El hombre demolido, por Alfred Bester

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La producción de Alfred Bester se acoge al dicho de que el buen perfume se ofrece en frasco pequeño. La producción del autor estadounidense es mínima, comparada con otros escritores de la época, y consistente en dos novelas exitosas, numerosos relatos y cinco obras menores que ni por asomo se acercaron en técnica e ideas a las dos primeras. El hombre demolido es la primera de esa pareja de ases junto con Las estrellas, mi destino. En ambas encontramos filias persistentes en la producción de Bester y un gusto por una ciencia ficción ágil, colorista, emparentada con la space opera.

El hombre demolido es, en esencia, un thriller. Las premisas son un crimen y la acción derivada de este, aunque también habla de los estragos del poder e incluso se atreve en su conclusión a criticar el sistema penal, planteándonos si el castigo es la consecuencia lógica del crimen.

Ben Reich, el protagonista de la obra, es el líder de un cartel comercial que domina medio sistema solar. Su ambición es comparable a la paranoia que le domina cuando su imperio corre peligro. De ahí que se obsesione con su rival, el anciano Craye D’Courtney. Dispuesto a quitarlo de la circulación, Reich conspirará en contra de la competencia, cruzando la línea de la moralidad. La réplica a sus intrigas la ofrece Lincoln Powell, prefecto del departamento policial, un ingenioso investigador que, a su vez, forma parte de la minoría ésper, ciudadanos con habilidades telepáticas. El tira y afloja entre ambos será el motor de dos terceras partes de la novela.

De ahí que, aun caracterizándola como thriller, El hombre demolido también exhiba los procedimientos de la novela detectivesca decimonónica. Reich y Powell vendrían a ser los Moriarty y Holmes del siglo XXV. Los juegos entre ambos, la necesidad de ir a un paso por delante del otro, añaden un nuevo y trepidante ingrediente al conjunto.

Esa habilidad para desbarajustar lo concebido es una de las marcas de Bester. En El hombre demolido ocurre en varias ocasiones, desde el inicio, donde la trama gira en torno a las conspiraciones económicas, hasta el final, donde la psicología de los personajes trabaja por un plan maestro de, hasta cierto punto, corte humanista. Bester demuestra habilidad en estas transiciones, en parte, porque cuenta con un escenario sólido que enmarca sus ideas. Así, puede permitirse trazas de otros géneros o detener la narración con apuntes tecnológicos que solo responden ante su talento especulativo.

El hombre demolido es ciencia ficción, en algunos momentos hasta fantasía, pero en ningún momento abandona el plano terrenal. Su amalgama de intereses corporativos, tecnológicos y humanistas, sumado al curso de colisión que presenta la sociedad del futuro, hacen de esta obra una precursora del género ciberpunk. También la erigen punto de partida de una tradición literaria que desafía a nuestra percepción de la realidad, la misma a la que pertenecen grandes exponentes como Philip K. Dick, con el que Alfred Bester comparte temas e inquietudes.

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