Los narradores intrusivos en una ficción de fantasía

El narrador omnisciente en el sentido balzaquiano tiene algo de vintage, de herramienta en desuso que escondía la voluntad del autor por decir la suya. Por encima de trama y personajes.

Por fortuna –fortuna a la que me adhiero–, la postmodernidad hizo justicia a todos aquellos narradores metomentodos que tratan de recrear los hechos desde la imposibilidad de que no existe recreación 100% fidedigna, ya que, quieras que no, los sentidos y la memoria nos traicionan.

Honoré de Balzac, experto en narradores intrusivos

Por ello, los narradores intrusivos son mal vistos en narraciones de corte épico, al igual que los narradores no fiables. Deliciosa ironía viniendo de uno de los géneros más parcialmente políticos de la historia.

Entonces, ¿con qué posición te quedas si te viene en gana emplear narradores intrusivos en tu novela o relato?

Los narradores intrusivos caen en el saco de los narradores extradiegéticos, aquellos externos a la historia con un conocimiento más o menos profundo de esta. A partir de esta profundidad se calculará el grado de empatía sentida por el lector, que puede valorar la interrupción de la fábula en beneficio de informaciones complementarias o sentir que el narrador está metiendo el hocico en el placer de su lectura.

Ambos casos son válidos literariamente. Tampoco pueden considerarse un demérito por mucho que el lector medio frunza el ceño; su molestia nace de una problemática aún mayor: el predominio de la novela realista sobre otras expresiones literarias.

Entonces, ¿de qué sirve utilizar a los narradores intrusivos o poco fiables en una novela actual?

De mucho, si tus intenciones pasan por desbaratar la mímesis. Maltratar el supuesto reflejo de la realidad que es la novela ha sido desde comienzos del siglo XX el propósito de infinidad de autores. Tampoco lo inventaron, la cosa viene de lejos, pero el sigo XX cuenta con grandes ejemplos de extrañamiento en ese sentido.

Así, deslegitimar al narrador convencional de una novela de fantasía pone en doble alerta al lector, que tiene que hacer un primer esfuerzo por aceptar la ficción que le están contando y segundos, terceros y hasta cuartos esfuerzos cuando el narrador intrusivo le recuerda que está ante una ficción. En el fondo, la cosa va de hacernos pensar más de la cuenta como lectores.

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