Lavado de cara con agua y con jabón

Una de las constantes en esta web es su cambio de diseño. Trabajar en el desarrollo de webs me permite hacerlo cada vez que me da la chalaura, al igual que contar con experiencia en diseño gráfico y maquetación ayuda a que autoeditarme no sea una ruina.

Es el asunto de la autoedición lo que me ha llevado a un lavado de cara. La idea es mostrar Hijos de la siega, mi nuevo proyecto, de forma honesta y alejada del marketing constante y, en ocasiones, intrusivo al que nos vemos abocados los editores independientes.

Hablo de honestidad porque las primeras versiones de este rediseño consistían en páginas de ancho completo con imágenes enormes en las que las cubiertas de mis novelas aparecían incrustadas en lo que, dentro del diseño, solemos llamar mock-ups. Más tarde reparé en que ese formato, si bien resulta convincente y apuesto que a alguien le ayuda a vender, eclipsaba a las novelas, las auténticas protagonistas de este pequeño rincón de Internet ((Esto del pequeño rincón de Internet me parece maravillosamente nostálgico porque, si en un ejercicio de abstracción, medimos las dimensiones del universo online, esta página sería, desde una perspectiva optimista, una miguita de pan.)).

De ahí que me decidiera por un formato con menos fondo mercantil y apostara por un minimalismo en el que solo importen las palabras, las imágenes, la información, el contenido…

No fue una decisión arbitraria o una súbita iluminación, fue el resultado de una pequeña investigación que ha arrojado interesantes datos, como la abundante presencia de páginas web en forma de blog clásico o estructuras diáfanas en las que, más allá de la vida y milagros de los autores, se listan aquellas aportaciones literarias que conforman su currículo.

Por otra parte, me sorprendió la escasa necesidad que la mayoría de artistas publicados tienen de una web oficial. La mayoría establecen diálogos con sus lectores a través de las redes sociales o remiten cualquier curiosidad a los perfiles creados por las editoriales que les representan. Algo parecido ocurre con los autores anglosajones, a los que sí parece motivarles la actualización de sus sitios y participar de la conversación a través de bitácoras y blogs que desgranan su día a día. También he reparado que este sano exhibicionismo depende también de sus temáticas, siendo los escritores de género lo más sensibles a estas prácticas.

En cualquier caso, el estudio es complejo y lleno de matices, si bien considero que tratar una novela como un servicio o producto online es un error a largo plazo, en especial los libros físicos, ya que la independencia editorial huye de la mentalidad de capitalismo acelerado propia de nuestro siglo, al mismo nivel de los diseñadores de moda que confeccionan sus productos artesanalmente.