Grendel, de John Gardner

Sin ser un autor estrictamente postmoderno, John Gardner, como académico inconformista, se aproximó a la tradición literaria anglosajona desde un ángulo atrevido. Con el poema épico Beowulf como referente, planteó una obra, Grendel, que, comercialmente, se vendió como el mismo clásico desde la óptica del monstruo. Al concepto no le falta verdad, ya que la obra narra las vivencias de la criatura desde su toma de contacto con el mundo humano a su muerte, tal y como narra el poema original, a manos de Beowulf, el héroe que pone fin a su cíclico reino de terror.

Pero Grendel es algo más que un cambio de perspectiva sobre unas ideas predeterminadas, es un análisis sobre la figura del monstruo en la tradición europea, el monstruo como outsider en el constructo que llamamos civilización. Este Grendel también es un ejercicio de polaridades, del monstruo que trata de encajar en una sociedad donde su rol es estar al margen de ella.

grendel, de john gardner

Así, encontramos que Grendel es un antihéroe en el sentido postmoderno de la palabra, un narrador inconsistente que en cada capítulo reorganiza sus prioridades y las expone con diferente angustia. Filosofa dentro de su experiencia, incluyendo en sus disquisiciones acercamientos a conceptos clave dentro de la tradición épica anglosajona, como el amor o el honor; pero también amolda su discurso a una filosofía distinta, siendo juguetón en algunos segmentos de la obra o un completo nihilista en el momento en que intuye su destino y, aun así, lo completa enfrentándose a Beowulf.

El propio Gardner, en entrevistas posteriores a la composición de la obra, reconoció una voluntad joycesca de convertir cada capítulo de su Grendel en una amalgama de conceptos. A diferencia del irlandés, con Gardner no disponemos de una guía que nos asista en la exégesis, aunque ciertos rasgos se intuyen, como el mencionado interés filosófico e intelectual, así como un simbolismo zodiacal que se evidencia en las relaciones o en los escenarios que transita.

Grendel es, en esencia, un viaje del héroe en el sentido que le da Joseph Campbell, con una alida del hogar (la cueva en la que reside) y una serie de relaciones por parte del héroe que le conducen a la revelación. La cara interesante de esta anagnórisis aparece en la fuerte oposición de Grendel al determinismo, superior al de sus vecinos humanos, que se dejan llevar por el viejo dicho “creced y multiplicaos”.

El propio Grendel es testigo del devenir local, en el que se advierten comportamientos que podrían tildarse de monstruosos, más que los suyos, en el fondo, primitivos y sin pulir. Así, la civilización se convierte en una estilización de esa violencia prehistórica, animales, donde los semejantes se aniquilan por intereses políticos, económicos y religiosos.

El Grendel de John Gardner es una novelita formidable, intensa en sus descripciones, con juegos metaliterarios que introducen verso y texto dramático; personajes que van más allá del estereotipo épico, así como una actitud decididamente rebelde que congenia con el carácter del propio John Gardner, de dos caras, el profesor erudito y respetable y el novelista polémico que, a la menor oportunidad, criticaba a sus coetáneos literarios.

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