Manfred Frank y el dios que duerme en una cuna de versos

Dios en el exilio es el título del segundo volumen que reúne las clases del filósofo alemán Manfred Frank tras El Dios venidero, una exploración exhaustiva de la necesidad mitológica de la sociedad romántica en adelante, y como diferentes cuerpos filosóficos, en especial el nietzscheano, centraron sus reflexiones en torno a la figura del dios griego Dioniso.

En ambos volúmenes, la figura de la deidad apunta a múltiples necesidades, entre ellas la de enfrentarse a las fuerzas que mantienen la estructura de nuestra sociedad, por no decir, en un exceso de ambición, de nuestra civilización. Dioniso, el dios de la viña, del vino y del delirio místico, fue una deidad olímpica de segunda generación con un origen dudoso y emparentado con las culturas de Asia Menor. Si bien el recorrido de la deidad responde a una mitificación del cultivo a la vid, o incluso de una tradición micológica que ya resumí en una anterior entrada de este blog, para el ciudadano de raíces modernas, Dioniso representa al caos y la potencialidad que Friedrich Nietzsche describió en su Origen de la tragedia, situando a la deidad en oposición, en primera instancia, a las esencias apolíneas, y más tarde a la fervorosa defensa platónica del ideal.

Manfred Frank

Dioniso, como bien apunta Manfred Frank, recogiendo en sus clases una larga tradición de interés romántico por el Dios, también es una fuerte oposición a lo establecido, como le ocurrió al mitológico y poco hospitalario Licurgo, cuyas decisiones en contra del dios derivaron en su sacrificio a manos de su propio pueblo. De ahí el interés de los románticos y sus herederos por sustituir a Dioniso en la unidad comunitaria que, hasta el momento, había priorizado la religión cristiana. También, en tiempos de la revolución industrial, se identifica un interés por enfrentar a la deidad con la burguesía, una liberación proletaria que, naturalmente, apunta al estallido violento. Posteriormente, esa voluntad renovadora caería dentro del ideario nazi, como parte de las enseñanzas de Nietzsche, y llevaría a Europa a la ruina, tal y como la historia describe y Manfred Frank confirma en sus lecciones.

Los ensayos de Frank son notable ejercicio filosófico y documental acerca de la insístente negación de los divino en la cultura occidental de los últimos tres siglos. Ya desde la Ilustración y su interés por crear un vacío teológico en el que los románticos no creyeron, este fenómeno que, por otra parte, Nietzsche también defendería, se encuentra alejado de las disquisiciones diarias de la gran mayoría.

En este punto, y siguiendo de cerca parte de las cuestiones planteadas por Manfred Frank, ¿qué forma debería adoptar Dioniso en tiempos capitalistas? ¿Podría el caos informe que el dios simboliza llegar a destruir el paradigma económico que incluso convierte en producto a las deidades supervivientes?1 ¿Qué herramientas nos puede proporcionar el dios para combatir a las apariencias apolíneas? Aquí entra en escena el ejercicio poético, en el que confluyen las inquietudes y esperanzas de los románticos, y que a su vez conecta con la preocupación didáctico/política de Platón hacia los aedos. ¿Es la poesía la herramienta que artísticamente puede desestabilizar al neoliberalismo y sus formas presentes? ¿Juega un rol más importante en el devenir de nuestra sociedad que, por ejemplo, la novela, una expresión literaria propia de sociedades abiertas e individuos complejos? 2 En cualquier caso, enormes responsabilidades al margen, la humanidad tiene ante la poesía una deuda que aún tardará en saldar, pues sin ella, las cosmogonías que sostienen nuestra cultura jamás habrían perdurado en el tiempo.


  1. El budismo y sus manifestaciones artísticas como ritual iniciático de las clases medias y altas; las estrategias mediadoras que la iglesia católica emplea para evitar los bandazos ideológicos que se han dado en su seno a lo largo de la historia; o las prácticas cinematográficas de las milicias integristas islámicas. 

  2. Según Georg Lukács, que en su ensayo Teoría de la novela hizo esta distinción entre las literaturas clásicas y las modernas, siendo las primeras las más tendentes a una cosmovisión donde todos los fenómenos están más que explicados. 

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