos literarios sufren distorsiones cuando la lectura es superficial. Lo descubrí este año al leer y, posteriormente, analizar la obra de Bertolt Brecht Madre Coraje y sus hijos. De ella deriva el concepto de la madre abnegada que hace cualquier cosa por su descendencia. Concepto errado, ya que la protagonista de la pieza resulta antagónica a tal principio, pues sus hijos, a lo largo del texto, sufren las consecuencias de su afán mercantilista, extraviándose a lo largo de un viaje vital que tiene por telón la guerra de los Cien Años.

Tal distorsión resulta conmovedora porque confirma cierta necesidad por parte de los seres humanos, humanos civilizados, por entender lo que nos conviene. En el caso de la Madre Coraje, transforma el egoísmo en altruismo, como demuestra la insistencia por parte de los medios, e incluso establecimientos, por mantener el cuño vivo.

Otro descubrimiento reciente parte de la lectura de El matriarcado, de Johann Jakob Bachofen. Sin ser un estudio atestiguado científica o históricamente, rompe una lanza a favor de esa mítica etapa de nuestro desarrollo de claro gobierno matriarcal.

el matriarcado de bachofen

Entre las tesis que Bachofen desarrolla gracias a, principalmente, la referencia mitológica, se encuentra el rol de las amazonas en las culturas de la antigüedad, consideradas por el antropólogo un fenómeno global, no el concreto que historiadores como Heródoto, Diodoro y otros tantos ubicaron a lo largo de la geografía mediterránea y asiática.

Sea cual sea su impreciso origen, así como el uso posterior por interlocutores tan opuestos como la teoría feminista o la industria hollywoodiense, Bachofen ubica a las amazonas en un estadio de transición entre la ginecocracia y el patriarcado, una respuesta a la degeneración de la primera a causa de la arribada del culto dionisíaco. Con más de sociedad terrorista que de oasis matriarcal, las amazonas se erigen el enésimo malentendido dentro de la evolución de las sociedades primitivas.

La falta de fundamentos históricos convierte las opiniones de Bachofen en una especulación que roza la esterilidad. Habitualmente, es el destino usual de las teorías históricas que parten del mito, aunque su ángulo resulta de interés por las mismas lecturas erróneas que el público hizo de la obra de Brecht. Lecturas erróneas que sobreviven gracias a la perpetuidad del error y que, sin ellas, o desaparecerían o quedarían relegadas al plano de influencia que les corresponde. En el caso de la Madre Coraje, a la esfera teatral; en el de las amazonas, al mitológico. Lo llamativo de todo esto es el interés que despiertan los lost in traslation en la cultura popular.

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Tragedia y modernidad, por Simon Critchley

 tragedia y modernidad simon critchleyTragedia y modernidad es un in media res dentro del discurso filosófico de Simon Critchley. Un libro menudo dentro la de la colección Mínima Trotta que sirve de tránsito entre las ideas del filósofo británico. Y cuando digo menudo, es pequeño, con dos partes diferenciadas; una puramente ensayística y titulada Filosofía de la tragedia, tragedia de la filosofía y otra a modo de diálogo entre Critchley y Tood Kesselman en el que advertimos la transición realizada por el pensamiento del primero hacia la tragedia griega, previo paso (fructífero) por el humor. Obvio la completa presentación que hace Ramón del Castillo del autor y de su obra, que como guía resulta efectiva aunque, por su extensión, desajuste el protagonismo de Critchley que, como lectores, andamos buscando. Así, Tragedia y modernidad, es la historia de un germen que el propio filósofo anuncia que tendrá un eco de mayor volumen en el futuro.

Sobre el texto en sí, Simon Critchley vira su interés en el humor como herramienta para comprender y sobrevivir a la modernidad hacia la tragedia griega, con ejemplos en torno a la obra de Sófocles y de Eurípides. Así confirma su lucidez interpretativa, con aproximaciones al Edipo Rey y la relación del individuo clásico con la muerte. Una relación para la que existe una educación previa y que, como todo aprendizaje, desemboca en una comprensión concreta de la realidad. Critchley reflexiona sobre el desapego y el apego hacia el final de los finales desde el punto de vista actual. Si bien es cierto que hablar de modernidad en 2014, para los puristas, puede caer en el anacronismo, Crichtley se las ingenia para trasladarse en el tiempo sin levar el ancla en el presente. Para ello, no duda en invocar u opinar sobre narrativas trágicas modernas, como la televisiva The Wire que, por otra parte, lo merezca o no, se ha convertido en sello de autenticidad en diferentes escenarios críticos.

Fuera del marco representado por este ensayo, el interés de Crichtley por vincular inquietudes filosóficas separadas por milenios es lícito, y hasta lógico. Que la herramienta sea la literatura, también. Fue Erich Auerbach quien advirtió tales correlaciones entre los relatos bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento en su ensayo Figura (también disponible en Trotta). De ahí que, más allá de las diferencias entre el pensamiento clásico y el moderno, puedan trazarse líneas coherentes entre ambos. Iría más allá y diría que toda época es susceptible de empacar sus principios y viajar en el tiempo en un movimiento inverso al de la mujer del futuro de Neutrex. La soberbia evolutiva del ser humano fantasea con la idea de aleccionar a sus antecesores. Ya sea ofreciéndoles una botella de lejía revolucionaria o proyectando la ficción al futuro. Recordemos las teorías sobre los avistamientos de ovnis, posibles  visitas de una humanidad en tal estado de avance que disfruta contemplando el pasado tal y como nosotros visitamos la prehistoria gracias al programa El hormiguero.

Desentrañar los dramas del presente a partir de la literatura del pasado es una decisión. Como todo, el éxito depende de nuestra capacidad para traducir (o que nos traduzcan) heroísmo, tragedia, romanticismo o la ideología que mejor se ajuste a la época. La siguiente fase es la descubrir si lo que funciona para el individuo puede trasladarse al colectivo, muy posible, o si en la traducción la esencia se extravía o nos llega adulterada. Por fortuna, en este caso, Simon Critchley es lo bastante lúcido para erigirse intérprete o especulador en temas trágicos.

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El puño de la estrella del norte: summa violentiam en tiempos del pop

Hokuto no Ken, de título El puño de la estrella del norte en nuestro país, forma parte de aquella primera hornada de mangas que llegaron a Europa a comienzos de los noventa y a raíz del éxito de films como Akira, de Katsuhiro Otomo, o el incombustible Dragon Ball de Akira Toriyama. Sus ecos al pop de los ochenta, así como la ultraviolencia que destiló erigieron a Kenshiro, su protagonista, en uno de los iconos de la revista Weekly Shonen Jump.

Hokuto no Ken es un manga creado por Buronson, pseudónimo de Yoshiyuki Okamura, con dibujos de Tetsuo Hara. La obra narra el viaje de Kenshiro, experto en artes marciales, a través de un mundo postapocalíptico directamente influenciado por la película Mad Max. En el trayecto, Kenshiro se enfrentará a otros artistas marciales, tanto de su escuela como de ajenas, todas ellas caracterizadas por unos estilos de lucha basados en el despiece o la implosión del rival. La premisa es sencilla, propio de los mangas de la época y la creciente industria del videojuego de los ochenta, con una jerarquía de villanos de ascendente poderío que el protagonista derrotará episódicamente.

Esta fórmula en apariencia simple bebe de la tradición marcial japonesa, del héroe solitario que establece vínculos tanto con el pistolero como el héroe caballeresco del Medievo. Protagonista de un viaje de virtud en el que la tentación acecha a cada paso y en el que, como mucho, puede contar con la ayuda de un elenco de secundarios estereotipados o el recuerdo de una amada perdida que insufla regularmente las energías que las batallas restan.

Más allá de estos trazos evidentes, Hokuto no Ken es una obra de narrativa parca, con un protagonista agresivo/pasivo que demuestra especial talento en ambas facetas. Kenshiro es personaje de pobre diálogo, que calla y otorga, y que solo pasa a la acción cuando alguien pone a prueba los valores que, por otra parte, le condujeron al drama en el que vive. Estoico es poco, alrededor de su figura se reúnen siglos de martirios que, inevitablemente, conectan con la figura de Jesucristo.

De ahí que Hokuto no Ken apunte más a la tradición judeocristiana que a la shintoista, budista o cualquier otro credo de las islas japonesas. El suyo es un discurso de herencia anglosajona, libre de prejuicios ya que, por otra parte, el Puño plagia conceptualmente al Max Rockatansky de George Miller. Un producto que, tan solo por su origen australiano, establece un discurso moral periférico que funciona a través de la violencia, ahorrándose cualquier valor de fondo o redenciones prematuras que eluden el conflicto. En Hokuto no Ken, la violencia engendra violencia y se resuelve con violencia. Si existen epifanías o anagnórisis, éstas se darán después de la masacre.

El minimalismo estilístico de la narrativa de El puño de la estrella del norte también es propia de la narración judeocristiana, como Auerbach describe en La sandalia de Ulises, capítulo dentro de su Mímesis en el que compara el estilo homérico con el de los narradores de la Biblia. Frente a la necesidad de las exposiciones retrospectivas para aclarar el detalle, propio del aedo, encontramos a lo largo del Antiguo Testamento una sobriedad que trabaja por la acción. Que en Hokuto no Ken cobren importancia el cuerpo y la sangre de los protagonistas logra que el producto final también se enmarque en una tradición escatológica cristiana.

El puño de la estrella del norte es la historia de un final, un más allá terrenal con aires de purgatorio, y como trayecto por realidades dominadas por polaridades como el bien y el mal, o la virtud y el pecado, entrevemos en el manga ecos dantescos y un carácter de summa que, si bien en Dante aglutinaba tradición intelectual, en Hokuto no Ken se sustituye por violencia. El Puño es una summa violentiam, pues no es extraño encontrarnos en sus entregas las muchas penitencias que han caracterizado a la historia de la humanidad, desde los castigos del Medievo a una estereotipada era arcaica donde los esclavos mueren durante el alzamiento de faraónicos proyectos. Estos sutiles brincos históricos apuntan también a un mito fundacional en el que, curiosamente, en lugar de que el héroe domine el caos potencial, éste se enfrenta a aquellos que establecen el orden en su cara extrema.

La lectura superficial de Hokuto no Ken aporta testosterona y superficialidad moral; la relectura en profundidad resulta aterradora por el catálogo de crueldades con el que la humanidad se ha autoflagelado a lo largo de la historia. Una locura con la que, por otra parte, también se puede establecer ficción de masas.

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Self-publishing hero: una conversación con Isaac Pachón

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café es, aparte de un excelente libro de relatos, un ejemplo de éxito autoeditorial en nuestro país. Su autor, Isaac Pachón, cruzó la línea que divide al escritor del editor con éxito, como atestigua la sexta edición de su antología y las numerosas menciones en prensa, tanto física como online, que el libro acumula desde su aparición en 2015. En 2017, Isaac sumaría a su proyecto editorial Buscando el lado frío de la almohada, otra compilación de relatos tan cuidada y bien recibida como la anterior. Un año después de este segundo lanzamiento, analizamos el balance de la aventura en una conversación que repasa sus éxitos y los principales obstáculos que surgieron durante el proceso.

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El éxito comercial y de difusión de tus obras te convierte en uno de los pocos casos de estudio de la autoedición. ¿Qué lugar ocupa la autoedición en tu trayectoria? ¿Lo ves cómo una puerta de acceso a otros mercados o un terreno a defender por su potencial?

Me resulta curioso, a la par que halagador, ser un caso de estudio por mi trabajo con la autoedición. En mi trayectoria como escritor, autoeditar sin duda ha sido la clave para estar aquí haciendo esta entrevista, así como el haber tenido el privilegio de aparecer en otros medios. Siempre procuro ser sincero cuando hablo de mi propósito inicial cuando decidí editar mis propios libros y te diré que lo hice para poder llegar a una buena editorial. De momento estoy en el buen camino, aunque no hay nada conseguido todavía. En el caso de continuar por este terreno lo haría como hasta ahora, de una manera seria y profesional, y separando, cuando sea conveniente, al escritor del editor.

Entrevistando recientemente al poeta Jaume Muñoz, surgió la condescendencia que entre algunas personas existe hacia este tipo de publicaciones. Aunque no dejan de ser opiniones subjetivas, aún son numerosas. ¿Qué debería cambiar para que la gente pensara distinto y el libro autoeditado se equiparara al tradicional?

A mí me gusta llamarlo “estigma”. Suena muy feo, lo sé, pero es así. Una etiqueta ganada a pulso y que difícilmente conseguirá quitarse de encima el libro autopublicado. El problema es que este tipo de publicaciones son un reflejo de la persona que lo escribe, corrige, edita y distribuye. Hay que reunir muchas cualidades para conseguir un producto que pueda estar a la altura de libros publicados por editoriales, así como contar con los servicios de profesionales en el mundo de la edición para conseguir un resultado lo más óptimo y decente posible. He visto auténticas chapuzas autopublicadas y las seguirán habiendo, no hay filtro que lo evite salvo nuestro propio criterio. También las hay en publicaciones realizadas por editoriales convencionales, aunque los casos son menos habituales.

Otras etiquetas en las que se está poniendo énfasis son “autores indies” y “editoriales independientes”, como si esfuerzos como el tuyo fueran un asalto al sistema o similar. ¿Es un asunto comercial o en realidad los autores autoeditados podrían llegar a formar parte activa de la industria editora?

Hoy te diré que lo veo más bien un tema comercial, mañana quizá responda lo contrario (risas). Y lo pienso así porque la etiqueta “indie” da un toque moderno y genuino. Dentro de una película, disco o libro, como en este caso, firmado por un autor independiente esperas encontrar algo distinto a lo visto hasta el momento, con la libertad que da el no estar sometido a ningún tipo de política editorial. Creo que es bastante complicado que los libros autopublicados sean seria competencia para las grandes editoriales. Mientras tanto, las editoriales independientes hacen lo que buenamente pueden, apostando por la originalidad como clave de su éxito para abrirse un hueco en el mercado.

Hablando de este proceso, la autoedición te ha puesto en contacto con otras fases de la producción libresca, como la maquetación, el diseño de cubiertas o la distribución de las obras. ¿Alguna de ellas te ha sorprendido especialmente hasta el punto de disfrutarla al mismo nivel que la escritura?

Podría decirte que el diseño de cubiertas, por el sencillo motivo de que soy admirador de un gran número de ilustradores, mi vocación frustrada. En mis portadas he contado con el arte de Alfonso Casas y de Javier Rubín Grassa que han realizado grandes trabajos y disfruté mucho siguiendo todo el proceso. Pero nada me llena más que escribir. Editar tu propio libro es un camino bonito, pero en mi caso ha sido por fuerza mayor, aun así he intentado hacerlo de la manera más profesional posible. Por el contrario, la dificultad más grande que he encontrado ha sido la distribución y el trato con algunas librerías que no apuestan por este tipo de publicaciones. Aunque de todo hay que sacar el lado positivo, como haber conocido a muchos libreros con los que contaré seguro para futuros proyectos.

Llegar a las librerías no es sencillo. Llegar a muchas librerías, como en tu caso, más difícil aún. ¿Qué consejos das a los autores y autoras que venden sus novelas a puerta fría? ¿Qué han de cuidar para generar una buena impresión?

No me gusta dar consejos, porque no me creo con la verdad absoluta de nada. Pero explicaré como lo gestioné desde el primer día por si a alguien le sirve de ayuda. Lo primero que hice cuando publiqué “Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café” fue dejar a un lado a mi yo escritor y vestirme con la piel del editor que presenta un producto de una manera fría sin sentimientos de por medio. Las dos primeras librerías que visité me dieron una respuesta negativa a mi pregunta, que siempre era la misma: “Buenos días, mi nombre es Isaac Pachón y vengo a presentaros mi libro para ver si lo podéis tener aquí a la venta”. Sin vergüenza ni dar la sensación de estar mendigando un lugar para tu libro en sus estanterías, pero con educación. Educación y buenos modales al entrar, y educación y agradecimiento al salir, sea cual sea la respuesta, aunque ésta sea un no rotundo. Por otro lado, y por suerte, muchos libreros sí apuestan por este tipo de libros, convirtiéndose así en nuestros primeros padrinos literarios.

Tus libros también pueden encontrarse en Amazon, un terreno fértil para la autoedición. ¿Qué opinión tienes del mundo digital cuando comienzan a oírse voces de que a nivel ventas y difusión tampoco ha sido el revulsivo que la industria del libro esperaba?

Sin números ni estadísticas delante, puedo decirte que a día de hoy el libro digital no es más que otra variedad de lectura, que no es poca cosa. Pero no es competencia seria para el libro en papel, pueden vivir en estas plataformas de una manera paralela y ser fuente de beneficios de igual modo para los mismos sellos editoriales. Hay libros que pueden funcionar muy bien en formato digital y ser otra opción, evitando los costes de imprenta, para el lector. En cambio, hay libros como “Buscando el lado frío de la almohada” que van acompañados de ilustraciones y que son una verdadera pena editar en formato digital, ya que pierden toda su esencia. Este tipo de libros mejor publicarlos solamente en papel.

Y hablando de ebooks, ¿temes a la piratería?

Aunque el tema para las grandes editoriales es algo muy serio, para mí no lo es todavía. Me resulta curioso que alguien quiera descargarse gratis alguno de mis libros, que desde el minuto uno en el que está disponible en la plataforma de venta ya está en varias webs para descarga de libros de manera gratuita. No creo haber perdido muchos beneficios a causa de la piratería, y sí así fuera no me hago mala sangre y espero que los piratas hayan disfrutado de mis historias y que hagan el favor de comprar el próximo.

En la última pregunta quiero preguntarte por tus próximos proyectos. ¿Alguna novedad para este 2018 que me puedas adelantar?

Para este 2018 veo complicado tener publicación nueva, aunque no imposible. Espero en unos meses poder presentar un nuevo libro, una novela muy en la línea de los relatos y de ese juego entre realidad y ficción de mi primer libro. Si será autoeditada o publicada por una editorial tradicional dependerá de varios factores, entre ellos, de la fortuna y de la alineación de los astros. Deséame suerte.

 

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La verdad (o parte de la verdad) tras los consejos para escritores

Uno de los temas estrellas de este blog son los consejos para escritores que últimamente se prodigan en la red. Tampoco es que sea algo nuevo, pero 2017 vio numerosos ejemplos en alza que, oficialmente, establecen tendencia.

En mi caso, me costó entender el formato de algunos de ellos, en especial los que intercalan la construcción de personajes con consejos gramaticales y ortográficos de enseñanza secundaria. Más tarde, entendí que el grueso de las personas que se plantan ante el ordenador con interés literario no necesariamente trabajan por la literatura. En algunos, muchos casos, sus obras son ejercicios continuistas de una tradición que ya hace tiempo dio sus mejores frutos. Tales autores, si bien pueden desarrollar apasionantes historias, se aproximan peligrosamente al producto libresco, por lo que sus obras requieren de un pulido más orientado a la forma que vende que a aquella que innova.

Otro de los objetivos de una estrategia de consejos para escritores son todas aquellas personas que, a causa de su negocio, se embarcan en la redacción de un libro que, posteriormente, emplean para aumentar las visitas de su sitio web. Entiendo que este sector requiera de cierto empujón ante la página en blanco, la ordenación de ideas y otros tantos consejos que hagan su ebook legible.

Así que, en conclusión, ¿a quién están destinados estos consejos? ¿A los copywriters, a los jovenzuelos que trasladan los guiones de sus partidas de rol al gran formato representado por el libro, o al autor que se plantea trasladar en clave sci-fi la novela Mientras agonizo, de William Faulkner?

Una vez más, la respuesta conduce a Google. Los blogs basados en consejos para escritores trabajan por esa máxima que corre por entre los recién llegados al negocio online: crea un blog. Cada uno de esos textos incluye una serie de palabras clave que, con el paso de los meses, incluso de los años, posicionará la web que las alberga, con suerte y esfuerzo, entre los primeros resultados de nuestro buscador favorito. Es así de simple, si bien existen importantes matices técnicos que podría detallar en futuras entregas de este blog (perpetuando el mismo ejercicio que detecto en otros), la generación de contenido está bien vista por Google. La suma de todas las personas que, como tú, han detenido su ritmo vital para leerse este texto, lanzan un mensaje de relevancia al respecto de esta web. Y que mi sitio aparezca bien alto en las búsquedas genera sobre mis opiniones un halo de importancia que, o bien puede tenerla, o solo es fruto del marketing. El clásico “parece interesante lo que dice, voy a comprar su libro”.

 

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Algunos precios a pagar por una edición tradicional

La puerta al mundo de la edición representada por Amazon parece fácil de abrir y cruzar con tan solo una novela, un relato o un ensayo publicado en formato electrónico. Y aunque existen resultados para todos los públicos, sorprende el volumen de pésimas ediciones que posicionan entre libros de mayor competencia. En este saco entran las obras de entusiastas que deciden dar salida a sus textos, gesto válido y, por otra parte, falto de complejos que desvirtúa el panorama editorial independiente.

¿Y por qué los autores se vuelcan en masa por la publicación electrónica y no por la edición tradicional? Sencillo, porque es barato. Porque con unos conocimientos básicos de Word y una cubierta resultona pares una novela en menos de una semana.

¿Pero tan caro resulta editar en papel? Pues no tanto, la verdad, ya que como inversión, la edición tradicional de libros se amortiza con facilidad. Naturalmente, todo depende de la ambición que le pongas al proyecto y las energías publicitándolo, aunque, con una firme estrategia de comunicación, puedes recuperar una buena parte de la inversión en la presentación de la obra.

Una novela de alrededor de 300 páginas, dependiendo de la tirada1, puede costar por ejemplar de dos a cuatro euros. Hablo de una edición de bolsillo como las de Varón de multiforme ingenio e Hijos de la siega. En ambos casos, me moví por cifras manejables porque, más que por el dinero, comencé a preocuparme por el espacio que requieren, como mínimo, un centenar de ejemplares en tapa dura. Sin duda, más espacio del que cualquier pareja, progenitor o compañero de piso pueden tolerar. Así que, una vez decidido formato y cantidad, mi cuenta corriente sobrevivió al asalto sin suicidarse antes.

A partir de ahí, y teniendo en cuenta que los libros acostumbran a venderse por el triple o cuádruple de lo que suelen costar, tenemos que por cada uno de esos ejemplares a tres o cuatro euros conseguimos de doce a dieciséis lereles. El margen es interesante, más del que nos ofrece Amazon, con unas reglas de posicionamiento más duras que la rueda que empujaba Jorge Sanz en Conan.

Hasta aquí todo parecen beneficios y, si eres habilidoso organizando la presentación de tu novela, descubres que reuniendo a diez personas en el mismo espacio, has hecho una caja de, aproximadamente, 150 euros. Es sencillo, y más cuando empiezas, ya que familia y amigos suelen romper una lanza por tales iniciativas.

En caso de que tengas que alquilar el espacio de la presentación, el beneficio será menor, aproximadamente un 30% menos por cada ejemplar, pero la inversión vale la pena, porque si tienes la fortuna de realizarla en una librería, es muy probable que los propietarios inviten a los habituales del establecimiento y caiga algún ejemplar más.

Poco a poco, a medida que se vayan vendiendo ejemplares, verás cómo la inversión inicial se reduce. Los beneficios, por otra parte, son efímeros, ya que la campaña de comunicación de la que hablé antes requiere el envío de ejemplares a prensa, a blogueros o criaturas influyentes que puedan multiplicar el interés por el proyecto. Si todo ha ido bien, habrás obtenido difusión, críticas y algún beneficio económico, pero esto último es secundario, ya que eres un autor independiente y, hazte a la idea, enriquecerse con el oficio no es, o no debería ser, la prioridad.

Si bien esta exposición puede resultar liosa por la cantidad de factores que he introducido en el proceso de autoedición, con el texto solo quiero demostrar que existen vías alternativas a entregar el fruto de tu esfuerzo libresco a una multinacional sin alma definida. La edición tradicional no es una meta inalcanzable. Es cierto que he obviado algunos detalles, como que no todo el mundo sabe maquetar una novela o diseñar una cubierta que llame instantáneamente la atención, pero al igual que las letras se han democratizado, o eso dicen, también lo han hecho el diseño, la comunicación digital, etc. En pocas palabras: en Internet abundan los tutoriales. Es hora de ponerse a trabajar.

Imagen por Rita Morais


  1. Recordemos que, a más ejemplares impresos, en más se reduce el precio final 

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Sobre qué escribes, le preguntaron al sufrido autor

Sobre qué escribes, así como su variante “qué escribes” y, la de mayor complejidad por el juego preposicional que añade: “de qué escribes”, son las preguntas a las que se enfrenta el escritor que, tarde o temprano, es descubierto y reconocido por su entorno como hombre de letras. De muchas letras, tantas como para finalizar una novela.

Sobre qué escribes se vuelve un ejercicio de reflexión profundo cuanto tu ficción es generalista. El drama es menor cuando abrazas un género concreto, pues el grueso de la población parece más afín a las concreciones que a las generalidades. Así que, cuando tu novela, como en el caso de mi Varón de multiforme ingenio, narra las desventuras de un hombre adulto en Barcelona y describe las relaciones laborales y emocionales que establece con su entorno, la respuesta invita al silencio, uno prolongado en el que barajo conceptos como “comedia” o “tragicomedia”, aparte de recuperar y crear rebuscadas etiquetas propias de webs como Goodreads, donde la segmentación puede, en algunos géneros, alcanzar niveles enfermizos.

Aquello en lo que quería reflexionar con este sobre qué escribes es la necesidad o no de etiquetar la obra propia para hacer que llegue a más público. Son las reglas del juego cuando en Amazon buscamos libros afines a nuestros gustos literarios, y uno de los requisitos de las publicaciones digitales del programa KDP.

Una vez más los mercados se apropian de una cuestión en la que la teoría literaria lleva años trabajando. No con la burda pregunta sobre qué escribes, más bien con el análisis de géneros a lo largo de la historia, siempre bajo la sombra de la dicotomía ficción/no ficción.

Personalmente, no tengo nada en contra de la catalogación de novelas a la hora de allanar su recepción. Puede ocurrir que, una vez estrenada nuestra flamante etiqueta, alguien pregunte en voz alta: ¿y qué significa? Cuestión que nos obligue a inventar una excusa que justifique la excusa previa. Y vuelta a empezar.


Photo by Cristina Gottardi

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La más fuerte entre las narrativas matemáticas

El reciente contacto con la producción de August Strindberg y, en especial, con la obra teatral La más fuerte, me ha recordado las dificultades que entraña un ejercicio estructural al margen del constructo clásico de inicio-nudo-desenlace o la división en actos de, en este caso, la obra teatral.

En La más fuerte, fuera o no la intención del autor, aparece un diseño en forma de ecuación donde las protagonistas adoptan el rol de variables. Sus propios nombres las delatan, X e Y, dos incógnitas que, a medida que avance el texto, irán descubriendo su valor dentro de la fórmula de la que forman parte.

La más fuerte, a modo de rápido resumen, narra la conversación que mantienen dos actrices de diferentes edades y paralelo desarrollo vital. Conversación por no hablar de monólogo, ya que solo una de ellas, la veterana, parlamenta durante toda la obra, dejando la gestualidad a la más joven, que soporta el contenido de la charla con dignidad, ataques implícitos y explícitos incluidos.

El desarrollo de sus posiciones define la ecuación, con un acercamiento a la barrera invisible que las separa, el igual que establece la relación de los factores en la operación matemática. Posteriormente, aparecen una serie de virajes en la perspectiva de X que pueden identificarse con el comportamiento de los elementos de la ecuación cuando se desplazan al otro lado de la igualdad, con el cambio de los elementos negativos en positivos y viceversa.

El resto de ecos ecuacionales aparecen en la figura de los hijos y el marido de X. Para ella, un valor que suma; para Y, un número negativo pues desconoce la maternidad. El marido, en cambio, deviene constante que afecta a ambas, ya que, aparte de esposo, descubrimos que también fue amante de Y, de ahí la escalada de enfrentamiento entre las dos mujeres.

Desenlace al margen, La más fuerte, como ejemplo exitoso de una estructura matemática latente, me sirve de baremo a la hora de identificar las costuras de otras piezas, ya sean teatrales, cinematográficas o literarias. El éxito de tales operaciones matemáticas radica en la proximidad del público hacia éstas, el grado de costumbre a ciertos cálculos. Recordemos que el chico conoce a chica y su posterior enamoramiento no es más que una suma de factores. Que este 1+1 desemboque en diferentes resultados es el siguiente paso en su complejidad, pero no deja de ser una estructura manida y fácilmente reconocible. La ecuación de primer grado es harina de otro costal, al igual que los ejercicios estructuralistas de Vladímir Propp con los cuentos populares rusos, donde descubrimos factores elevados a diferentes potencias y combinatorias imposibles de identificar mientras gozamos del relato. Aunque la labor de Propp sea estrictamente analítica, parte de construcciones transmitidas entre generaciones, en este caso, complejas pero también superadas con el paso de los siglos como, por ejemplo, la historia de la triada de hermanos que parten en busca de fortuna y el retorno victorioso de uno de ellos, el que expresó mayor contención en sus ambicionesEl gato al agua adopta la forma de una princesa o de un artefacto mágico que resuelve la vida a toda la familia.

Ocultar las operaciones que sostienen una obra es problemático, nada fácil. Al menor descuido salta la liebre, algo parecido a que los edificios en los que vivimos conservaran en las paredes las medidas e indicaciones del arquitecto. Y cuando hablo de estructuras matemáticas, también puede aplicarse a las semánticas. Lo importante, en ambos casos, es ser consciente de que estamos empleando tales formulaciones en nuestros textos y determinar hasta qué punto forman parte de las convenciones narrativas de nuestra época. Si trabajas desde un género concreto no existe problema alguno, o no debería, ya que los lectores exigen la visibilidad de ciertos elementos para sentirse identificados con el texto. En caso contrario, alerta, vigila como sostienes tus cartas porque las estas mostrando al resto de la mesa.

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