Filofobia

Se miran durante el entierro, ambos de riguroso luto. Ella reparte abrazos entre sus familiares; él observa con interés cómo los sepultureros introducen el ataúd en el nicho, lo sellan y ocultan entre coronas de flores. La ceremonia finaliza, ella busca su compañía: necesita intercambiar unas frases más allá de los qué pena y qué lástima.
Una presentación, una necesidad de café, un bar, una charla sobre la muerte, y en una pérdida de trascendencia, acerca del trabajo, las aficiones y la vida sentimental. Pasan rápido al flirteo y de ahí al piso de él, donde sudan, intercambian fluidos, follan. Nada más terminar, ella se siente culpable y, en una confidencia, habla de su miedo al compromiso y cómo la arrastra a una espiral de relaciones físicas. Invoca al fallecido en sus explicaciones, un ejemplo de rectitud, y también a los familiares que ambos comparten. Él le indica que nunca los hubo, que su terapeuta le recomienda asistir a cuatro funerales aleatorios cada semana, una respuesta a las muchas fobias emocionales que arrastra desde pequeño. Ella, aturdida, abandona el piso en silencio.
Dos días después, vuelven a encontrarse en otro entierro, y se miran, y hablan, y toman café y follan de nuevo.