Simpatía por la novela realista

Había olvidado lo presente que está la novela realista en la literatura.

Lo advierto a la que recibo feedback de mis relatos y novelas, cómo ciertos recursos despiertan desconcierto entre los lectores, en especial, aquellos que vienen de vanguardias y postmodernidad.

El grueso de lectores y lectoras se acogen a cierta comodidad, a formas de mostrar y desarrollar personajes tal y como los describiría E. M. Foster en su Aspectos de la novela. Ese rollo de los personajes planos y complejos que tanto prolifera en los blogs de consejos para escritores, que si bien tienen cierta razón, resumen una realidad más compleja.

La problemática es que al lector le chirrían la mayoría de estos recursos, y cuando le chirrían, surgen dos grupos. Primero, aquellos que se preguntan por los efectos del recurso en su percepción de la novela. Así, además de disfrutar de la ficción, también reflexionan con los mecanismos que la explicitan. El segundo grupo, más numeroso, tiende a pensar en tales recursos como deméritos, como errores del autor al poner en peligro el confort lector de sus seguidores.

Yo, naturalmente, me posiciono entre los que buscamos el extrañamiento. Gano poco sumándome a las formas clásicas y prolongándolas hasta el fin de los tiempos. Así que, a la que puedo, especio mis relatos con aquellos recursos que les pueden sentar bien a mis intenciones. Porque la intencionalidad va por delante que la propia novela. En el fondo, a la novela, al relato, etc., le sienta bien todo.

arte y novela realista
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Secundarios de lujo o el atrezzo ultrarrealista

Un ejercicio muy de talleres de novela es el de combinar personajes cuando la coralidad se te escapa de las manos.

Habrá gente que esté de acuerdo, ya que si el personaje en cuestión proporcionaba algo que otros ya hacían, a no ser que la redundancia sea clave en la novela, puedes eliminarlo.

secundarios de lujo

Otros dirán que el mundo hay tantas voces como personas, y que el hecho de que todos los personajes que pasan por el foco del narrador tengan voz y voto es síntoma de realismo.

Ambas posturas son correctas. El drama, una vez más, está en los hábitos de los lectores; en el hecho de si toleran que un personaje descrito al detalle, rico en diálogo, pero presente en un párrafo dentro de una novela de quinientas páginas, merece tantas cortesías.

De este brete solo nos saca el narrador, que se verá en la obligación de justificar el protagonismo de esos secundarios de lujo. De no hacerlo, al lector le surgen preguntas que la trama tampoco responde. Al sumarse los huecos, surge ese gesto reflejo de haber sobrevivido al tropezón y mirar el agujero mientras camina, con el peligro de tropezar con un nuevo bache. Hablo del lector y la sensación agridulce que le nace con los errores, o las decisiones que parecen errores. A la que se suman unos cuantos, por muy bien que esté concebida la novela, no se llegará a la sensación de redondez que se espera.

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Los narradores intrusivos en una ficción de fantasía

El narrador omnisciente en el sentido balzaquiano tiene algo de vintage, de herramienta en desuso que escondía la voluntad del autor por decir la suya. Por encima de trama y personajes.

Por fortuna –fortuna a la que me adhiero–, la postmodernidad hizo justicia a todos aquellos narradores metomentodos que tratan de recrear los hechos desde la imposibilidad de que no existe recreación 100% fidedigna, ya que, quieras que no, los sentidos y la memoria nos traicionan.

Honoré de Balzac, experto en narradores intrusivos

Por ello, los narradores intrusivos son mal vistos en narraciones de corte épico, al igual que los narradores no fiables. Deliciosa ironía viniendo de uno de los géneros más parcialmente políticos de la historia.

Entonces, ¿con qué posición te quedas si te viene en gana emplear narradores intrusivos en tu novela o relato?

Los narradores intrusivos caen en el saco de los narradores extradiegéticos, aquellos externos a la historia con un conocimiento más o menos profundo de esta. A partir de esta profundidad se calculará el grado de empatía sentida por el lector, que puede valorar la interrupción de la fábula en beneficio de informaciones complementarias o sentir que el narrador está metiendo el hocico en el placer de su lectura.

Ambos casos son válidos literariamente. Tampoco pueden considerarse un demérito por mucho que el lector medio frunza el ceño; su molestia nace de una problemática aún mayor: el predominio de la novela realista sobre otras expresiones literarias.

Entonces, ¿de qué sirve utilizar a los narradores intrusivos o poco fiables en una novela actual?

De mucho, si tus intenciones pasan por desbaratar la mímesis. Maltratar el supuesto reflejo de la realidad que es la novela ha sido desde comienzos del siglo XX el propósito de infinidad de autores. Tampoco lo inventaron, la cosa viene de lejos, pero el sigo XX cuenta con grandes ejemplos de extrañamiento en ese sentido.

Así, deslegitimar al narrador convencional de una novela de fantasía pone en doble alerta al lector, que tiene que hacer un primer esfuerzo por aceptar la ficción que le están contando y segundos, terceros y hasta cuartos esfuerzos cuando el narrador intrusivo le recuerda que está ante una ficción. En el fondo, la cosa va de hacernos pensar más de la cuenta como lectores.

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El balancín de la verosimilitud: lo cotidiano vs lo extraordinario

A partir de la serie de HBO Barry (2018-) surgen varias líneas de diálogo con la tradición, tanto cinematográfica como literaria. Recordemos que Barry sigue el viraje laboral de un asesino a sueldo; una epifanía radical que le empuja a apartarse de la violencia metódica en beneficio de otra metodología: la interpretativa. Principalmente, la serie gira en torno a esta dicotomía, pero también se advierte una recuperación del género criminal humorístico, que tuvo en los años noventa episodios de esplendor literario como las novelas de Elmore Leonard.

hbo barry

El mérito de Barry es disponer un mosaico de personajes tipo que ganan en verosimilitud por medio de factores externos, como una reacción radicalmente cotidiana al entorno y el desmantele de las convenciones del género, al modo tarantiniano. De fondo, un mínimo juego metacinematográfico donde se expone la excepcionalidad de personajes –asesinos, mafiosos, militares– y situaciones –cualquier evento que finalice en una muerte violenta–. Así, el espectador bascula entre lo evidentemente ficcional y la mímesis cotidiana, en un equilibrio que resulta ameno y dinámico.

Este balancín de estilos rememora el teatro plautino, tanto por sus estereotipos de la vida romana del siglo I a.C. –con su equivalente actual– como por los diversos registros de lenguaje que aparecen en cada episodio, por lo general, asociados a un personaje específico.

Imagen basada en La cortesana, de Plauto

La oposición de un discurso artificiosamente criminal con uno cotidiano tiene en el lenguaje teatral un eje intermedio que, no solo permite al protagonista entender el mundo del que viene y al que quiere integrarse, también le lleva de una catarsis a otra, con un punto culminante en la primera temporada, con la lectura de Macbeth, donde Barry ve en la locura del rey escocés la propia crisis que experimenta al matar en nombre de la ambición de terceros.

A Harold Bloom le parecería bien inocente el recurso. No sería la primera vez que un guion emplea giros o psicologías shakesperianas –consciente o, en la mayoría de casos, inconscientemente–. Lo importante para este artículo es que conecta con la búsqueda de verosimilitud en la ficción a partir de lo cotidiano. En Macbeth trabaja un mundo de pulsiones muy reales que sostiene sin pestañear un trasfondo de folklore mágico. En Barry, la referencia a redes sociales o el uso de emoticonos es ancla robusta frente a la desconexión de un exceso de armas y su uso indiscriminado.

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Autoeditarme o no autoeditarme: esa no es la cuestión

Si la autoedición ya de por sí despierta demasiados prejuicios externos, peores son los internos, los que el autor asume como ciertos hasta el punto de retornar sus manuscritos al cajón donde, románticamente, los escritores guardamos nuestras obras no publicadas.

Si bien es cierto que los prejuicios internos presentan una base exterior –la idea ha surgido de algún sitio–, al integrarlos se convierten en miedos que solo tú podrás combatir.

Autoeditarme me cerrará las puertas de las editoriales

Es falso. Las puertas de las editoriales están cerradas a todo el mundo. Solo pueden abrirlas aquellas personas directamente vinculadas a la editorial o las que, debido a una serie de causalidades (amistad, recomendación, etc.), reciben la invitación a pasar.

Las editoriales, al menos las que ya tienen ambos pies en este milenio, despliegan otros mecanismos para llegar a los autores. Los grandes grupos cuentan con empleados que realizan este trabajo o confían en las agencias, que representan a la externalización de tales funciones.

Por su parte, las pequeñas editoriales, incluso las que se consideran independientes, trabajan con unos calendarios de publicación medidos al milímetro. Son gente que ha realizado una importante inversión y trabajan sobre seguro –con la hipotética seguridad que ofrece el sector–, no esperan sentados a que les lleguen los manuscritos que les harán millonarios. Sería un suicidio económico.

La autoedición me resta seriedad como escritor/a

Mala cosa. Si piensas que la autoedición será dañina para tu “carrera”, entonces ni lo intentes.

La autoedición lleva siglos en funcionamiento, con mayor o menor visibilidad según la época, aunque es cierto que en los últimos siglos, en directa relación con el asentamiento del capitalismo y sus mercados, se ha vuelto un ejercicio minoritario y hasta cierto punto underground.

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El poeta William Blake autopublicó algunos de sus principales trabajos. Desde la escritura a la impresión, pasando por las ilustraciones y el posterior coloreado.

Aunque la edición de libros convencional emplee sujetos, recuerda que esos sujetos y sus obras son productos, así que, en caso de convertirte en el próximo bombazo literario de la década, tu bagaje autodidacta te beneficiará. Serás un caso de éxito que otras tantas personas tendrán en cuenta a la hora de dar a conocer sus propios proyectos.

Olvida la imagen del autor de sanctasanctórum, el intelectual que cuando habla sube el pan. O pertenecen a otra época o a ambientes académicos que nada tienen que ver con la industria del entretenimiento a la que se adhiere el grueso de la literatura actual.

Autoeditarme desperdiciará mi novela

Es probable, ya que una vez la edites y la difundas perderá todo su valor para las editoriales. Incluso aunque sea un hit y la reedición en un sello con más alcance fuera factible, es probable que ningún editor la quiera en su catálogo.

Cuando decidí autoeditarme, principalmente en el caso de Varón de multiforme ingenio, sabía que la novela jamás entraría en el circuito. Y bien que hice, porque mientras la mantuviera en el dichoso cajón, seguiría revisándola, cambiado comas y buscando sinónimos que, a modo de fórmula mágica, la hicieran más atractiva.

En el momento en que editas tu novela, adiós muy buenas, pasas a otros temas.

Se supone que te gusta escribir, que las ideas se acumulan en tu cabeza a la espera de plasmarlas sobre el papel. Si tu relación con el mundo editorial consiste en pegar el zambombazo y, ya animado, ponerte a escribir de nuevo, pasarán años y años hasta que se te presente la oportunidad.

Las historias de autores prestigiosos que sufrieron hasta cien rechazos de sus novelas son solo eso, anécdotas que alimentan blogs literarios.

n conclusión, al escritor no lo hacen sus libros publicados en las grandes editoriales, sino el grueso de su carrera, el discurso que plantea a lo largo de sus obras. Artes como el cine tienen esta realidad mejor integrada y todos aceptamos los cortos amateurs de un director como parte de su trayectoria. La autoedición es un ejercicio similar, radica en la necesidad de empezar a contar tus historias ya y encontrar a aquellas personas que serán tu público.

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La dignificación de las lenguas SEO

Hablar de posicionamiento en buscadores dentro del entorno literario deriva con facilidad en la diferenciación entre objetos y productos literarios. No entraré en ella, pues considero que las obras inscritas en ambas categorías responden a diferentes necesidades tanto iniciales como finales. Lo importante, en cualquier caso, es describir las consecuencias que la divulgación de esos trabajos y de sus autores tiene en la red, en especial, ese amplio grupo de escritores y escritoras que responden a la, en demasiadas ocasiones denostada, etiqueta de autores independientes.

¿Qué es un autor independiente?

A mi parecer, es todo aquel escritor fuera del circuito editorial. Lo contrario a la persona cuyo manuscrito es seleccionado por una editorial y, tras una serie de procesos de revisión y pulido de forma y contenido, resultan en la cara visible tras el libro que adquieres en tu librería favorita.

Los autores independientes, al igual que las editoriales calificadas con el mismo adjetivo, replican este modelo con medios limitados, modestos, incluso paupérrimos, de ahí que el resultado, en la mayoría de casos, brille con menos intensidad de la deseada y, por ello, el alcance de ese brillo sea también inferior.

Por suerte para todos los autores independientes, grupo en el que también me incluyo, Internet ha creado circuitos alternativos por los que esas obras circulan, en algunos casos, al mismo nivel que los más reputados best-sellers. Aun así, esos casos son contados y presentan una casuística rocambolesca, donde el autor sorprendido por el éxito sirve de referente a la hora de defender la viavilidad del sector al que representa.

El papel del SEO en la vida del escritor independiente

El SEO (Search engine optimization) es una de las herramientas cruciales para el autor independiente. Quizá esté en un tercer o cuarto puesto en crucialidad, por debajo de una fuerte presencia en redes sociales (estrechamente ligada al SEO) y, naturalmente, la calidad literaria de su novela o poemario.

El posicionamiento es necesario porque, de no cumplir con una serie de consignas estandarizadas, cualquier intento de hacerse visible en Internet puede caer en saco roto.

No entraré aquí en el posicionamiento dentro de marketplaces como Amazon, donde las leyes de Google cambian por completo. Me ceñiré a esta estrella entre los buscadores, un monstruo que reclama contenidos constantemente, por otra parte, algo que los escritores deberíamos saber hacer.

A grandes rasgos: a más y mejores contenidos, más alta la posición que nuestra web alcanzará en los resultados de búsqueda. Aunque aquí surge una pregunta: ¿Qué contenidos debo generar y a qué aspiro con ellos?

Las palabras clave

Las palabras clave definen los conceptos por los que nuestra web competirá en Internet. Para una marca es sencillo, ya que trabajan con productos. ¿Pero qué ocurre con los escritores? Fácil, pueden trabajar por su marca personal o por cualquiera de los títulos de sus novelas. El problema (porque no podía ser tan sencillo) es que nadie, salvo tus familiares y amigos (y tú mismo/a, no nos engañemos), te buscará por tu nombre o pseudónimo.

Los vicios de las palabras clave

Ocurre en todos los sectores: la búsqueda de palabras clave dentro de un nicho tiende a la afectación, a escoger para las entradas de nuestro blog o sección de noticias temas que, o no nos representan, o cuestan de integrar en un párrafo de texto. El drama se dispara cuando trabajamos con long tail keywords, combinaciones de palabras clave de gran extensión. Son las de más fácil reconocimiento, pues como toda palabra clave, aparece en títulos, primera línea del artículo y en cualquier subtítulo en el que se divida el texto.

La culpa de tal afectación recae en un plugin de WordPress (el CMS más utilizado a día de hoy) llamado Yoast SEO (o cualquier otra herramienta que realice la misma función).

Yoast SEO incluye en cada post una lista de acciones recomendadas. De seguirlas a pies juntillas, Google tratará mejor tu página web cuando ande a la caza de contenido relevante. Lamentablemente, y en muchas ocasiones, aplicar todos los consejos que proporciona la herramienta promociona la afectación.

Como el escritor independiente está por lo que está y tampoco es un experto en posicionamiento, los consejos de Yoast van a misa y no tarda en dar el cante ante sus lectores serios.

Por eso, el sector que más ahonda en el SEO dentro del sector literario es el didáctico: todos esos blogs que nos enseñan a escribir más y mejor, a construir diálogos creíbles y personajes inolvidables. En tales casos, las keywords tienen sentido pero esconden oscuros intereses.

El interés económico tras los blogs literarios

Cuando hablo de blogs literarios, me refiero a todos aquellos que tratan la literatura como un producto de consumo. Los blogs y magazines académicos y de crítica literaria (no reseña) quedan al margen, pues siguen reglas distintas. También los blogs de poetas o relatistas que ofrecen sus creaciones al margen de la tiranía del SEO (pero que también pueden desarrollarlo con menor intensidad).

Los blogs literarios saben que escriben textos de rápido consumo (o nulo consumo) que apunta a palabras clave con elevadas impresiones (las veces que el término aparece en las búsquedas) y que apuntan a las ilusiones de muchas personas por despuntar en su género o que, simplemente, buscan guía en sus primeros pasos por la escritura.

Cada vez que alguien realiza la búsqueda, por poner un ejemplo, “cómo vivir de la escritura” y hace clic en los primeros resultados que Google le ofrece, esa web hace dinero. Dinero en el momento en que visualizas un banner publicitario, más dinero cuando haces clic en el citado banner y, rizando el rizo, cuando contratas cualquiera de los servicios que ofrecen los profesionales tras estos consejos.

La responsabilidad de los escritores independientes

Al igual que ocurriera siglos atrás con la dignificación de las lenguas comunes, gesto iniciado por autores como Dante y, en nuestras tierras, por una cadena de poetas que desemboca en Góngora, la lengua del SEO merece especial pulimento.

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Dante Alighieri, más que autor independiente, genio independiente.

El concepto tras el que ando es la construcción de textos donde las palabras clave no canten de buenas a primeras. Si cantan, el texto fracasa; si fracasan tus textos, fracasa la credibilidad de tu página personal.

Llegados a este punto, podrías preguntarte por qué demonios tengo que posicionar mi web y, para más inri, a través de este método más propio del copywriting. La respuesta es por tu carrera profesional. Te las des de indie o andes en busca del brazo protector de una editorial, necesitas que la gente te lea y tu trabajo guste. En el primero de los casos, obtendrás la audencia que, en otras circunstancias, tendrías que currarte a golpe de talonario; en el segundo, se dice y se cuenta que los grandes grupos editoriales buscan gente que, aparte de escribir bien, lo pete socialmente. Si aún no te has dado cuenta, así funciona el mundo, al menos así funcionó 2018 y así funcionará con algunos matices 2019. Así que, por muy independiente que seas, aquí has encontrado tu primera dependencia.

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Self-publishing hero: una conversación con Isaac Pachón

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café es, aparte de un excelente libro de relatos, un ejemplo de éxito autoeditorial en nuestro país. Su autor, Isaac Pachón, cruzó la línea que divide al escritor del editor con éxito, como atestigua la sexta edición de su antología y las numerosas menciones en prensa, tanto física como online, que el libro acumula desde su aparición en 2015. En 2017, Isaac sumaría a su proyecto editorial Buscando el lado frío de la almohada, otra compilación de relatos tan cuidada y bien recibida como la anterior. Un año después de este segundo lanzamiento, analizamos el balance de la aventura en una conversación que repasa sus éxitos y los principales obstáculos que surgieron durante el proceso.

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Isaac Pachón

El éxito comercial y de difusión de tus obras te convierte en uno de los pocos casos de estudio de la autoedición. ¿Qué lugar ocupa la autoedición en tu trayectoria? ¿Lo ves cómo una puerta de acceso a otros mercados o un terreno a defender por su potencial?

Me resulta curioso, a la par que halagador, ser un caso de estudio por mi trabajo con la autoedición. En mi trayectoria como escritor, autoeditar sin duda ha sido la clave para estar aquí haciendo esta entrevista, así como el haber tenido el privilegio de aparecer en otros medios. Siempre procuro ser sincero cuando hablo de mi propósito inicial cuando decidí editar mis propios libros y te diré que lo hice para poder llegar a una buena editorial. De momento estoy en el buen camino, aunque no hay nada conseguido todavía. En el caso de continuar por este terreno lo haría como hasta ahora, de una manera seria y profesional, y separando, cuando sea conveniente, al escritor del editor.

Entrevistando recientemente al poeta Jaume Muñoz, surgió la condescendencia que entre algunas personas existe hacia este tipo de publicaciones. Aunque no dejan de ser opiniones subjetivas, aún son numerosas. ¿Qué debería cambiar para que la gente pensara distinto y el libro autoeditado se equiparara al tradicional?

A mí me gusta llamarlo “estigma”. Suena muy feo, lo sé, pero es así. Una etiqueta ganada a pulso y que difícilmente conseguirá quitarse de encima el libro autopublicado. El problema es que este tipo de publicaciones son un reflejo de la persona que lo escribe, corrige, edita y distribuye. Hay que reunir muchas cualidades para conseguir un producto que pueda estar a la altura de libros publicados por editoriales, así como contar con los servicios de profesionales en el mundo de la edición para conseguir un resultado lo más óptimo y decente posible. He visto auténticas chapuzas autopublicadas y las seguirán habiendo, no hay filtro que lo evite salvo nuestro propio criterio. También las hay en publicaciones realizadas por editoriales convencionales, aunque los casos son menos habituales.

Otras etiquetas en las que se está poniendo énfasis son “autores indies” y “editoriales independientes”, como si esfuerzos como el tuyo fueran un asalto al sistema o similar. ¿Es un asunto comercial o en realidad los autores autoeditados podrían llegar a formar parte activa de la industria editora?

Hoy te diré que lo veo más bien un tema comercial, mañana quizá responda lo contrario (risas). Y lo pienso así porque la etiqueta “indie” da un toque moderno y genuino. Dentro de una película, disco o libro, como en este caso, firmado por un autor independiente esperas encontrar algo distinto a lo visto hasta el momento, con la libertad que da el no estar sometido a ningún tipo de política editorial. Creo que es bastante complicado que los libros autopublicados sean seria competencia para las grandes editoriales. Mientras tanto, las editoriales independientes hacen lo que buenamente pueden, apostando por la originalidad como clave de su éxito para abrirse un hueco en el mercado.

Hablando de este proceso, la autoedición te ha puesto en contacto con otras fases de la producción libresca, como la maquetación, el diseño de cubiertas o la distribución de las obras. ¿Alguna de ellas te ha sorprendido especialmente hasta el punto de disfrutarla al mismo nivel que la escritura?

Podría decirte que el diseño de cubiertas, por el sencillo motivo de que soy admirador de un gran número de ilustradores, mi vocación frustrada. En mis portadas he contado con el arte de Alfonso Casas y de Javier Rubín Grassa que han realizado grandes trabajos y disfruté mucho siguiendo todo el proceso. Pero nada me llena más que escribir. Editar tu propio libro es un camino bonito, pero en mi caso ha sido por fuerza mayor, aun así he intentado hacerlo de la manera más profesional posible. Por el contrario, la dificultad más grande que he encontrado ha sido la distribución y el trato con algunas librerías que no apuestan por este tipo de publicaciones. Aunque de todo hay que sacar el lado positivo, como haber conocido a muchos libreros con los que contaré seguro para futuros proyectos.

Llegar a las librerías no es sencillo. Llegar a muchas librerías, como en tu caso, más difícil aún. ¿Qué consejos das a los autores y autoras que venden sus novelas a puerta fría? ¿Qué han de cuidar para generar una buena impresión?

No me gusta dar consejos, porque no me creo con la verdad absoluta de nada. Pero explicaré como lo gestioné desde el primer día por si a alguien le sirve de ayuda. Lo primero que hice cuando publiqué “Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café” fue dejar a un lado a mi yo escritor y vestirme con la piel del editor que presenta un producto de una manera fría sin sentimientos de por medio. Las dos primeras librerías que visité me dieron una respuesta negativa a mi pregunta, que siempre era la misma: “Buenos días, mi nombre es Isaac Pachón y vengo a presentaros mi libro para ver si lo podéis tener aquí a la venta”. Sin vergüenza ni dar la sensación de estar mendigando un lugar para tu libro en sus estanterías, pero con educación. Educación y buenos modales al entrar, y educación y agradecimiento al salir, sea cual sea la respuesta, aunque ésta sea un no rotundo. Por otro lado, y por suerte, muchos libreros sí apuestan por este tipo de libros, convirtiéndose así en nuestros primeros padrinos literarios.

Tus libros también pueden encontrarse en Amazon, un terreno fértil para la autoedición. ¿Qué opinión tienes del mundo digital cuando comienzan a oírse voces de que a nivel ventas y difusión tampoco ha sido el revulsivo que la industria del libro esperaba?

Sin números ni estadísticas delante, puedo decirte que a día de hoy el libro digital no es más que otra variedad de lectura, que no es poca cosa. Pero no es competencia seria para el libro en papel, pueden vivir en estas plataformas de una manera paralela y ser fuente de beneficios de igual modo para los mismos sellos editoriales. Hay libros que pueden funcionar muy bien en formato digital y ser otra opción, evitando los costes de imprenta, para el lector. En cambio, hay libros como “Buscando el lado frío de la almohada” que van acompañados de ilustraciones y que son una verdadera pena editar en formato digital, ya que pierden toda su esencia. Este tipo de libros mejor publicarlos solamente en papel.

Y hablando de ebooks, ¿temes a la piratería?

Aunque el tema para las grandes editoriales es algo muy serio, para mí no lo es todavía. Me resulta curioso que alguien quiera descargarse gratis alguno de mis libros, que desde el minuto uno en el que está disponible en la plataforma de venta ya está en varias webs para descarga de libros de manera gratuita. No creo haber perdido muchos beneficios a causa de la piratería, y sí así fuera no me hago mala sangre y espero que los piratas hayan disfrutado de mis historias y que hagan el favor de comprar el próximo.

En la última pregunta quiero preguntarte por tus próximos proyectos. ¿Alguna novedad para este 2018 que me puedas adelantar?

Para este 2018 veo complicado tener publicación nueva, aunque no imposible. Espero en unos meses poder presentar un nuevo libro, una novela muy en la línea de los relatos y de ese juego entre realidad y ficción de mi primer libro. Si será autoeditada o publicada por una editorial tradicional dependerá de varios factores, entre ellos, de la fortuna y de la alineación de los astros. Deséame suerte.

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