La ficción como contenedor de una auténtica crítica literaria

Mantener un frente lector de más de diez novelas simultáneas implica, de tanto en tanto, alguna que otra grata casualidad.

Hablo de la reciente lectura de la novela de Chris Kraus I love Dick, un artefacto literario que trabaja a distintos niveles, siendo a su vez ficción clásica, obra feminista, novela epistolar y confesión en la línea agustiniana.

Por otra parte, también estoy enfrascado en la lectura de A contrapelo de Joris-Karl Huysmans, una novela caracterizada por los nulos giros de su trama, así como la larga exposición de los gustos estéticos de su protagonista.

crítica literaria en A Contrapelo de Huysmans
Huysmans – Foto por André Taponier

Aquí es donde confluyen ambas lecturas, en la descripción crítica de la obra de terceros, que en el caso de Chris Kraus reúne las opiniones de la autora sobre artistas coetáneos, ya sean en su relación con el feminismo o la cultura judía. Por su parte, Huysmans repasa la historia creativa del mundo desde tiempos clásicos para finalizar en aquellos artistas de su tiempo que mejor reflejan el espíritu finisecular del XIX.

A contrapelo es una obra clave, un eslabón entre la literatura naturalista y el simbolismo. Tiene algo de trampilla, ya que invita a las convenciones realistas y naturalistas de la época a que se sometan a una voluntad cansada de una fórmula obsoleta. Y así, una a una, estas van cayendo sin interés por recuperarlas en un desenlace que cierre los discursos abiertos.

El ejercicio crítico que Huysmans realiza con autores como Baudelaire y pintores como Odilon Redon resulta interesante desde un punto de vista actual. ¿Hasta qué punto es factible una formato similar en la ficción contemporánea?

Chris Kraus
Chris Kraus

Si tenemos en cuenta que, a nivel crítico, el país está es unas horas que, o bien se pueden considerar bajas o consecuencia natural de políticas heredadas, quizá sea el momento en el que la ficción ofrezca refugio al arte, al igual que el best seller lleva años albergando a la divulgación histórica y otras manifestaciones culturales que suelen dar color a sus tramas.

Trasladado a la sociedad de consumo, y en un fantaseo de corte utopista, este mismo gesto podría trasladarse a la televisión, con segundos –pienso que minutos serían inviables– en los que los protagonistas departen sobre sus obras favoritas, ya no solo ensalzándolas por los sentimientos estéticos que generan en sus personas, también evaluándolas críticamente.

En las pocas ocasiones que se realiza, vemos que los personajes de ficción apuntan sus opiniones a obras de autores dentro de la misma ficción, por lo que «todo queda en casa» y el ejercicio se diluye.

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