La línea del arrepentimiento: de Agustín de Hipona a Louie C.K.

El vínculo moral entre autor y obra presentó en 2017 una inversión ideológica a partir de los casos de abusos sexuales vistos en la industria cinematográfica estadounidense. Un giro que parte del siglo XIX y en el que encontramos ecos en los juicios a Flauvert y Baudelaire y, mucho antes, en las Confesiones de San Agustín.

El que exista mucha literatura paralela al juicio de Madame Bovary y Las flores del mal no quita que la querella hacia sus autores haya perdido vigencia en el presente. El debate entre la responsabilidad del autor hacia los contenidos de su obra, si bien no es un tema principal en la narrativa contemporánea, adopta curiosos giros en este final de 2017, caracterizado, al menos en lo que al mundo cinematográfico y televisivo se refiere, por la apertura de una caja de Pandora de la que se han escapado serios casos de abusos sexuales por parte de productores, actores y autores. Centrándonos en los terceros, llama la atención el caso de Louie C.K., figura crucial en la construcción de un paradigma comédico contemporáneo que recupera elementos de la tradición posmoderna para refundarlos en un producto que reclama las formas y estructuras de décadas anteriores. Más allá de la brillantez de este comediante, su trabajo sufre ahora las consecuencias de un comportamiento que resulta especialmente castigado en la cultura estadounidense (y por el cual la ficción se ha interesado desde los tiempos de Nathaniel Hawthorne), un delito cuya mayor pena es el ostracismo, ya que, a nivel económico, ha quedado demostrado que la inmunidad es posible. Así, autor y obra abandonan el canon a causa del primero, mientras que en el caso flauvertiano y baudeleresco, el movimiento fue inverso. En ambos casos, la Ley, explícita o implícita, establece las relaciones que el culpable y sus productos han de mostrar ante el público.

Como público, ¿en qué lugar nos deja a nosotros, público, esta polémica? ¿Puede la estética de la recepción responder al afecto o al rechazo que tengamos por la obra de un artista opuesto a nuestros valores? ¿Podemos negar los nuevos datos que tenemos de él en beneficio de nuestro paladar? Todo depende de la ideología que apliquemos para valorarlo. En este caso, el ejercicio es moral, el hecho de que el acoso/abuso sexual es deplorable en una sociedad que aspira a la igualdad de derechos entre sus individuos. Pero si nos ciñéramos a una realidad estrictamente capitalista, probablemente, la actitud utilitaria y productiva podría imponerse a la honorabilidad. Tenemos el caso de Roman Polanski, con cargos que le impiden pisar territorio estadounidense pero sí seguir rodando para sus mercados, o el doble rasero con el que funcionan algunas (por no decir muchas) multinacionales, con políticas ecológicas donde el primer eslabón de la cadena de valor parte de trabajadores explotados.

Analizar aquí las dificultades de vivir bajo una ética determinada sin sacudirla con nuestras decisiones diarias se aleja del tema principal del texto, que sigue siendo la obra y el artista. Por eso, la siguiente pregunta apunta al segundo, a los movimientos que, como en el caso de Louie C.K., éste tiene que dar para recuperar el prestigio perdido. Mi apuesta, en este caso, más que esconder la cabeza hasta que la tormenta pase, estaría en el giro agustiniano, establecer al igual que Agustín de Hipona en sus Confesiones un punto y aparte desde el que juzgar toda su trayectoria pasada. Recordemos que en esta pieza, San Agustín repasa su pecaminosa vida desde una posición trascendente, ya limpio de toda falta y totalmente entregado a la causa religiosa. Algunos, como el actor Kevin Spacey, han iniciado este mecanismo al definirse como adictos, personas incapaces de controlar sus instintos y, por lo tanto, bajo los efectos del mismo pecado que castiga la sociedad que los sataniza. Un movimiento arriesgado cuyo valor solo determinará el tiempo, pero que puede convertirse en una vía de escape, más que a la persona, a sus creaciones. Esta reflexión final confluye en una última pregunta: ¿esta lista de abusadores merecen una segunda oportunidad artística? ¿La única condena es la descanonización? Naturalmente, el tiempo y los cambios ideológicos decidirán. Si será para bien o para mal también se juzgará en ese momento.

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