El futuro como cadeneta ideológica

Últimamente, el futuro se ha convertido en uno de mis temas predilectos. En especial, cómo se ha transformado en una nebulosa impenetrable de la que emergen amenazas o señales de catástrofe. Las consecuencias del cambio climático, las acciones terroristas y las profecías de usar y tirar que ponen fecha al fin del mundo pululan por doquier a la espera de que terceros las usen ideológicamente en su beneficio. Incluso la ficción holywoodiense ha convertido este hecho en un producto que genera pingües beneficios, así que, periódicamente, el planeta se destruye víctima de maremotos e invasiones extraterrestres mientras que nosotros, el nosotros que consume esta clase de narraciones, experimenta una suerte de redención espiritual a la altura de los distintos más allá que religión y mitología nos ofrecieron en un tiempo remoto.
Nosotros trascenderemos a ese valle de lágrimas que es el día de mañana, nosotros nos sentaremos junto a una entidad omnisciente que premiará nuestros esfuerzos terrenales, nosotros sobreviviremos a un estallido zombi, nosotros superaremos al capitalismo. Si bien adoptan distinta forma, hablamos de promesas, y no hay promesa que sea útil en el presente.