La verdad (o parte de la verdad) tras los consejos para escritores

Uno de los temas estrellas de este blog son los consejos para escritores que últimamente se prodigan en la red. Tampoco es que sea algo nuevo, pero 2017 vio numerosos ejemplos en alza que, oficialmente, establecen tendencia.

En mi caso, me costó entender el formato de algunos de ellos, en especial los que intercalan la construcción de personajes con consejos gramaticales y ortográficos de enseñanza secundaria. Más tarde, entendí que el grueso de las personas que se plantan ante el ordenador con interés literario no necesariamente trabajan por la literatura. En algunos, muchos casos, sus obras son ejercicios continuistas de una tradición que ya hace tiempo dio sus mejores frutos. Tales autores, si bien pueden desarrollar apasionantes historias, se aproximan peligrosamente al producto libresco, por lo que sus obras requieren de un pulido más orientado a la forma que vende que a aquella que innova.

Otro de los objetivos de una estrategia de consejos para escritores son todas aquellas personas que, a causa de su negocio, se embarcan en la redacción de un libro que, posteriormente, emplean para aumentar las visitas de su sitio web. Entiendo que este sector requiera de cierto empujón ante la página en blanco, la ordenación de ideas y otros tantos consejos que hagan su ebook legible.

Así que, en conclusión, ¿a quién están destinados estos consejos? ¿A los copywriters, a los jovenzuelos que trasladan los guiones de sus partidas de rol al gran formato representado por el libro, o al autor que se plantea trasladar en clave sci-fi la novela Mientras agonizo, de William Faulkner?

Una vez más, la respuesta conduce a Google. Los blogs basados en consejos para escritores trabajan por esa máxima que corre por entre los recién llegados al negocio online: crea un blog. Cada uno de esos textos incluye una serie de palabras clave que, con el paso de los meses, incluso de los años, posicionará la web que las alberga, con suerte y esfuerzo, entre los primeros resultados de nuestro buscador favorito. Es así de simple, si bien existen importantes matices técnicos que podría detallar en futuras entregas de este blog (perpetuando el mismo ejercicio que detecto en otros), la generación de contenido está bien vista por Google. La suma de todas las personas que, como tú, han detenido su ritmo vital para leerse este texto, lanzan un mensaje de relevancia al respecto de esta web. Y que mi sitio aparezca bien alto en las búsquedas genera sobre mis opiniones un halo de importancia que, o bien puede tenerla, o solo es fruto del marketing. El clásico “parece interesante lo que dice, voy a comprar su libro”.

 

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