Simpatía por la novela realista

Había olvidado lo presente que está la novela realista en la literatura.

Lo advierto a la que recibo feedback de mis relatos y novelas, cómo ciertos recursos despiertan desconcierto entre los lectores, en especial, aquellos que vienen de vanguardias y postmodernidad.

El grueso de lectores y lectoras se acogen a cierta comodidad, a formas de mostrar y desarrollar personajes tal y como los describiría E. M. Foster en su Aspectos de la novela. Ese rollo de los personajes planos y complejos que tanto prolifera en los blogs de consejos para escritores, que si bien tienen cierta razón, resumen una realidad más compleja.

La problemática es que al lector le chirrían la mayoría de estos recursos, y cuando le chirrían, surgen dos grupos. Primero, aquellos que se preguntan por los efectos del recurso en su percepción de la novela. Así, además de disfrutar de la ficción, también reflexionan con los mecanismos que la explicitan. El segundo grupo, más numeroso, tiende a pensar en tales recursos como deméritos, como errores del autor al poner en peligro el confort lector de sus seguidores.

Yo, naturalmente, me posiciono entre los que buscamos el extrañamiento. Gano poco sumándome a las formas clásicas y prolongándolas hasta el fin de los tiempos. Así que, a la que puedo, especio mis relatos con aquellos recursos que les pueden sentar bien a mis intenciones. Porque la intencionalidad va por delante que la propia novela. En el fondo, a la novela, al relato, etc., le sienta bien todo.

arte y novela realista

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