Justicia Auxiliar: traduttore, traditore?

Es un ejercicio sano practicar el recelo en cuanto a premios literarios se refiere. El que más o el que menos beneficia a terceros, por encima incluso del autor o a la autora galardonados. Por eso, cuando leí las críticas a Justicia Auxiliar, de Ann Leckie, premiada con el Hugo, el Nebula, el Locus, etc., todo apuntaba a hype tremendo.

La lectura de Justicia Auxiliar depara sorpresas. Argumentales, con dos líneas de acción que convergen en sus respectivos clímax. Dos escenarios, personajes diferentes más un protagonista que deviene la mayor baza de la novela.

justicia auxiliar

Breq es un personaje agenérico que narra que desatiende sin más el sexo de enemigos y aliados. Un esfuerzo estilístico que en la traducción española se soluciona con un cambio al género femenino. Es en este gesto donde emergen los prejuicios que arrastramos como lectores, las dificultades que presenta una lectura en el que tanto hombres como mujeres reciben el mismo trato igualitario. Así, mientras disfrutamos de una space opera protagonizada por inteligencias artificiales, militares y astronaves inmensas, nos formulamos preguntas de carácter lingüístico, como las arbitrariedades de nuestro idioma para preponderar el género masculino.

Un acierto aquí por parte de Victoria Morera García, la encargada de la traducción, que convierte un producto notable en uno brillante.

En cuanto a Justicia Auxiliar en sí, presenta dudas de si estamos ante una excelente space opera o la introducción a algo más grande. Estamos ante la primera pieza de una trilogía, formato agradecido dentro del mundo editorial que, en este caso, sigue las leyes del género a pies juntillas. Nos presenta un mundo, un protagonista carismático y nos redirige desde el plano local al galáctico. Sin ser una explosión efectista, concentra su originalidad en varios puntos, como en una comedida partida de cartas. Uno de los aspectos mejor logrados se concentra en las astronaves protagonistas, con llamativas reflexiones sobre la bipolaridad de ciertas inteligencias, sean naturales o artificiales.

En conclusión, Ann Leckie comienza con un pie formidable dentro de la ciencia ficción, ya no por los galardones obtenidos, principalmente por introducir ambición técnica dentro de un género más habituado a los giros argumentales que estilísticos. Leckie rompe con el espíritu palomitero y conservador de la space opera y la crítica lo celebra.

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