El balancín de la verosimilitud: lo cotidiano vs lo extraordinario

A partir de la serie de HBO Barry (2018-) surgen varias líneas de diálogo con la tradición, tanto cinematográfica como literaria. Recordemos que Barry sigue el viraje laboral de un asesino a sueldo; una epifanía radical que le empuja a apartarse de la violencia metódica en beneficio de otra metodología: la interpretativa. Principalmente, la serie gira en torno a esta dicotomía, pero también se advierte una recuperación del género criminal humorístico, que tuvo en los años noventa episodios de esplendor literario como las novelas de Elmore Leonard.

hbo barry

El mérito de Barry es disponer un mosaico de personajes tipo que ganan en verosimilitud por medio de factores externos, como una reacción radicalmente cotidiana al entorno y el desmantele de las convenciones del género, al modo tarantiniano. De fondo, un mínimo juego metacinematográfico donde se expone la excepcionalidad de personajes –asesinos, mafiosos, militares– y situaciones –cualquier evento que finalice en una muerte violenta–. Así, el espectador bascula entre lo evidentemente ficcional y la mímesis cotidiana, en un equilibrio que resulta ameno y dinámico.

Este balancín de estilos rememora el teatro plautino, tanto por sus estereotipos de la vida romana del siglo I a.C. –con su equivalente actual– como por los diversos registros de lenguaje que aparecen en cada episodio, por lo general, asociados a un personaje específico.

Imagen basada en La cortesana, de Plauto

La oposición de un discurso artificiosamente criminal con uno cotidiano tiene en el lenguaje teatral un eje intermedio que, no solo permite al protagonista entender el mundo del que viene y al que quiere integrarse, también le lleva de una catarsis a otra, con un punto culminante en la primera temporada, con la lectura de Macbeth, donde Barry ve en la locura del rey escocés la propia crisis que experimenta al matar en nombre de la ambición de terceros.

A Harold Bloom le parecería bien inocente el recurso. No sería la primera vez que un guion emplea giros o psicologías shakesperianas –consciente o, en la mayoría de casos, inconscientemente–. Lo importante para este artículo es que conecta con la búsqueda de verosimilitud en la ficción a partir de lo cotidiano. En Macbeth trabaja un mundo de pulsiones muy reales que sostiene sin pestañear un trasfondo de folklore mágico. En Barry, la referencia a redes sociales o el uso de emoticonos es ancla robusta frente a la desconexión de un exceso de armas y su uso indiscriminado.

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